Nuestras miradas iniciaron un juego,
sólo descrito por la noche,
escrito en el roce de dos chispas
que se ahogaron en el oscuro,
consumiéndose.
Establecimos vínculos de inmortalidad con el silencio,
renunciamos al preludio de las letras,
recuerdo que del juego nació la pirotecnia
que fui a encontrar entre tus piernas.
Emanó un nuevo lenguaje de tu espasmo
sin gramática, ni acento, ni palabra,
contenido sólo en el naufragio
de una cálida e íntima mirada.
Lenguaje de luz apuñalada,
atravezada por su propia gracia,
detenida al punto del contacto
el lenguaje conoció tu piel blanca.
Se rompieron fibras íntimas,
gritaron todos nuestros poros,
desgarrados hasta la poesía
nos ahogamos en los himnos del sexo.
Levanto hoy un nuevo estilo,
me esgrimo contra toda ausencia,
la necesidad es admitir que se carece,
el desear es la forma de sentir presencia.
Gerardo Cielorraso
lunes, 30 de agosto de 2010
domingo, 29 de agosto de 2010
Llanto de los Gatos.
"Las palabras no hacen el amor, hacen la ausencia"
-Alejandra Pizarnik -
Intento escribir un poema donde quepa tu sonrisa,
un verso preciso que describa tu mirada,
le busco lugar a tus ojos en las letras,
y hago una réplica de ti entre el lenguaje;
debo confesar que olvidé mis sílabas en tu cama,
y en tus mejillas derrame mis vocales.
Abierto hasta las venas,
expuesto al mundo como un aerolito incendiado,
me arrancas el vuelo todo el tiempo con tus ecos,
de la mancha de tus versos son mis alas;
incinerado por la combustión de tu ausencia,
soy el poeta en llamas,
azotado por los relámpagos de tus caricias,
víctima de todas las distancias,
rasgo los kilómetros en mi garganta
ahogada de tantos paroxismo
que he de expulsar en gritos de tinta.
Debo organizar tus tactos en palabras,
darle a tus espasmos forma tibia de poesía,
¿dibujan las letras tu fuego?
¿Cabes acaso en la fonética?
Materialidad insospechada, la poesía es una ausencia,
escribo porque sé que estás perdida
te extraviaste en el bosque de mi mente
habitada por corolarios e implicaciones de queroseno,
te recubriste en el barro del recuerdo,
eres ahora imagen de tu imagen, más preciosa
que todas tus imágenes y te muestras ocultándote
en un par de notas al aire, en un par de palabras desgastadas,
confieso que no cabes donde te escribo
no entras donde sales a modo de locución,
eres inenunciable, fracaso de todo discurso,
la poesía no te contiene, poetisa.
Contemplo desde lejos el cuadro de tu forma,
escribo porque mis yemas te ensayan en caligrafía,
tontas, no pueden hacerte ni de nube, ni de polvo,
forzándose a recordar tus secretos manantiales,
de donde provienen todos mis intentos de poesía.
Alzas frente a mí, el muro más inescrutable
el del poema, debo trasgredirlo y romper la círculo del predicado:
te presentarás entonces como eres,
infinita
juego de tus niñas con frío,
soltarás contra mí un feroz ejército felino
que me deshará en nombre de todas tus caricias,
oscuro como la tumba donde yacen las letras
moriré ahogado en mi propia lírica,
en el mar tempestuoso de tus representaciones
donde no te presentas, y no apareces vestida de ceniza.
A mis significados, donde te busco
impones tus presencias, impones tu figura
absoluta, indescriptible,
estoy forzado a romper el ciclo del logos,
romper la estructura del discurso,
desangrarme para buscarte entre mis venas,
hundida en mi carne, hasta los huesos,
debo traerte a la luz de lo decible.
Tu paradoja será insostenible por el mundo,
la hermeneútica no te contendrá,
madre de todos los símbolos,
nunca podrías ser un Golem, jamás un enunciado,
Tu aroma enloquece a la sintaxsis,
El ser copulativo queda abosrto,
suspendido y revela sus rostros oscuros,
que son las manchas sobre tu mejilla
los lunares en tu espalda.
