Refutación de ciertas tonterías venidas del norte
Parece que se viene dando desde hace un tiempo, particularmente en los Estados Unidos, una embestida contra la filosofía, es decir, contra el pensamiento crítico y problematizador. Cientificistas y religiosos arremeten contra los filósofos desde flancos distintos pero aliados bajo un mismo supuesto: la filosofía destruye certezas y convicciones, y esta destrucción es la causa del nihilismo y los desórdenes morales y hasta mentales de nuestra época. Los religiosos culpan a la filosofía de la pérdida de la fe, y los cientificistas dicen que la filosofía está muerta o bien perdida en una retórica irracional e inútil (o que ellos simplemente no entienden), y creen que la ciencia (particularmente la física) ha resuelto todas las cuestiones filosóficas, por ende, la Física (la ciencia) es la única filosofía válida y verdadera de nuestra época. Resultan claras las intenciones conservadoras y autoritarias de estas posturas y el propósito de restablecer aquel “hombre unidimensional” que Herbert Marcuse denunció hace más de 50 años. Se nos quiere hacer creer que existe un modo único de pensar y de vivir (expectativa típicamente gringa), que los cuestionamientos radicales son dañinos para la sociedad y que si la filosofía no ha muerto de abandono, indiferencia o desprecio habría que darle la estocada final: hacerla desaparecer del panorama educativo y cultural del mundo actual; asesinarla, pues. Esto no es nuevo en la historia. Los nazis pensaban de modo parecido, igual los medievales. Es el nuevo totalitarismo de nuestro tiempo: mediático e ideológico. Pero como todo discurso ideológico estas posiciones no se sostienen sino en falacias, una muy típica: caricaturizar al supuesto “enemigo”, dar una imagen falsa o desdibujada de él: ¿cuándo y dónde ha habido un filósofo que castigue a sus alumnos por no aceptar que “Dios ha muerto”?(ése, simplemente, no es un filósofo). A la vez, ¿quién ha dicho jamás que la función de la filosofía sea encontrar los componentes últimos del universo? Quizá algún presocrático balbuciente… Los físicos y los científicos pueden creer que su saber es absoluto, que hace innecesaria a la filosofía, y que en realidad son ellos y no los filósofos quienes merecen el título de sabios. Pero su postura es pura vanidad y dogmatismo banal. Habría una razón filosófica simple contra el cientificismo: la ciencia es una realidad histórica; de la misma manera que la ciencia de hoy cuestiona y supera a la ciencia de ayer, es de esperarse que la ciencia de mañana cuestione y supere a la ciencia de hoy. Esto no vuelve al saber científico enteramente relativo pero sí prohíbe absolutizarlo. Por otra parte, la filosofía tiene una larga historia y una larga lista de temas y cuestiones: la de la consistencia del mundo natural ha sido sólo una de ellas, como también lo ha sido la de Dios. Hay infinidad de cuestiones filosóficas: la naturaleza de la verdad, la consistencia de los entes matemáticos, la realidad del significado, la consistencia de la conciencia, el sentido del bien, la realidad del mal, el acceso a las mentes ajenas, la intersubjetividad, las ideas de justicia, libertad, solidaridad, humanidad, etc., que no se ve cómo las puede responder un físico o cómo la creencia en Dios podría acallarlas. Nunca fue la Naturaleza el asunto de la filosofía sino el Ser (“naturaleza”, ‘physis’, era un nombre para el Ser, no era “eso” a lo que los científicos llaman “naturaleza”: la materialidad física). Y el filósofo cuestiona ante todo por el sentido de “Dios”, no sobre su existencia o no existencia. “Dios ha muerto”, la frase de Nietzsche, tenía un sentido irónico y provocador. No era una acta de defunción (es decir, Nietzsche no quería decir que él había visto morir a Dios y por ende podía dar fe de su muerte; quería decir que el pensamiento metafísico-teológico había llegado a su fin). No son los filósofos quienes han minado las creencias religiosas sino las propias iglesias, los propios dirigentes religiosos. No son los filósofos los culpables de que los físicos no sean atendidos y considerados los únicos sabios. Pero la treta es simple y ya conocida: para encubrir el fracaso propio y hacer valer su interés a como dé lugar hay que gritar: “¡la culpa es de los judíos!”. O la más antigua: “¡la culpa es de Sócrates!”.
Es una cuestión de principio lo que aquí está en juego. Aunque Dios existiera, y aunque lo que nos enseña la Física fuera irrebatible y absoluto, el filósofo todavía, y siempre, podría seguir preguntando ¿Y por qué y para qué existimos? ¿Por qué y para qué existe Dios? ¿Por qué y para qué existe la Naturaleza, Todo? Cientificistas y religiosos sólo tienen una respuesta: ¡cállense de estar haciendo esas preguntas! ¡Dejen de tocarse ahí!
El filósofo no defiende el derecho a sostener ninguna verdad (no hay "verdades" filosóficas), sólo defiende el derecho a pensar sin condiciones y sin límites, es decir, el derecho a pensar libremente. Por muchas razones, pero sobre todo por una de carácter práctico, moralmente incuestionable: el pensamiento libre -la libertad en general- no hace daño y nunca ha hecho daño a nada ni a nadie. No hay nada más injusto e indigno que aceptar condicionantes, limitaciones, reprimendas o directa represión a lo que es sólo acción positiva: el pensamiento, pero también el conocimiento, el arte, el erotismo, el amor, el trabajo, la simple alegría... La vida, una vida.
