martes, 17 de junio de 2014

Lenguas muertas, debates estériles.

Refutación de ciertas tonterías venidas del norte

Parece que se viene dando desde hace un tiempo, particularmente en los Estados Unidos, una embestida contra la filosofía, es decir, contra el pensamiento crítico y problematizador. Cientificistas y religiosos arremeten contra los filósofos desde flancos distintos pero aliados bajo un mismo supuesto: la filosofía destruye certezas y convicciones, y esta destrucción es la causa del nihilismo y los desórdenes morales y hasta mentales de nuestra época. Los religiosos culpan a la filosofía de la pérdida de la fe, y los cientificistas dicen que la filosofía está muerta o bien perdida en una retórica irracional e inútil (o que ellos simplemente no entienden), y creen que la ciencia (particularmente la física) ha resuelto todas las cuestiones filosóficas, por ende, la Física (la ciencia) es la única filosofía válida y verdadera de nuestra época. Resultan claras las intenciones conservadoras y autoritarias de estas posturas y el propósito de restablecer aquel “hombre unidimensional” que Herbert Marcuse denunció hace más de 50 años. Se nos quiere hacer creer que existe un modo único de pensar y de vivir (expectativa típicamente gringa), que los cuestionamientos radicales son dañinos para la sociedad y que si la filosofía no ha muerto de abandono, indiferencia o desprecio habría que darle la estocada final: hacerla desaparecer del panorama educativo y cultural del mundo actual; asesinarla, pues. Esto no es nuevo en la historia. Los nazis pensaban de modo parecido, igual los medievales. Es el nuevo totalitarismo de nuestro tiempo: mediático e ideológico. Pero como todo discurso ideológico estas posiciones no se sostienen sino en falacias, una muy típica: caricaturizar al supuesto “enemigo”, dar una imagen falsa o desdibujada de él: ¿cuándo y dónde ha habido un filósofo que castigue a sus alumnos por no aceptar que “Dios ha muerto”?(ése, simplemente, no es un filósofo). A la vez, ¿quién ha dicho jamás que la función de la filosofía sea encontrar los componentes últimos del universo? Quizá algún presocrático balbuciente… Los físicos y los científicos pueden creer que su saber es absoluto, que hace innecesaria a la filosofía, y que en realidad son ellos y no los filósofos quienes merecen el título de sabios. Pero su postura es pura vanidad y dogmatismo banal. Habría una razón filosófica simple contra el cientificismo: la ciencia es una realidad histórica; de la misma manera que la ciencia de hoy cuestiona y supera a la ciencia de ayer, es de esperarse que la ciencia de mañana cuestione y supere a la ciencia de hoy. Esto no vuelve al saber científico enteramente relativo pero sí prohíbe absolutizarlo. Por otra parte, la filosofía tiene una larga historia y una larga lista de temas y cuestiones: la de la consistencia del mundo natural ha sido sólo una de ellas, como también lo ha sido la de Dios. Hay infinidad de cuestiones filosóficas: la naturaleza de la verdad, la consistencia de los entes matemáticos, la realidad del significado, la consistencia de la conciencia, el sentido del bien, la realidad del mal, el acceso a las mentes ajenas, la intersubjetividad, las ideas de justicia, libertad, solidaridad, humanidad, etc., que no se ve cómo las puede responder un físico o cómo la creencia en Dios podría acallarlas. Nunca fue la Naturaleza el asunto de la filosofía sino el Ser (“naturaleza”, ‘physis’, era un nombre para el Ser, no era “eso” a lo que los científicos llaman “naturaleza”: la materialidad física). Y el filósofo cuestiona ante todo por el sentido de “Dios”, no sobre su existencia o no existencia. “Dios ha muerto”, la frase de Nietzsche, tenía un sentido irónico y provocador. No era una acta de defunción (es decir, Nietzsche no quería decir que él había visto morir a Dios y por ende podía dar fe de su muerte; quería decir que el pensamiento metafísico-teológico había llegado a su fin). No son los filósofos quienes han minado las creencias religiosas sino las propias iglesias, los propios dirigentes religiosos. No son los filósofos los culpables de que los físicos no sean atendidos y considerados los únicos sabios. Pero la treta es simple y ya conocida: para encubrir el fracaso propio y hacer valer su interés a como dé lugar hay que gritar: “¡la culpa es de los judíos!”. O la más antigua: “¡la culpa es de Sócrates!”.