Si pronuncio tu nombre y no apareces,
si te escribo porque te ausentas,
si estás donde te difuminas
saliendo en la forma de las letras,
si las tintas que te imitan
se traicionan en su propio trazo,
si las palabras que te evocan
se incendian ante su significado,
estoy perdido,
esto más que un poema, es un epitafio.
Gerardo Cielorraso
-Alejandra Pizarnik -
Intento escribir un poema donde quepa tu sonrisa,
un verso preciso que describa tu mirada,
le busco lugar a tus ojos en las letras,
y hago una réplica de ti entre el lenguaje;
debo confesar que olvidé mis sílabas en tu cama,
y en tus mejillas derrame mis vocales.
Abierto hasta las venas,
expuesto al mundo como un aerolito incendiado,
me arrancas el vuelo todo el tiempo con tus ecos,
de la mancha de tus versos son mis alas;
incinerado por la combustión de tu ausencia,
soy el poeta en llamas,
azotado por los relámpagos de tus caricias,
víctima de todas las distancias,
rasgo los kilómetros en mi garganta
ahogada de tantos paroxismo
que he de expulsar en gritos de tinta.
Debo organizar tus tactos en palabras,
darle a tus espasmos forma tibia de poesía,
¿dibujan las letras tu fuego?
¿Cabes acaso en la fonética?
Materialidad insospechada, la poesía es una ausencia,
escribo porque sé que estás perdida
te extraviaste en el bosque de mi mente
habitada por corolarios e implicaciones de queroseno,
te recubriste en el barro del recuerdo,
eres ahora imagen de tu imagen, más preciosa
que todas tus imágenes y te muestras ocultándote
en un par de notas al aire, en un par de palabras desgastadas,
confieso que no cabes donde te escribo
no entras donde sales a modo de locución,
eres inenunciable, fracaso de todo discurso,
la poesía no te contiene, poetisa.
Contemplo desde lejos el cuadro de tu forma,
escribo porque mis yemas te ensayan en caligrafía,
tontas, no pueden hacerte ni de nube, ni de polvo,
forzándose a recordar tus secretos manantiales,
de donde provienen todos mis intentos de poesía.
Alzas frente a mí, el muro más inescrutable
el del poema, debo trasgredirlo y romper la círculo del predicado:
te presentarás entonces como eres,
infinita
juego de tus niñas con frío,
soltarás contra mí un feroz ejército felino
que me deshará en nombre de todas tus caricias,
oscuro como la tumba donde yacen las letras
moriré ahogado en mi propia lírica,
en el mar tempestuoso de tus representaciones
donde no te presentas, y no apareces vestida de ceniza.
A mis significados, donde te busco
impones tus presencias, impones tu figura
absoluta, indescriptible,
estoy forzado a romper el ciclo del logos,
romper la estructura del discurso,
desangrarme para buscarte entre mis venas,
hundida en mi carne, hasta los huesos,
debo traerte a la luz de lo decible.
Tu paradoja será insostenible por el mundo,
la hermeneútica no te contendrá,
madre de todos los símbolos,
nunca podrías ser un Golem, jamás un enunciado,
Tu aroma enloquece a la sintaxsis,
El ser copulativo queda abosrto,
suspendido y revela sus rostros oscuros,
que son las manchas sobre tu mejilla
los lunares en tu espalda.
Si pronuncio tu nombre y no apareces,
si te escribo porque te ausentas,
si estás donde te difuminas
saliendo en la forma de las letras,
si las tintas que te imitan
se traicionan en su propio trazo,
si las palabras que te evocan
se incendian ante su significado,
estoy perdido,
esto más que un poema, es un epitafio.
Gerardo Cielorraso
sábado, 28 de agosto de 2010
Que sólo lo sepan los grillos
Que sólo lo sepan los grillos,
son lo únicos que entienden tu ritmo esta noche en que te invento,
con los ojos posados en el atardecer,
me quedé ciego de tu mirada
que ocultaste secretamente detrás de mis párpados.
Hablabas de poesía de bar y prostitutas
y perversiones que tus ojos no sostenían.
Y saben los grillos que tus ojos eran ya poesía,
innecesaria tu lectura, toda la literatura
le traes manchada en las mejillas,
y sin embargo leías como quien se come la noche
y aún tiene alma epidérmica temerosa como niña.