Pero si existe una enajenación propiamente filosófica: consiste en suponer que el análisis conceptual (o el análisis reflexivo) es un fin en sí mismo y no sólo un medio para comprender el mundo y saber actuar en él. Suponer que la idea es un fin en sí, quedarse anclado en el mundo de las ideas (de las representaciones) conlleva reducir la filosofía a ideología --la mayor traición. No se trata de que el filósofo se convierta en un "práctico" sino de que sepa orientarse en el pensamiento, que sepa orientar su pensamiento hacia algún punto. El pensamiento necesita una epistemología pero también una ética, una ética del pensamiento, que no significa a su vez que el filósofo se vuelva un santo (o peor, un sacerdote) sino que asuma simplemente que la capacidad de pensar es un bien público (un bien universal) y que debemos hacer un uso responsable de ese bien, como de cualquier otro.
martes, 17 de junio de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
Cazador de Nadas
Para Gregorio
No eres tú quien mira al vacío,
es el vacío quien genera
la ilusión de que lo estás mirando.
Eres el vacío destronado
de tu púlpito de mentiras.
Eres el bosque en el que te perdiste
y nunca te encontraste.
Adentro tuyo se tejen conspiraciones
y ya no tienes la posibilidad siquiera
de pensar en la sedición.
Muñeco de trapo,
no tienes ojos,
es el espejo quien te está mirando.
Pero
hay una pregunta después de todas las preguntas...
Y tal vez no necesite palabras.
No eres tú quien mira al vacío,
es el vacío quien genera
la ilusión de que lo estás mirando.
Eres el vacío destronado
de tu púlpito de mentiras.
Eres el bosque en el que te perdiste
y nunca te encontraste.
Adentro tuyo se tejen conspiraciones
y ya no tienes la posibilidad siquiera
de pensar en la sedición.
Muñeco de trapo,
no tienes ojos,
es el espejo quien te está mirando.
Pero
hay una pregunta después de todas las preguntas...
Y tal vez no necesite palabras.
lunes, 10 de febrero de 2014
Poemas de la extrañeza
III
Al final aprendiste a disiparte
tendiste tus palabras de tu boca a la nada
le mostraste a mis ojos
que hay una luz tan blanca
que no se logra verla;
fuiste sólo anticipaciones,
ceniza antes de tu propio incendio,
ese vaciamiento
previo a la caricia.
Al final, quizás comiences a entender
que nada pude sino decir mi soledad
que nada di sino estas horas aciagas
donde la tarde cae
y viene a beber el vino de mi sangre
el otoño;
derrotándome,
¿qué ganas?
¿qué ficción de una victoria
teje tu silencio?
Al final puede que sólo haya sido
esa breve lluvia
que pasa desapercibida junto al mar;
tan sólo un remolino de viento,
algo así como un suspiro
como un palpitar de repentino
la aritma provocada por la risa.
No lo sé,
no tengo, como tú,
las manos llenas de futuro.
Desconozco el ritmo de los astros
a los que te entregas.
Emprendes un viaje
en una barca de un sólo tripulante
hacia el olvido.
Nada me diste,
nada me debes,
marcha,
yo aquí en la orilla
te saludaré
hasta que te engulla la noche.
jueves, 6 de febrero de 2014
Hay ángeles...
Hay ángeles…
Dicen que hay ángeles oscuros
mujer,
oscuros como dioses primitivos
a los que no alumbró ningún fuego
y jamás conocieron sus nombres.
Oscuros como las gargantas de las cuevas
donde el hombre inventó la imagen.
Oscuros ángeles mujer, ¿no los ves?
Aletean ocultos,
ennegrecidos de su propia gracia
¿los oyes?
Les dicen silencio.
Y a los blancos,
a esos de alas como truenos,
a esos...
les dicen tiempo.
Y vendrá la noche mujer
donde exhaustos nuestros brazos
de enfrentarse,
perdidas nuestras espaldas
de buscarse,
quemados nuestros labios
de rozarse,
los atraparemos impávidos
y los desplumaremos
para hacernos una cama mujer,
de silencio y tiempo.
oscuros como dioses primitivos
a los que no alumbró ningún fuego
y jamás conocieron sus nombres.
Oscuros como las gargantas de las cuevas
donde el hombre inventó la imagen.
Oscuros ángeles mujer, ¿no los ves?
Aletean ocultos,
ennegrecidos de su propia gracia
¿los oyes?
Les dicen silencio.
Y a los blancos,
a esos de alas como truenos,
a esos...
les dicen tiempo.
Y vendrá la noche mujer
donde exhaustos nuestros brazos
de enfrentarse,
perdidas nuestras espaldas
de buscarse,
quemados nuestros labios
de rozarse,
los atraparemos impávidos
y los desplumaremos
para hacernos una cama mujer,
de silencio y tiempo.
domingo, 26 de enero de 2014
De los Poetas
Lamento
Primero
De
La Nimiedad De Las Cosas
I
De
Los Poetas
Los
poetas han callado hermanos míos
sus
lágrimas venenosas ya no riegan las tierras
su
sangre metafísica no teñirá más pergaminos,
las
oscuras paredes, los magmas azotados ya son silencio
y
la guerra y la paz, quietud ecuánime…
Los
poetas han dejado de llorar hermanos míos
y
las palabras corren a ocultarse entre los ramajes
se entierran en el lodo como sapos de lluvia;
las
hojas han quedado inmaculadas
y
los márgenes del río de la esperanza, quedan sin vida.