Es una cuestión de principio lo que aquí está en juego. Aunque Dios existiera, y aunque lo que nos enseña la Física fuera irrebatible y absoluto, el filósofo todavía, y siempre, podría seguir preguntando ¿Y por qué y para qué existimos? ¿Por qué y para qué existe Dios? ¿Por qué y para qué existe la Naturaleza, Todo? Cientificistas y religiosos sólo tienen una respuesta: ¡cállense de estar haciendo esas preguntas! ¡Dejen de tocarse ahí!


El filósofo no defiende el derecho a sostener ninguna verdad (no hay "verdades" filosóficas), sólo defiende el derecho a pensar sin condiciones y sin límites, es decir, el derecho a pensar libremente. Por muchas razones, pero sobre todo por una de carácter práctico, moralmente incuestionable: el pensamiento libre -la libertad en general- no hace daño y nunca ha hecho daño a nada ni a nadie. No hay nada más injusto e indigno que aceptar condicionantes, limitaciones, reprimendas o directa represión a lo que es sólo acción positiva: el pensamiento, pero también el conocimiento, el arte, el erotismo, el amor, el trabajo, la simple alegría... La vida, una vida.
Pero si existe una enajenación propiamente filosófica: consiste en suponer que el análisis conceptual (o el análisis reflexivo) es un fin en sí mismo y no sólo un medio para comprender el mundo y saber actuar en él. Suponer que la idea es un fin en sí, quedarse anclado en el mundo de las ideas (de las representaciones) conlleva reducir la filosofía a ideología --la mayor traición. No se trata de que el filósofo se convierta en un "práctico" sino de que sepa orientarse en el pensamiento, que sepa orientar su pensamiento hacia algún punto. El pensamiento necesita una epistemología pero también una ética, una ética del pensamiento, que no significa a su vez que el filósofo se vuelva un santo (o peor, un sacerdote) sino que asuma simplemente que la capacidad de pensar es un bien público (un bien universal) y que debemos hacer un uso responsable de ese bien, como de cualquier otro.

martes, 11 de febrero de 2014

Cazador de Nadas

Para Gregorio


No eres tú quien mira al vacío, 
es el vacío quien genera 
la ilusión de que lo estás mirando. 

Eres el vacío destronado 
de tu púlpito de mentiras. 

Eres el bosque en el que te perdiste 
y nunca te encontraste. 

Adentro tuyo se tejen conspiraciones 
y ya no tienes la posibilidad siquiera
 de pensar en la sedición. 

Muñeco de trapo, 
no tienes ojos, 
es el espejo quien te está mirando.

Pero 
hay una pregunta después de todas las preguntas...
Y tal vez no necesite palabras.



lunes, 10 de febrero de 2014

Poemas de la extrañeza

III

Al final aprendiste a disiparte
tendiste tus palabras de tu boca a la nada
le mostraste a mis ojos
que hay una luz tan blanca
que no se logra verla;
fuiste sólo anticipaciones,
ceniza antes de tu propio incendio,
ese vaciamiento
previo a la caricia.

Al final, quizás comiences a entender
que nada pude sino decir mi soledad
que nada di sino estas horas aciagas
donde la tarde cae
y viene a beber el vino de mi sangre
el otoño;
derrotándome, 
¿qué ganas?
¿qué ficción de una victoria
teje tu silencio? 

Al final puede que sólo haya sido
esa breve lluvia
que pasa desapercibida junto al mar;
tan sólo un remolino de viento,
algo así como un suspiro
como un palpitar de repentino
la aritma provocada por la risa. 

No lo sé,
no tengo, como tú,
las manos llenas de futuro.
Desconozco el ritmo de los astros
a los que te entregas.
Emprendes un viaje
en una barca de un sólo tripulante
hacia el olvido. 

Nada me diste, 
nada me debes,
marcha,
yo aquí en la orilla
te saludaré
hasta que te engulla la noche.

jueves, 6 de febrero de 2014

Hay ángeles...

Hay ángeles…


Dicen que hay ángeles oscuros mujer,
oscuros como dioses primitivos
a los que no alumbró ningún fuego
y jamás conocieron sus nombres.
Oscuros como las gargantas de las cuevas
donde el hombre inventó la imagen.
Oscuros ángeles mujer, ¿no los ves?
Aletean ocultos,
ennegrecidos de su propia gracia
¿los oyes?
Les dicen silencio.

Y a los blancos,
a esos de alas como truenos,
a esos...
les dicen tiempo.