Que sólo lo sepan los grillos,
que cantan esta noche con tu ausencia,
saben esos sabios seres que
hay un silencio detrás de tu poesía,
silencio que huele a café tostado
y leche materna de felino,
que tus letras las compone la selva de tu pelo
y escribes no desde una mesa
sino desde una bolsa de Palermo.
Saben los grillos también el nombre de tu musa,
el sabor del helado que te dieron un día después
y tu afición a las cosas insignificantes de la moda.
Esos grillos curiosos saben la geografía de tu cuerpo,
del lunar secreto de tus lunas de baño,
los grillos curiosos saben de toda tu ternura,
debajo de tu piel de felina, ellos saben que escondiste tus muñecas,
saben que eres más hermosa que las lluvias de invierno,
saben de tu frío y te cobijan con sus patitas,
los grillos cantan esta noche tus canciones de Sabina,
tus himnos inventados al delirio,
los reclamos a Freud y tu afición a los abrazos.
Que sólo sepan los grillos tu primer nombre,
por qué odias Francia, por qué amas Frida
y sonríes todo el tiempo pensando en ti misma.
Mujer los grillos de mis ojos están cansados
de saberte tanto y no hallarte,
para dedicarte la serenata de mis lágrimas,
estos grillos melancólicos,
que ansían los secretos de tu nuca,
y tus pláticas interminables de madrugada.
Que sólo lo sepan los grillos y los demás, no sepan nada.
Gerardo Cielorraso.
son lo únicos que entienden tu ritmo esta noche en que te invento,
con los ojos posados en el atardecer,
me quedé ciego de tu mirada
que ocultaste secretamente detrás de mis párpados.
Hablabas de poesía de bar y prostitutas
y perversiones que tus ojos no sostenían.
Y saben los grillos que tus ojos eran ya poesía,
innecesaria tu lectura, toda la literatura
le traes manchada en las mejillas,
y sin embargo leías como quien se come la noche
y aún tiene alma epidérmica temerosa como niña.
Que sólo lo sepan los grillos,
que cantan esta noche con tu ausencia,
saben esos sabios seres que
hay un silencio detrás de tu poesía,
silencio que huele a café tostado
y leche materna de felino,
que tus letras las compone la selva de tu pelo
y escribes no desde una mesa
sino desde una bolsa de Palermo.
Saben los grillos también el nombre de tu musa,
el sabor del helado que te dieron un día después
y tu afición a las cosas insignificantes de la moda.
Esos grillos curiosos saben la geografía de tu cuerpo,
del lunar secreto de tus lunas de baño,
los grillos curiosos saben de toda tu ternura,
debajo de tu piel de felina, ellos saben que escondiste tus muñecas,
saben que eres más hermosa que las lluvias de invierno,
saben de tu frío y te cobijan con sus patitas,
los grillos cantan esta noche tus canciones de Sabina,
tus himnos inventados al delirio,
los reclamos a Freud y tu afición a los abrazos.
Que sólo sepan los grillos tu primer nombre,
por qué odias Francia, por qué amas Frida
y sonríes todo el tiempo pensando en ti misma.
Mujer los grillos de mis ojos están cansados
de saberte tanto y no hallarte,
para dedicarte la serenata de mis lágrimas,
estos grillos melancólicos,
que ansían los secretos de tu nuca,
y tus pláticas interminables de madrugada.
Que sólo lo sepan los grillos y los demás, no sepan nada.
Gerardo Cielorraso.
SEMANA DE ANTONIO MACHADO
Never more
¡Amarga primavera!
¡Amarga luz a mi rincón oscuro!
Tras la cortina de mi alcoba, espera
la clara tarde bajo el cielo puro.
En el silencio turbio de mi espejo
miro, en la risa de mi ajuar ya viejo,
la grotesca ilusión. Y del lejano
jardín escucho un sollozar riente:
trémula voz del agua que borbota
alegre de la gárgola en la fuente,
entre verdes evónimos ignota.
Rápida silba, en el azur ingrave,
tras de la tenue gasa,
si oscura banda, en leve sombra suave,
de golondrinas pasa.
Lejos miente otra fiesta el campanario,
tañe el bronce de luz en el misterio,
y hay más allá un plañido solitario
cual nota de recóndito salterio.