Los
poetas se han ido a otro mundo,
alejándose
sigilosos entre las estrellas
la
oscuridad inerte del universo los ha convocado,
las
galaxias y los agujeros negros han puesto
espectaculares
de agónicos desfiles en su nombre
y
las constelaciones han grabado su recuerdo.
Los
poetas son recuerdo y sólo eso;
los
poetas ya no existen en este mundo de silencios prolongados
en
la contaminación del ruido, de la vista;
en
la pérdida de lo humano por lo autómata
en
la instauración de la rebeldía baldía rentada,
en
las hojas malgastadas por las copias fotostáticas,
los
relojes que ya no quieren marcar la hora correcta
los
congresos, las naciones, los ejércitos, y toda la demás pesada
seriedad del mundo.
Los
poetas han quedado huérfanos de madre
se
extiende el ocio a millas por segundo
pero
la inspiración se agota a decibeles
como
el crepitar de la frecuencia que no se escuchará de nuevo,
como
ese sueño que se tuvo y se abandona en un suspiro que nos despierta,
pero
el dios ha abandonado a los poetas
un
padre que nunca supo ser padre porque nunca fue hijo
y
de santidad sólo ha tenido la blancura de su ave fenecida.
Los
poetas despertaron de este sueño
de
este aletargamiento de lo cotidiano,
huyeron
de la veracidad tangible de lo intransigente
brincaron
a otros parámetros, otras lenguas,
otro
signos, insondables para nuestras miradas…
Mientras
nosotros hermanos míos
permanecemos
eternos,
repetitivos,
innoriginales, coleccionistas,
no
hay romanticismo en nuestras palpitaciones
ni
surrealismo histérico en nuestro diálogos
mucho
menos un simbolismo en nuestras heridas.
Los
poetas han muerto hermanos míos ¿qué nos queda?
miércoles, 15 de enero de 2014
Juan Gelma Requiescat In Pace
Hoy no es un buen día para ser poeta Juan, y no me refiero al 15 de enero del 2014, me refiero al Hoy, a ese tiempo que siempre vivimos y que nunca se agota; y en el que ya hace varios siglos vivimos en el despojo y la usura más tremendos. Te conocí ya tarde Juan, primero fuiste algunas líneas recitadas por Mario Granidetti en una taquería, y palabras Sandra Ballesteros a la orilla del mar de plata en esa otra película, a la que también llegué tarde, dirigida por Eliso Subiela. Después fuiste un gastado poemario que encontré en la primera librería en que trabajé, a espaldas del Conservatorio de las Rosas, en mi ciudad natal, Morelia. Una librería que era más bien un aquelarre de todos los libros que van ahí a morir, esperando ser roídos por las ratas, las polillas y el moho. Ahí, en la pequeña repisa dedicada a la poesía, las repisas dedicadas a la poesía siempre son tan escasas en todas partes, encontré un pequeño y ajado libro, Gotán, decía el título, de una editorial llamada "La Rosa Blindada". Era una primera edición, del 62, y había una hermosa dedicatoria al inicio, escrita a lápiz que ya casi se había borrado totalmente y me tomó varios minutos poder descifrar: "Inés, aquí desde Argentina, te pido que resistas." Iba firmada por un R.L, y fechada en abril de 1965. Tú libro estaba subrayado, con las puntas de las hojas ya limadas por el desgaste, el papel amarillo por lo ácidos que empezaban a oxidarse, y la tinta comenzaba a desprenderse presagiando su agonía. Ahí, Juan, te conocí uno de los más bellos poemas que jamás he leído: Esa mujer se parecía a la palabra nunca. Y eso que yo aún no sabía nada de ti, era un verano del 2005 y para mí eras algunos poemas recitados por un poeta vagabundo y una prostituta y un libro viejo dedicado a alguna Inés, que seguramente en ese año ya era suficientemente vieja como para haber olvidado ese libro.
Pero estábamos destinados a seguirnos encontrando Juan, o más bien yo estaba destinado a seguir azorándome de tu grandeza, ese mismo año, en noviembre, me enteré de que existía algo llamado Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que se reunían anualmente en la ciudad y se volvía una fiesta auténtica de la poesía. Ese año Juan, te honraba como poeta emérito, los carteles, que no había muchos, nunca hay grandes carteles para los poetas, mostraban tu rostro contemplativo y tu mirada apacible, con cierto brillo de ferocidad. Me admiraste Juan, ingenuamente pensé que estabas muerto, nunca averigüé más de tu vida desde que leí y releí tu tango al revés. Tu también siempre te pareciste a la palabra nunca. Estabas vivo, y exiliado, según me enteré. Esa primera edición de la Rosa Blindada no abundaba en ningún dato biográfico, más que tu fecha de nacimiento 3 de Mayor de 1930, a la que ahora, esos que hacen la usura con la muerte agregarán tu fecha de fallecimiento, 14 de Enero del 2014. Viviste 84 años Juan, moriste joven. Ese 2005 que fui a verte al Teatro Ocampo, donde inaugurabas la primera mesa de lecturas y Arreola, casi tan viejo como tú, de quién nada sabía tampoco en ese entonces, te dedicaba unas bellísimas palabras: en ese 2005 tenías tu 75 y yo 15, nos separaba un abismo de 60 años. 60 años en los que te había sucedido el mundo, Juan, el exilio, la guerra; en los que habías vencido a un general con palabras, como siempre soñó Mayakovski. Estuve los tres días del encuentro, escuchando a los otros poetas, de muchos ya no recuerdo el nombre. Y estuve también en tu homenaje el último día, y me acerqué para que me firmarás mi gastado libro, el único que tenía tuyo, recuerdo que lo miraste con nostalgia, ¡quién lleva una vieja y gastada edición a una firma de libros! Siempre he sido un chico sin modales, debí haber comprado esas ediciones relucientes y nuevas que vendían afuera del teatro, para que tú las firmaras, pero te llevaba aquel libro ajado y deshojado, gastado por los dedos de R.L., de Inés, míos y sabrá quién sabe cuántos más. Me diste unas palmadas en el hombro y soltaste una bella risa de anciano, este, Juan, es uno de mis recuerdos más queridos. Exclamaste que la última vez que firmaste uno de esos había sido en el 79, en la UNAM. Me dijiste que era un chico curioso, extraño. Fue la primera vez en mi vida que no me ofendieron esos adjetivos, desde entonces los tomé como un cumplido. Firmaste mi libro, justo abajo de la dedicatoria de R.L., y casi me revientan los ojos con las lágrimas, Juan. Cuando leí que decía: "A Gerardo, niño con mirada de poeta, Juan Gelman." Me estremecí de pies a cabeza y si tú dices que los poetas pueden morir de vergüenza, yo te contesto hoy, 9 años después, que los poetas también pueden morir de timidez.