Y vendrá la noche mujer
donde exhaustos nuestros brazos
de enfrentarse,
perdidas nuestras espaldas
de buscarse,
quemados nuestros labios
de rozarse,
los atraparemos impávidos
y los desplumaremos
para hacernos una cama mujer,
de silencio y tiempo.

domingo, 26 de enero de 2014

De los Poetas

Lamento Primero

De La Nimiedad De Las Cosas


I

De Los Poetas

Los poetas han callado hermanos míos
sus lágrimas venenosas ya no riegan las tierras
su sangre metafísica no teñirá más pergaminos,
las oscuras paredes, los magmas azotados ya son silencio
y la guerra y la paz, quietud ecuánime…

Los poetas han dejado de llorar hermanos míos
y las palabras corren a  ocultarse entre los ramajes
se entierran en el lodo como sapos de lluvia;
las hojas han quedado inmaculadas
y los márgenes del río de la esperanza, quedan sin vida.

Los poetas se han ido a otro mundo,
alejándose sigilosos entre las estrellas
la oscuridad inerte del universo los ha convocado,
las galaxias y los agujeros negros han puesto
espectaculares de agónicos desfiles en su nombre
y las constelaciones han grabado su recuerdo.

Los poetas son recuerdo y sólo eso;

los poetas ya no existen en este mundo de silencios prolongados
en la contaminación del ruido, de la vista;
en la pérdida de lo humano por lo autómata
en la instauración de la rebeldía baldía rentada,
en las hojas malgastadas por las copias fotostáticas,
los relojes que ya no quieren marcar la hora correcta
los congresos, las naciones, los ejércitos, y toda la demás pesada seriedad del mundo.

Los poetas han quedado huérfanos de madre
se extiende el ocio a millas por segundo
pero la inspiración se agota a decibeles
como el crepitar de la frecuencia que no se escuchará de nuevo,
como ese sueño que se tuvo y se abandona en un suspiro que nos despierta,
pero el dios ha abandonado a los poetas
un padre que nunca supo ser padre porque nunca fue hijo
y de santidad sólo ha tenido la blancura de su ave fenecida.

Los poetas despertaron de este sueño
de este aletargamiento de lo cotidiano,
huyeron de la veracidad tangible de lo intransigente
brincaron a otros parámetros, otras lenguas,
otro signos, insondables para nuestras miradas…
Mientras nosotros hermanos míos
permanecemos eternos,
repetitivos, innoriginales, coleccionistas,
no hay romanticismo en nuestras palpitaciones
ni surrealismo histérico en nuestro diálogos
mucho menos un simbolismo en nuestras heridas.

Los poetas han muerto hermanos míos ¿qué nos queda?