¡Salmodías de abril, música breve,
sibilación escrita
en el silencio de cien mares: leve
aura de ayer que túnicas agita!
¡Espíritu de ayer!, ¡sombra velada,
que prometes tu lecho hospitalario
en la tarde que espera luminosa!.
¡fugitiva sandalia arrebatada,
tenue, bajo la túnica de rosa!
* * *
¡Fiesta de abril que al corazón esconde
amargo pasto, la campana tañe!...
¡Fiesta de abril!. ..Y el eco le responde
un nunca más, que dolorido plañe.
Tarde vieja en el alma y virgen: miente
el agua de tu gárgola riente,
la fiesta de tus bronces de alegría;
que en el silencio turbio de mi espejo
ríe, en mi ajuar ya viejo,
la grotesca ilusión. Lejana y fría
sombra talar, en el abril de ocaso
tu doble vuelo siento
fugitivo, y el paso
de tu sandalia equívoca en el viento.
¡Amarga primavera!
¡Amarga luz a mi rincón oscuro!
Tras la cortina de mi alcoba, espera
la clara tarde bajo el cielo puro.
En el silencio turbio de mi espejo
miro, en la risa de mi ajuar ya viejo,
la grotesca ilusión. Y del lejano
jardín escucho un sollozar riente:
trémula voz del agua que borbota
alegre de la gárgola en la fuente,
entre verdes evónimos ignota.
Rápida silba, en el azur ingrave,
tras de la tenue gasa,
si oscura banda, en leve sombra suave,
de golondrinas pasa.
Lejos miente otra fiesta el campanario,
tañe el bronce de luz en el misterio,
y hay más allá un plañido solitario
cual nota de recóndito salterio.
¡Salmodías de abril, música breve,
sibilación escrita
en el silencio de cien mares: leve
aura de ayer que túnicas agita!
¡Espíritu de ayer!, ¡sombra velada,
que prometes tu lecho hospitalario
en la tarde que espera luminosa!.
¡fugitiva sandalia arrebatada,
tenue, bajo la túnica de rosa!
* * *
¡Fiesta de abril que al corazón esconde
amargo pasto, la campana tañe!...
¡Fiesta de abril!. ..Y el eco le responde
un nunca más, que dolorido plañe.
Tarde vieja en el alma y virgen: miente
el agua de tu gárgola riente,
la fiesta de tus bronces de alegría;
que en el silencio turbio de mi espejo
ríe, en mi ajuar ya viejo,
la grotesca ilusión. Lejana y fría
sombra talar, en el abril de ocaso
tu doble vuelo siento
fugitivo, y el paso
de tu sandalia equívoca en el viento.
SEMANA DE ANTONIO MACHADO
Melancolía
Tarde tranquila, casi
con placidez de alma,
para ser joven, para haberlo sido
cuando Dios quiso, para
tener algunas alegrías...lejos,
y poder dulcemente recordarlas.
Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y recordando digo:
-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
Tarde tranquila, casi
con placidez de alma,
para ser joven, para haberlo sido
cuando Dios quiso, para
tener algunas alegrías...lejos,
y poder dulcemente recordarlas.
Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y recordando digo:
-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
miércoles, 25 de agosto de 2010
SEMANA DE ANTONIO MACHADO
Huye del triste amor, amor pacato...
Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.
Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.
Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que pedía, sin flor, fruto en la rama.
Con negra llave el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!
Huye del triste amor, amor pacato,
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.
Ese que el pecho esquiva al niño ciego
y blasfemó del fuego de la vida,
de una brasa pensada, y no encendida,
quiere ceniza que le guarde el fuego.
Y ceniza hallará, no de su llama,
cuando descubra el torpe desvarío
que pedía, sin flor, fruto en la rama.
Con negra llave el aposento frío
de su tiempo abrirá. ¡Despierta cama,
y turbio espejo y corazón vacío!
martes, 24 de agosto de 2010
SEMANA DE ANTONIO MACHADO
Del camino
Preludio
Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del órgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.
Madurarán su aroma las pomas otoñales,
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.
Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razón de mi rezar
levantará su vuelo suave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.
* * * * *
Daba el reloj las doce... y eran doce...
Daba el reloj las doce... y eran doce
golpes de azada en tierra...