Te vi varias veces más Juan, venías a mi ciudad año con año para el encuentro de poetas, hasta que yo dejé de ir y el encuentro de venir y se mudó a Aguascalientes. Pero me enseñaste la simpleza en las palabras.Yo, que a mis 15 escasos años sólo había leído a los franceses, en esas pésimas traducciones de las editoriales baratas, que soñaba con ser Rimbaud y conversar con Baudelaire, que no entendía ni j de sincretismo de los poemas de Mallarmé; que soñaba con que Verliane me invitara a tomar absenta en su casa, y que Gerard de Nerval me tomara de la chaqueta y me invitara a vagar por los burdeles más sucios de París mientras me contaba esas historias extrañas. Ellos, y sus grandes metáforas, sus delicados juegos del sentido eran mis referentes de lo que debía ser la poesía. Pero tu me mostraste que también hay poesía en decir: Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, me enseñaste que las musas también pueden ser amigas, hermanas, y contigo aprendí que a los poetas también les matan a sus hijos.
Supe ya mucho después de que buscabas a tu nieta, supe, que te la había arrebatado una dictadura, supe de la carta que te escribió ese otro poeta soldado, Marcos, desde la Selva Lacandona, y en la que te hablaba de municiones, rifles y tratados armamentistas. Porqué no pude yo decir algo ese noviembre de 2005, porqué me azoré y en enrojecí. Porqué nunca fui a visitarte como si lo hice con Bonifaz Nuño, con Arreola, y como lo hago a veces con Max Rojas. Hay tantas preguntas que no podré responderme quizás, yo quería escribirte un poema, pero hoy, hoy no es un buen día para ser poeta. Hoy las botas de los soldados homicidas pisan mis huesos, hoy un presidente imbécil a quién no se podría derrotar con palabras porque jamás ha abierto un libro, vende mi patria y mi futuro a los oscuros señores que lucran con nuestra miseria. Hoy que mi corazón ha sido tan roto, tan despechado, por esas musas que también son amigas pero a veces también las más implacables enemigas. Hoy no es un buen día para ser poeta, y tú lo supiste, y en tu último aliento, decidiste morir.
Ese libro ya no está conmigo, lo dejé junto a la cama de una mujer en Tijuana, como quizás hubieran querido tú, R.L, Inés y como quise yo, porque, efectivamente ella y yo, ocupábamos nuestro lugar en la tierra y ella ocupaba ese libro para sacarse las lágrimas que le dejé cuando me fui. Perdí mis libros de poesía, casi todos, en manos de mucha gente que los necesitaba, pero gané poderte mirar hoy sin vergüenza y saludarte, aquí hay también un violín y un pájaro.
No me concentro en tu muerte particular, como siempre exigiste, mejor te recito un par de líneas, de ese primer libro tuyo que leí, y que ayer releí para saludar a tu existencia que se integraba en el todo:
En un libro de versos salpicado
por el amor, por la tristeza, por el mundo,
mis hijos dibujaron señoras amarillas,
elefantes que avanzaban sobre paraguas rojos,
pájaros detenidos al borde de una página,
invadieron la muerte,
el gran camello azul descansa sobre la palabra
ceniza,
una mejilla se desliza sobre la soledad de mis huesos,
el candor vence al desorden de la noche.
*Dejo el link para quién quiera leer esa primera versión, que yo leí, hace 9 años: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2010/GOTAN.PDF
Pero estábamos destinados a seguirnos encontrando Juan, o más bien yo estaba destinado a seguir azorándome de tu grandeza, ese mismo año, en noviembre, me enteré de que existía algo llamado Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que se reunían anualmente en la ciudad y se volvía una fiesta auténtica de la poesía. Ese año Juan, te honraba como poeta emérito, los carteles, que no había muchos, nunca hay grandes carteles para los poetas, mostraban tu rostro contemplativo y tu mirada apacible, con cierto brillo de ferocidad. Me admiraste Juan, ingenuamente pensé que estabas muerto, nunca averigüé más de tu vida desde que leí y releí tu tango al revés. Tu también siempre te pareciste a la palabra nunca. Estabas vivo, y exiliado, según me enteré. Esa primera edición de la Rosa Blindada no abundaba en ningún dato biográfico, más que tu fecha de nacimiento 3 de Mayor de 1930, a la que ahora, esos que hacen la usura con la muerte agregarán tu fecha de fallecimiento, 14 de Enero del 2014. Viviste 84 años Juan, moriste joven. Ese 2005 que fui a verte al Teatro Ocampo, donde inaugurabas la primera mesa de lecturas y Arreola, casi tan viejo como tú, de quién nada sabía tampoco en ese entonces, te dedicaba unas bellísimas palabras: en ese 2005 tenías tu 75 y yo 15, nos separaba un abismo de 60 años. 60 años en los que te había sucedido el mundo, Juan, el exilio, la guerra; en los que habías vencido a un general con palabras, como siempre soñó Mayakovski. Estuve los tres días del encuentro, escuchando a los otros poetas, de muchos ya no recuerdo el nombre. Y estuve también en tu homenaje el último día, y me acerqué para que me firmarás mi gastado libro, el único que tenía tuyo, recuerdo que lo miraste con nostalgia, ¡quién lleva una vieja y gastada edición a una firma de libros! Siempre he sido un chico sin modales, debí haber comprado esas ediciones relucientes y nuevas que vendían afuera del teatro, para que tú las firmaras, pero te llevaba aquel libro ajado y deshojado, gastado por los dedos de R.L., de Inés, míos y sabrá quién sabe cuántos más. Me diste unas palmadas en el hombro y soltaste una bella risa de anciano, este, Juan, es uno de mis recuerdos más queridos. Exclamaste que la última vez que firmaste uno de esos había sido en el 79, en la UNAM. Me dijiste que era un chico curioso, extraño. Fue la primera vez en mi vida que no me ofendieron esos adjetivos, desde entonces los tomé como un cumplido. Firmaste mi libro, justo abajo de la dedicatoria de R.L., y casi me revientan los ojos con las lágrimas, Juan. Cuando leí que decía: "A Gerardo, niño con mirada de poeta, Juan Gelman." Me estremecí de pies a cabeza y si tú dices que los poetas pueden morir de vergüenza, yo te contesto hoy, 9 años después, que los poetas también pueden morir de timidez.
Te vi varias veces más Juan, venías a mi ciudad año con año para el encuentro de poetas, hasta que yo dejé de ir y el encuentro de venir y se mudó a Aguascalientes. Pero me enseñaste la simpleza en las palabras.Yo, que a mis 15 escasos años sólo había leído a los franceses, en esas pésimas traducciones de las editoriales baratas, que soñaba con ser Rimbaud y conversar con Baudelaire, que no entendía ni j de sincretismo de los poemas de Mallarmé; que soñaba con que Verliane me invitara a tomar absenta en su casa, y que Gerard de Nerval me tomara de la chaqueta y me invitara a vagar por los burdeles más sucios de París mientras me contaba esas historias extrañas. Ellos, y sus grandes metáforas, sus delicados juegos del sentido eran mis referentes de lo que debía ser la poesía. Pero tu me mostraste que también hay poesía en decir: Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, me enseñaste que las musas también pueden ser amigas, hermanas, y contigo aprendí que a los poetas también les matan a sus hijos.
Supe ya mucho después de que buscabas a tu nieta, supe, que te la había arrebatado una dictadura, supe de la carta que te escribió ese otro poeta soldado, Marcos, desde la Selva Lacandona, y en la que te hablaba de municiones, rifles y tratados armamentistas. Porqué no pude yo decir algo ese noviembre de 2005, porqué me azoré y en enrojecí. Porqué nunca fui a visitarte como si lo hice con Bonifaz Nuño, con Arreola, y como lo hago a veces con Max Rojas. Hay tantas preguntas que no podré responderme quizás, yo quería escribirte un poema, pero hoy, hoy no es un buen día para ser poeta. Hoy las botas de los soldados homicidas pisan mis huesos, hoy un presidente imbécil a quién no se podría derrotar con palabras porque jamás ha abierto un libro, vende mi patria y mi futuro a los oscuros señores que lucran con nuestra miseria. Hoy que mi corazón ha sido tan roto, tan despechado, por esas musas que también son amigas pero a veces también las más implacables enemigas. Hoy no es un buen día para ser poeta, y tú lo supiste, y en tu último aliento, decidiste morir.
Ese libro ya no está conmigo, lo dejé junto a la cama de una mujer en Tijuana, como quizás hubieran querido tú, R.L, Inés y como quise yo, porque, efectivamente ella y yo, ocupábamos nuestro lugar en la tierra y ella ocupaba ese libro para sacarse las lágrimas que le dejé cuando me fui. Perdí mis libros de poesía, casi todos, en manos de mucha gente que los necesitaba, pero gané poderte mirar hoy sin vergüenza y saludarte, aquí hay también un violín y un pájaro.
No me concentro en tu muerte particular, como siempre exigiste, mejor te recito un par de líneas, de ese primer libro tuyo que leí, y que ayer releí para saludar a tu existencia que se integraba en el todo:
En un libro de versos salpicado
por el amor, por la tristeza, por el mundo,
mis hijos dibujaron señoras amarillas,
elefantes que avanzaban sobre paraguas rojos,
pájaros detenidos al borde de una página,
invadieron la muerte,
el gran camello azul descansa sobre la palabra
ceniza,
una mejilla se desliza sobre la soledad de mis huesos,
el candor vence al desorden de la noche.