...¡Mi hora! -grité-... El silencio
me respondió: -No temas;
tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla.
Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja,
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera.
* * * * *
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño...
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño
laberínticos, sendas tortuosas,
parques en flor y en sombra y en silencio;
criptas hondas, escalas sobre estrellas;
retablos de esperanzas y recuerdos.
Figurillas que pasan y sonríen
-juguetes melancólicos de viejo-;
imágenes amigas,
a la vuelta florida del sendero,
y quimeras rosadas
que hacen camino... lejos...
* * * * *
En la desnuda tierra del camino...
En la desnuda tierra del camino
la hora florida brota,
espino solitario,
del valle humilde en la revuelta umbrosa.
El salmo verdadero
de tenue voz hoy torna
al corazón, y al labio,
la palabra quebrada y temblorosa.
Mis viejos mares duermen; se apagaron
sus espumas sonoras
sobre la playa estéril. La tormenta
camina lejos en la nube torva.
Vuelve la paz al cielo;
la brisa tutelar esparce aromas
otra vez sobre el campo, y aparece,
en la bendita soledad, tu sombra.
* * * * *
El sol es un globo de fuego...
El sol es un globo de fuego,
la luna es disco morado.
Una blanca paloma se posa
en el alto ciprés centenario.
Los cuadros de mirtos parecen
de marchito velludo empolvado.
¡El jardín y la tarde tranquila!...
Suena el agua en la fuente de mármol.
* * * * *
¡Tenue rumor de túnicas que pasan...
¡Tenue rumor de túnicas que pasan
sobre la infértil tierra!...
¡Y lágrimas sonoras
de las campanas viejas!
Las ascuas mortecinas
del horizonte humean...
Blancos fantasmas lares
van encendiendo estrellas.
-Abre el balcón. La hora
de una ilusión se acerca...
La tarde se ha dormido
y las campanas sueñan.
* * * * *
¡Oh, figuras del atrio, más humildes...
¡Oh, figuras del atrio, más humildes
cada día y lejanas:
mendigos harapientos
sobre marmóreas gradas;
miserables ungidos
de eternidades santas,
manos que surgen de los mantos viejos
y de las rotas capas!
¿Pasó por vuestro lado
una ilusión velada,
de la mañana luminosa y fría
en las horas más plácidas?...
Sobre la negra túnica, su mano
era una rosa blanca...
* * * * *
La tarde todavía...
La tarde todavía
dará incienso de oro a tu plegaria,
y quizás el cenit de un nuevo día
amenguará tu sombra solitaria.
Mas no es tu fiesta el Ultramar lejano,
sino la ermita junto al manso río;
no tu sandalia el soñoliento llano
pisará, ni la arena del hastío.
Muy cerca está, romero,
la tierra verde y santa y florecida
de tus sueños; muy cerca, peregrino
que desdeñas la sombra del sendero
y el agua del mesón en tu camino.
* * * * *
Crear fiestas de amores...
Crear fiestas de amores
en nuestro amor pensamos,
quemar nuevos aromas
en montes no pisados,
y guardar el secreto
de nuestros rostros pálidos,
porque en las bacanales de la vida
vacías nuestras copas conservamos,
mientras con eco de cristal y espuma
ríen los zumos de la vid dorados.
..........................................
Un pájaro escondido entre las ramas
del parque solitario,
silba burlón...
Nosotros exprimimos
la penumbra de un sueño en nuestro vaso...
Y algo, que es tierra en nuestra carne, siente
la humedad del jardín como un halago.
* * * * *
Arde en tus ojos un misterio, virgen...
Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.
No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aljaba negra.
Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
-¿Eres la sed o el agua en mi camino?
Dime, virgen esquiva y compañera.
* * * * *
Algunos lienzos del recuerdo tienen...
Algunos lienzos del recuerdo tienen
luz de jardín y soledad de campo;
la placidez del sueño
en el paisaje familiar soñado.
Otros guardan las fiestas
de días aun lejanos;
figurillas sutiles
que pone un titirero en su retablo...
.......................................................
Ante el balcón florido,
está la cita de un amor amargo.
Brilla la tarde en el resol bermejo...
La hiedra efunde de los muros blancos...
A la revuelta de una calle en sombra
un fantasma irrisorio besa un nardo.