*Dejo el link para quién quiera leer esa primera versión, que yo leí, hace 9 años: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2010/GOTAN.PDF
lunes, 13 de enero de 2014
El Materialismo de Marx
Si Marx tiene un mérito en la historiografía de la filosofía es
la diferenciación que hace entre el atomismo de Demócrito y el de
Epicuro. Por ser un texto exclusivamente filosófico no entra en la
usual doctrina del materialismo dialéctico pero tiene un importante
lugar dentro de la filosofía de Marx, en el siguiente ensayo
trataremos de entender algunas de las consecuencias que tuvo para el
pensamiento de Marx la asunción del materialismo radical de
Epicuro:
La búqueda de un Más allá de Hegel:
En el escenario intelectual de mediados del siglo XIX había una
gran inquietud sobre la forma de superar la filosofía hegeliana.
Esta se alzaba como la figura sintética del pensamiento occidental,
el culmen del pensamiento ilustrado. Marx y el grupo de jóvenes
hegelianos buscaban una manera de ir más allá del pensamiento de
Hegel, lo encontrarion en la obra Prologómenos para una
historisofía de August Von Cieszkowski ofrecía una salida
favorable en su “filosofía de la acción.” Para Cieszkowski la
Historia sólo se conoce haciéndola. Aquí aparece por primera vez
la conceptualización de la praxis revolucionaria, donde se va
resolver la dualidad entre consciencia y la acción. ¿Cómo supera
esta dualidad? Diciendo que hay cosas de las que podemos ser
conscientes únicamente al actuar. La acción es también una forma
de conocimiento. La teoría continua en la práctica, la práctica es
también una forma de realizar la teoría. La consciencia condiciona
la acción y al mismo tiempo la consciencia permite que mi acción
tenga ciertos efectos que no tendría si no fuera consciente de
ellos.
Hegel era partidario de la idea considerada tradicionalmente en el
idealismo de que la acción era dependiente de la consciencia. La
acción se explica en Hegel de acuerdo a la concordancia con el
desarrollo racional del espíritu.
Lo que Marx aprenderá de su lectura de Cieszkowski es la teoría de
la praxis y de la acción. Cieszzkowski estudió la
motivación, y la intencionalidad como vectores de la acción. Y
tiene una teoría de la libertad humana que es presente en el primer
Marx. En 1838 con la lectura de Cieszkowski los jóvenes hegelianos
son impulsados hacia una crítica de Hegel. Para Cieszkowski, Hegel
marca el inicio de la tercera etapa de la praxis. A través de él se
ve un después de Hegel en toda su necesidad. Hegel dejó de ser
insuperable gracias a Cieszkowski para los jóvenes hegelianos. En
las últimas páginas de la Fenomenología parece que es el
fin de la especulación y el comienzo de la praxis efectiva del
mundo.
Durante su estancia de estudios filosóficos, Marx toma consciencia
de que es necesario revisar los fundamentos de la filosofía de la
acción como posible salida de las filosofía puramente
especulativas. Esta tarea da sentido a su tesis doctoral. Marx hace
un paralelismo histórico, si Hegel era el non plus ultra de
la especulación filosófica y aunténticamente después de una etapa
especulativa venía la realización práctica de la filosofía, debí
encontrarse también esa constancia en los albores del pensamiento,
es decir en la filosofía griega. Aristóteles representó para el
joven Marx el paralelo de Hegel, aquel que sintetiza y ordena el
pensamiento de su época y de épocas precedentes y parece haberlo
pensado ya todo. La diferencia entre la filosofía de la
naturaleza de Demócrito y Epicuro es la revisión crítica que
hace Marx de los autores post-aristotélicos, peculiarmente de
Epicuro. Sabemos que Demócrito era contemporáneo de Platón y
había muerto antes del nacimiento de Aristóteles. Para Marx
encontrar un después de Aristóteles en Epicuro y revalorizarlo, es
revalorizarse a sí mismo; y revalorizar la filosofía de la práctica
es revalorizar ese momento de la praxis que se presenta como
superadora de Hegel.
Marx atento a las leves variaciones de la teoría encuentra que
Epicuro defiende el clinamen, que se presenta como un desvío
en la trayectoria del átomo que lo hace encontrarse con otro átomo,
y se produce una colisión y en una reacción en cadena hay una
reunión de átomos forman las cosas. ¿Qué causa este desvío? La
respuesta a esta pregunta es lo que hace de Epicuro un materialista
radical: Nada, es absolutamente de aleatorio.
El Clinamen como principio de un materialismo radical:
Para Marx y cierto marxismo tradicional, no hay un acto de creencia
en el clinamen o de intencionalidad mínima. Esta inmanencia
es negativa, la libertad aquí es ausencia de necesidad. En su tesis
doctoral Marx hace así la distinción entre el materialismo
Demócrito y Epicuro. Mientras que Demócrito afirmaba que la
desviación del átomo primigenio era causada por un principio
organizacional del universo, Epicuro niega que la idea de la
desviación aparezca como la “causa” primera, esa tal “causa”
es únicamente un principio explicativo, ya que sólo es necesaria
para atar la materia en general.
El materialismo hace aparece el carácter fundamental de la libertad
que está en este apego a la renuncia de la explicación por
principios fuera del conflicto. Lo primero que se tiene, es una
colisión, un choque.
Marx encuentra en Epicuro una filosofía antideterminista y
antiarmónica. Cualquier cosa que existe surge del conflicto, un
conflicto que no necesita ser entendido dentro de una lógica
racional, ordenadora y discursiva. El origen de todo consiste en el
desafío de la necesidad. No hay encuentro sin violencia, y es la
contradicción en el seno de la dialéctica.
Marx reinterpreta a Epicuro, su materialismo va a ser desde ese
momento el cruce azaroso en la incertidumbre total, es creer en lo
que ocurre, en los hechos, en los acontecimientos. El acontecimiento
no se sostiene de nuestra creencia, al contrario la condiciona.
La línea divisoria entre el materialismo radical de Epicuro y el
materialismo racional de Demócrito es tenue ¿Qué es lo que está
en cuestión? Marx detecta que para creer en la misma negatividad se
requiere primero la afirmación; podemos decir, se requiere creer que
es válida la interrogación y es por lo cual Badiou dice que la idea
que fundamenta al marxismo es la incertidumbrei.
Esta indeterminación que hay al principio será trasladada a todos
los ámbitos del pensamiento. Lo que se encuentra en la materia debe
encontrarse en todos los demás terrenos. A Marx le interesa el valor
conceptual que puede tener la idea del clinamen. Es decir que
aquello en lo que todo descansa no sea un principio racional
positivo. Empezar la explicación por la experiencia que tenemos a
cada momento.
Marx busca un lugar para la práctica y para el sujeto dentro de esta
indeterminación originaria. Para encontrar una vía que pueda
superar aquello que se consideraba como el grado insuperable de la
especulación filosófica, Hegel, un más allá de él, había que
buscarlo en la práctica.
Cuando Feuerbach invierte el idealismo hegeliano es para darle una
concreción a las ideas que sólo puede postularse mediante un acto
de creencia. El sujeto al que se está refiriendo Feuerbach, nos dice
Marx, es un sujeto objetivado. No nos habla del sujeto fáctico, sino
del hombre afuera, de la huella del hombre en el afuera, y de la
materialización de ese hombre visto por el sujeto.
La materialidad a la que se refiere Marx es una materialidad de la
acción, de la práctica, del movimiento, no se demuestra a través
de la puesta en evidencia de su presencia, sino a través de los
efectos de mis acciones; en la medida en que transformo lo que veo
demuestro la materialidad de mi práctica. Cuando por mi gesto,
impulsado por las fuerzas que me animan, logro transformar el mundo
que me rodea, ahí tengo algo a lo que podemos dar el nombre de
“materialidad”. Entonces es una materialidad indisociable del
sujeto. El materialismo de Marx es absoluto, pero él lo llamará
dialéctico. Esto quiere decir que la oposición entre la oposición
de lo subjetivo y lo objetivo se supera en la dialéctica aunque sin
dejar de existir.
Para Marx el hecho de que la práctica prolongue la tarea de la
teoría, implica también que la filosofía que aparecía
circunscrita a lo objetivo, llega al ámbito del sujeto. Para el
joven Marx aún se trataba de una práctica del sujeto. La teoría es
superada por un sujeto que asume la teoría y se libera de ella
realizándola.
El desenlace sintético de la dialéctica, no corresponde a lo
absoluto. Cuando lo subjetivo y lo objetivo se relacionan entre sí y
van más allá de aquello que los opone, llegamos a una acción de
transformación, o la creación de una realidad objetiva (que es
subjetiva). Es absoluta en el sentido que es una negación de lo
relativo (en tanto relacional) del sujeto y el objeto. En el
pensamiento de Marx jamás llegaremos al saber absoluto. Hay una
inestabilidad siempre en la realidad histórica, nunca superamos la
relación. ¿Por qué? Althusser usa el término de
“sobredeterminación”ii,
es decir un número infinito de factores que no podemos pensar. No se
puede pensar totalmente, siempre habrá una opacidad que le impide
pensarse, y ésta es la indeterminación originaria de la materia.
Precisamente no sabemos todo, y es por eso que podemos sorprendernos,
y ese espacio de la sorpresa, nos dirá Althusser, es el espacio de
la libertad. Esta es la presencia material del mundo que se enfrenta
a la filosofía y a la aspiración de la transparencia del saber para
sí mismo.
No llegamos al absoluto porque hay algo que siempre está impidiendo
esta transparencia y esta es la opacidad de la oscuridad. Ya que todo
puede transformarse. Marx aprende del materialismo de los antiguos
griegos que la materialidad está en el acto, pero lo que da forma al
mundo es la desviación. Que las lógicas del mundo son todas
resultado de una acción arbitraria, o de una serie de acciones
indeterminables teoréticamente. Esto rechaza la idea tradicional en la
filosofía de que podemos explicar el origen de todo a través de una
idea filosófica, eso quiere decir que el principio es inteligible y
que el método filosófico (el ideal) puede acceder y dar razón del
mundo. Pero lo que Marx encontró en el concepto de clinamen
es una idea sin idea, la libre asociación. Desde entonces la apuesta
de su materialismo está en aferrarse a aquello que resiste a la
representación y que por lo tanto resiste a la metafísica. Se trata
de un punto de partida refractario a la reflexión metafísica y que
sin embargo trata de ser convincente. Es una posición muy incómoda
y fronterizaiii.
La idea sin idea y el instrumento crítico de Marx:
Lo que se pretende es explicar sin comprender o explicar lo
incomprensible. En la Ideología alemana Marx elabora la
crítica contra las “palabras” ya que estas valen por lo que
producen y por sus consecuencias. La idea sin idea, que está a la
base del materialismo, permitirá a Marx un poderoso instrumento de
análisis de las estructuras orgánicas de la modernidad. El Estado,
el mercado, la cultura, todas son sometidas a este principio de
conflicto en el que manifiestan sus tensiones internas, estás
tensiones dialécticas arrojan las condiciones para las coyunturas
que propician la transformación. El objetivo analítico y crítico
de Marx no es otro más que el de identificar las estructuras de
conflicto que se ponen en juego en cada ocasión y presentan la
oportunidad de una transformación revolucionaria. La Historia misma
se desliza sobre este terreno limado por el choque de las fuerzas que
se enfrentan.