* * * * *
Crece en la plaza en sombra...
Crece en la plaza en sombra
el musgo, y en la piedra vieja y santa
de la iglesia. En el atrio hay un mendigo...
Más vieja que la iglesia tiene el alma.
Sube muy lento, en las mañanas frías,
por la marmórea grada,
hasta un rincón de piedra... Allí aparece
su mano seca entre la rota capa.
Con las órbitas huecas de sus ojos
ha visto cómo pasan
las blancas sombras, en los claros días,
las blancas sombras de las horas santas.
* * * * *
Las ascuas de un crepúsculo morado...
Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.
* * * * *
¿Mi amor? ..¿Recuerdas, dime...
¿Mi amor? ..¿Recuerdas, dime,
aquellos juncos tiernos,
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?...
¿Recuerdas la amapola
que calcinó el verano,
la amapola marchita,
negro crespón del campo?
¿Te acuerdas del sol yerto
y humilde, en la mañana,
que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?...
* * * * *
Me dijo un alba de la primavera...
Me dijo un alba de la primavera:
Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino.
Tu corazón de sombra ¿acaso guarda
el viejo aroma de mis viejos lirios?
¿Perfuman aún mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino?
Respondí a la mañana:
Sólo tienen cristal los sueños míos.
Yo no conozco el hada de mis sueños;
no sé si está mi corazón florido.
Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino,
quizás el hada te dará tus rosas,
mi corazón tus lirios.
* * * * *
Al borde del sendero un día nos sentamos...
Al borde del sendero un día nos sentamos.
Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita
son las desesperantes posturas que tomamos
para aguardar... Mas Ella no faltará a la cita.
* * * * *
Es una forma juvenil que un día...
Es una forma juvenil que un día
a nuestra casa llega.
Nosotros le decimos: ¿por qué tornas
a la morada vieja?
Ella abre la ventana, y todo el campo
en luz y aroma entra.
En el blanco sendero,
los troncos de los árboles negrean;
las hojas de sus copas
son humo verde que a lo lejos sueña.
Parece una laguna -
el ancho río entre la blanca niebla
de la mañana. Por los montes cárdenos
camina otra quimera.
* * * * *
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja...
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
que me traes el retablo de mis sueños
siempre desierto y desolado, y sólo
con mi fantasma dentro,
mi pobre sombra triste
sobre la estepa y bajo el sol de fuego,
o soñando amarguras
en las voces de todos los misterios,
dime, si sabes, vieja amada, dime
si son mías las lágrimas que vierto!
Me respondió la noche:
Jamás me revelaste tu secreto.
Yo nunca supe, amado,
si eras tú ese fantasma de tu sueño,
ni averigüé si era su voz o la tuya,
o era la voz de un histrión grotesco.
Dije a la noche: Amada mentirosa,
tú sabes mi secreto;
tú has visto la honda gruta
donde fabrica su cristal mi sueño,
y sabes que mis lágrimas son mías,
y sabes mi dolor, mi dolor viejo.
¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado,
yo no sé tu secreto,
aunque he visto vagar ese, que dices
desolado fantasma, por tu sueño.
Yo me asomo a las almas cuando lloran
y escucho su hondo rezo,
humilde y solitario,
ese que llamas salmo verdadero;
pero en las hondas bóvedas del alma,
no sé si el llanto es una voz o un eco.
Para escuchar tu queja de tus labios,
yo te busqué en tu sueño,
y allí te vi vagando en un borroso
laberinto de espejos.
Preludio
Mientras la sombra pasa de un santo amor, hoy quiero
poner un dulce salmo sobre mi viejo atril.
Acordaré las notas del órgano severo
al suspirar fragante del pífano de abril.
Madurarán su aroma las pomas otoñales,
la mirra y el incienso salmodiarán su olor;
exhalarán su fresco perfume los rosales,
bajo la paz en sombra del tibio huerto en flor.
Al grave acorde lento de música y aroma,
la sola y vieja y noble razón de mi rezar
levantará su vuelo suave de paloma,
y la palabra blanca se elevará al altar.
* * * * *
Daba el reloj las doce... y eran doce...
Daba el reloj las doce... y eran doce
golpes de azada en tierra...
...¡Mi hora! -grité-... El silencio
me respondió: -No temas;
tú no verás caer la última gota
que en la clepsidra tiembla.
Dormirás muchas horas todavía
sobre la orilla vieja,
y encontrarás una mañana pura
amarrada tu barca a otra ribera.
* * * * *
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño...
Sobre la tierra amarga, caminos tiene el sueño
laberínticos, sendas tortuosas,
parques en flor y en sombra y en silencio;
criptas hondas, escalas sobre estrellas;
retablos de esperanzas y recuerdos.
Figurillas que pasan y sonríen
-juguetes melancólicos de viejo-;
imágenes amigas,
a la vuelta florida del sendero,
y quimeras rosadas
que hacen camino... lejos...
* * * * *
En la desnuda tierra del camino...
En la desnuda tierra del camino
la hora florida brota,
espino solitario,
del valle humilde en la revuelta umbrosa.
El salmo verdadero
de tenue voz hoy torna
al corazón, y al labio,
la palabra quebrada y temblorosa.
Mis viejos mares duermen; se apagaron
sus espumas sonoras
sobre la playa estéril. La tormenta
camina lejos en la nube torva.
Vuelve la paz al cielo;
la brisa tutelar esparce aromas
otra vez sobre el campo, y aparece,
en la bendita soledad, tu sombra.
* * * * *
El sol es un globo de fuego...
El sol es un globo de fuego,
la luna es disco morado.
Una blanca paloma se posa
en el alto ciprés centenario.
Los cuadros de mirtos parecen
de marchito velludo empolvado.
¡El jardín y la tarde tranquila!...
Suena el agua en la fuente de mármol.
* * * * *
¡Tenue rumor de túnicas que pasan...
¡Tenue rumor de túnicas que pasan
sobre la infértil tierra!...
¡Y lágrimas sonoras
de las campanas viejas!
Las ascuas mortecinas
del horizonte humean...
Blancos fantasmas lares
van encendiendo estrellas.
-Abre el balcón. La hora
de una ilusión se acerca...
La tarde se ha dormido
y las campanas sueñan.
* * * * *
¡Oh, figuras del atrio, más humildes...
¡Oh, figuras del atrio, más humildes
cada día y lejanas:
mendigos harapientos
sobre marmóreas gradas;
miserables ungidos
de eternidades santas,
manos que surgen de los mantos viejos
y de las rotas capas!
¿Pasó por vuestro lado
una ilusión velada,
de la mañana luminosa y fría
en las horas más plácidas?...
Sobre la negra túnica, su mano
era una rosa blanca...
* * * * *
La tarde todavía...
La tarde todavía
dará incienso de oro a tu plegaria,
y quizás el cenit de un nuevo día
amenguará tu sombra solitaria.
Mas no es tu fiesta el Ultramar lejano,
sino la ermita junto al manso río;
no tu sandalia el soñoliento llano
pisará, ni la arena del hastío.
Muy cerca está, romero,
la tierra verde y santa y florecida
de tus sueños; muy cerca, peregrino
que desdeñas la sombra del sendero
y el agua del mesón en tu camino.
* * * * *
Crear fiestas de amores...
Crear fiestas de amores
en nuestro amor pensamos,
quemar nuevos aromas
en montes no pisados,
y guardar el secreto
de nuestros rostros pálidos,
porque en las bacanales de la vida
vacías nuestras copas conservamos,
mientras con eco de cristal y espuma
ríen los zumos de la vid dorados.
..........................................
Un pájaro escondido entre las ramas
del parque solitario,
silba burlón...
Nosotros exprimimos
la penumbra de un sueño en nuestro vaso...
Y algo, que es tierra en nuestra carne, siente
la humedad del jardín como un halago.
* * * * *
Arde en tus ojos un misterio, virgen...
Arde en tus ojos un misterio, virgen
esquiva y compañera.
No sé si es odio o es amor la lumbre
inagotable de tu aljaba negra.
Conmigo irás mientras proyecte sombra
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.
-¿Eres la sed o el agua en mi camino?
Dime, virgen esquiva y compañera.
* * * * *
Algunos lienzos del recuerdo tienen...
Algunos lienzos del recuerdo tienen
luz de jardín y soledad de campo;
la placidez del sueño
en el paisaje familiar soñado.