La idea sin idea, la palabra vacía que se pretenden organizacional,
el Capital que habla por la boca de los ideólogos, políticos o los
economistas ingleses, tenemos ahí sólo palabras, ideas que no son
exactamente ideas. El pensamiento es inmanente a su expresión, está
enredado en el funcionamiento material del sistema, que se muestra
como un sistema de pensamientos.
La idea sin idea más fuerte de Marx es la práctica. Cuando
se considera que la consciencia de clase se despliegua de un modo que
no puede ser pensado propiamente por quien actúa. Se piensa con la
acción.
Estas ideas no son objetos psicológicos, sino son objetos
históricos. Marx jamás lo explica como si hubiera un lado
incomprensible de esta materialidad que lo resiste. ¿Cómo funciona
el Capital a través de las palabras? Ordenándolas. Cada autor dice
más de lo que piensa que está diciendo. Lo que yo creo, o las
razones que doy de mis actos, son pretextos y no son las verdaderas
causas, son pretextos conscientes y no las verdaderas causas. La
crítica a la ideología que hace el marxismo es la insistencia en la
invalidación de los pretextos por el simple hecho de ser
conscientes, hay una crítica a la consciencia como actividad
separada de las relaciones concretas.
Tanto Marx como Freud, cuando leen los discursos, autores, artistas,
ven y escuchan más allá porque las palabras dicen siempre más
allá de sí mismas. Desde Saussure la palabra nos lleva siempre a
las sopresas (“deslizamiento del significado”) que no obedecen a
ninguna racionalidad, sino a una seria infinita de excepciones. Los
dioses efectivamente se han retirado o desinteresado de sus
creaciones y eso fundamenta la posibilidad de la libertad.
Marx
en la Crítica
a la filosofía del derecho de Hegel
nos dice que “encontrar” un mundo nuevo no es “pronosticar el
futuro.”
Esto había aparecido antes en algunos de sus escritos de juventud:
“No
tratamos de anticipar dogmáticamente el mundo, sino que tratamos de
encontrar el mundo nuevo a través de la crítica del viejo.”iv
Marx. La anticipación de lo que será el mundo, es propia del
pensamiento dogmático, que habla con trono profético. La crítica
le habría permitido al político no saber aquello en lo que se va
convertir lo que ya existe. La crítica que se le presenta al
materialismo de Marx es aquella que nos permite un "descubrimiento"
y no anticipación, ni una creación. La crítica se somete a lo que
existe. El acto/evento trasciende la contradicción propia entre la
voluntad propia (especulativa) y las determinaciones reales. Lidiar
con la realidad hasta hacer algo con la realidad existente. Ese algo
habrá existido a través de mi acción. Lo haré surgir.
Los
únicos descubrimientos se hacen actuando. Se descubre sumergiéndose
en la realidad social, en el trabajo, ahí se descubre algo, paran
Marx. Para Marx se puede ser tan especulativo en la calle como en la
Universidad. O exageradamente práctico. Se trata de criticar a la
posición idealista, de superarla. Cuando Marx critica a los
"filósofos" es una metáfora para criticar a cualquier
idealismo (el de un líder político, el de un profesor etc.)
Así,
en el materialismo radical de Marx la Historia no es una repetición
de lo mismo o un desarrollo racional del espíritu, la repetición no
siempre es farsa, a veces es tragedia. Lo que se repite no se repite
de la misma manera. Lo real se reproduce, pero como imaginario. Esto
es muy importante, ya que el acontecimiento, al repetirse, se vuelve
simulacro. El pasado aparece en las circunstancias bajo las cuales
hacemos nuestra historia, lo que nos queda es nuestra libertad, es
decir, lidear con ellas. Las circunstancias predeterminan lo que se
puede hacer con ellas. La historia no es producto del libre arbitro
del hombre. Las circunstancias también son aquello que puede
revestir nuestra acción, de eso que fue real y que ahora no es más
que una simulación. Con esta tensión Marx analiza la retórica de
la revolución burguesa: El pasado siempre está sirviendo para
decorar el presente.
La
revolución va a aparecer como aquello que sólo puede triunfar
verdaderamente si crea algo nuevo y si evita los difraces. En la
época nueva, que no sabemos como actuar, las traducimos a nuestro
pasado para comprenderla. La revolución, en su carácter de
acontecimiento, se asemeja a una creación ex nihilo. No
obedece pues a una evolución, sino a una irrupción de algo
totalmente nuevo que sólo se puede explicar a partir de su propia
lógica. Marx insiste entonces en este carácter aleatorio del
acontecimiento. Tales parecen las consecuencias más claras de la
puesta en función del principio de irracionalidad del clinamen
que Marx descubre en Epicuro.
iiAlthusser,
Louis. La Revolución Teórica de Marx. Ed.
Siglo XXI, México, 1975. Trad. Martha Henecker. p. 71
iiiZizek,
Slavoj. Contingencia,
Hegemonía, Universalidad,
ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003,
ivMarx,
Karl. Obras fundamentales: escritos de juventud. FCE,
México. 1982. I. p. 458.
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