Otros guardan las fiestas
de días aun lejanos;
figurillas sutiles
que pone un titirero en su retablo...
.......................................................
Ante el balcón florido,
está la cita de un amor amargo.
Brilla la tarde en el resol bermejo...
La hiedra efunde de los muros blancos...
A la revuelta de una calle en sombra
un fantasma irrisorio besa un nardo.
* * * * *
Crece en la plaza en sombra...
Crece en la plaza en sombra
el musgo, y en la piedra vieja y santa
de la iglesia. En el atrio hay un mendigo...
Más vieja que la iglesia tiene el alma.
Sube muy lento, en las mañanas frías,
por la marmórea grada,
hasta un rincón de piedra... Allí aparece
su mano seca entre la rota capa.
Con las órbitas huecas de sus ojos
ha visto cómo pasan
las blancas sombras, en los claros días,
las blancas sombras de las horas santas.
* * * * *
Las ascuas de un crepúsculo morado...
Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.
* * * * *
¿Mi amor? ..¿Recuerdas, dime...
¿Mi amor? ..¿Recuerdas, dime,
aquellos juncos tiernos,
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?...
¿Recuerdas la amapola
que calcinó el verano,
la amapola marchita,
negro crespón del campo?
¿Te acuerdas del sol yerto
y humilde, en la mañana,
que brilla y tiembla roto
sobre una fuente helada?...
* * * * *
Me dijo un alba de la primavera...
Me dijo un alba de la primavera:
Yo florecí en tu corazón sombrío
ha muchos años, caminante viejo
que no cortas las flores del camino.
Tu corazón de sombra ¿acaso guarda
el viejo aroma de mis viejos lirios?
¿Perfuman aún mis rosas la alba frente
del hada de tu sueño adamantino?
Respondí a la mañana:
Sólo tienen cristal los sueños míos.
Yo no conozco el hada de mis sueños;
no sé si está mi corazón florido.
Pero si aguardas la mañana pura
que ha de romper el vaso cristalino,
quizás el hada te dará tus rosas,
mi corazón tus lirios.
* * * * *
Al borde del sendero un día nos sentamos...
Al borde del sendero un día nos sentamos.
Ya nuestra vida es tiempo, y nuestra sola cuita
son las desesperantes posturas que tomamos
para aguardar... Mas Ella no faltará a la cita.
* * * * *
Es una forma juvenil que un día...
Es una forma juvenil que un día
a nuestra casa llega.
Nosotros le decimos: ¿por qué tornas
a la morada vieja?
Ella abre la ventana, y todo el campo
en luz y aroma entra.
En el blanco sendero,
los troncos de los árboles negrean;
las hojas de sus copas
son humo verde que a lo lejos sueña.
Parece una laguna -
el ancho río entre la blanca niebla
de la mañana. Por los montes cárdenos
camina otra quimera.
* * * * *
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja...
¡Oh, dime, noche amiga, amada vieja,
que me traes el retablo de mis sueños
siempre desierto y desolado, y sólo
con mi fantasma dentro,
mi pobre sombra triste
sobre la estepa y bajo el sol de fuego,
o soñando amarguras
en las voces de todos los misterios,
dime, si sabes, vieja amada, dime
si son mías las lágrimas que vierto!
Me respondió la noche:
Jamás me revelaste tu secreto.
Yo nunca supe, amado,
si eras tú ese fantasma de tu sueño,
ni averigüé si era su voz o la tuya,
o era la voz de un histrión grotesco.
Dije a la noche: Amada mentirosa,
tú sabes mi secreto;
tú has visto la honda gruta
donde fabrica su cristal mi sueño,
y sabes que mis lágrimas son mías,
y sabes mi dolor, mi dolor viejo.
¡Oh! Yo no sé, dijo la noche, amado,
yo no sé tu secreto,
aunque he visto vagar ese, que dices
desolado fantasma, por tu sueño.
Yo me asomo a las almas cuando lloran
y escucho su hondo rezo,
humilde y solitario,
ese que llamas salmo verdadero;
pero en las hondas bóvedas del alma,
no sé si el llanto es una voz o un eco.
Para escuchar tu queja de tus labios,
yo te busqué en tu sueño,
y allí te vi vagando en un borroso
laberinto de espejos.
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