miércoles, 15 de enero de 2014

Juan Gelma Requiescat In Pace

Hoy no es un buen día para ser poeta Juan, y no me refiero al 15 de enero del 2014, me refiero al Hoy, a ese tiempo que siempre vivimos y que nunca se agota; y en el que ya hace varios siglos vivimos en el despojo y la usura más tremendos. Te conocí ya tarde Juan, primero fuiste algunas líneas recitadas por Mario Granidetti en una taquería, y palabras Sandra Ballesteros a la orilla del mar de plata en esa otra película, a la que también llegué tarde, dirigida por Eliso Subiela. Después fuiste un gastado poemario que encontré en la primera librería en que trabajé, a espaldas del Conservatorio de las Rosas, en mi ciudad natal, Morelia. Una librería que era más bien un aquelarre de todos los libros que van ahí a morir, esperando ser roídos por las ratas, las polillas y el moho. Ahí, en la pequeña repisa dedicada a la poesía, las repisas dedicadas a la poesía siempre son tan escasas en todas partes, encontré un pequeño y ajado libro, Gotán, decía el título, de una editorial llamada "La Rosa Blindada". Era una primera edición, del 62, y había una hermosa dedicatoria al inicio, escrita a lápiz que ya casi se había borrado totalmente y me tomó varios minutos poder descifrar: "Inés, aquí desde Argentina, te pido que resistas." Iba firmada por un R.L, y fechada en abril de 1965. Tú libro estaba subrayado, con las puntas de las hojas ya limadas por el desgaste, el papel amarillo por lo ácidos que empezaban a oxidarse, y la tinta comenzaba a desprenderse presagiando su agonía. Ahí, Juan, te conocí uno de los más bellos poemas que jamás he leído: Esa mujer se parecía a la palabra nunca. Y eso que yo aún no sabía nada de ti, era un verano del 2005 y para mí eras algunos poemas recitados por un poeta vagabundo y una prostituta y un libro viejo dedicado a alguna Inés, que seguramente en ese año ya era suficientemente vieja como para haber olvidado ese libro.
Pero estábamos destinados a seguirnos encontrando Juan, o más bien yo estaba destinado a seguir azorándome de tu grandeza, ese mismo año, en noviembre, me enteré de que existía algo llamado Encuentro de Poetas del Mundo Latino, que se reunían anualmente en la ciudad y se volvía una fiesta auténtica de la poesía. Ese año Juan, te honraba como poeta emérito, los carteles, que no había muchos, nunca hay grandes carteles para los poetas, mostraban tu rostro contemplativo y tu mirada apacible, con cierto brillo de ferocidad. Me admiraste Juan, ingenuamente pensé que estabas muerto, nunca averigüé más de tu vida desde que leí y releí tu tango al revés. Tu también siempre te pareciste a la palabra nunca. Estabas vivo, y exiliado, según me enteré. Esa primera edición de la Rosa Blindada no abundaba en ningún dato biográfico, más que tu fecha de nacimiento 3 de Mayor de 1930, a la que ahora, esos que hacen la usura con la muerte agregarán tu fecha de fallecimiento, 14 de Enero del 2014. Viviste 84 años Juan, moriste joven. Ese 2005 que fui a verte al Teatro Ocampo, donde inaugurabas la primera mesa de lecturas y Arreola, casi tan viejo como tú, de quién nada sabía tampoco en ese entonces, te dedicaba unas bellísimas palabras: en ese 2005 tenías tu 75 y yo 15, nos separaba un abismo de 60 años. 60 años en los que te había sucedido el mundo, Juan, el exilio, la guerra; en los que habías vencido a un general con palabras, como siempre soñó Mayakovski. Estuve los tres días del encuentro, escuchando a los otros poetas, de muchos ya no recuerdo el nombre. Y estuve también en tu homenaje el último día, y me acerqué para que me firmarás mi gastado libro, el único que tenía tuyo, recuerdo que lo miraste con nostalgia, ¡quién lleva una vieja y gastada edición a una firma de libros! Siempre he sido un chico sin modales, debí haber comprado esas ediciones relucientes y nuevas que vendían afuera del teatro, para que tú las firmaras, pero te llevaba aquel libro ajado y deshojado, gastado por los dedos de R.L., de Inés, míos y sabrá quién sabe cuántos más. Me diste unas palmadas en el hombro y soltaste una bella risa de anciano, este, Juan, es uno de mis recuerdos más queridos. Exclamaste que la última vez que firmaste uno de esos había sido en el 79, en la UNAM. Me dijiste que era un chico curioso, extraño. Fue la primera vez en mi vida que no me ofendieron esos adjetivos, desde entonces los tomé como un cumplido. Firmaste mi libro, justo abajo de la dedicatoria de R.L., y casi me revientan los ojos con las lágrimas, Juan. Cuando leí que decía: "A Gerardo, niño con mirada de poeta, Juan Gelman." Me estremecí de pies a cabeza y si tú dices que los poetas pueden morir de vergüenza, yo te contesto hoy, 9 años después, que los poetas también pueden morir de timidez.
Te vi varias veces más Juan, venías a mi ciudad año con año para el encuentro de poetas, hasta que yo dejé de ir y el encuentro de venir y se mudó a Aguascalientes. Pero me enseñaste la simpleza en las palabras.Yo, que a mis 15 escasos años sólo había leído a los franceses, en esas pésimas traducciones de las editoriales baratas, que soñaba con ser Rimbaud y conversar con Baudelaire, que no entendía ni j de sincretismo de los poemas de Mallarmé; que soñaba con que Verliane me invitara a tomar absenta en su casa, y que Gerard  de Nerval me tomara de la chaqueta y me invitara a vagar por los burdeles más sucios de París mientras me contaba esas historias extrañas. Ellos, y sus grandes metáforas, sus delicados juegos del sentido eran mis referentes de lo que debía ser la poesía. Pero tu me mostraste que también hay poesía en decir: Se llamaba María todo el tiempo de sus 17 años, me enseñaste que las musas también pueden ser amigas, hermanas, y contigo aprendí que a los poetas también les matan a sus hijos.
Supe ya mucho después de que buscabas a tu nieta, supe, que te la había arrebatado una dictadura, supe de la carta que te escribió ese otro poeta soldado, Marcos, desde la  Selva Lacandona, y en la que te hablaba de municiones, rifles y tratados armamentistas. Porqué no pude yo decir algo ese noviembre de 2005, porqué me azoré y en enrojecí. Porqué nunca fui a visitarte como si lo hice con Bonifaz Nuño, con Arreola, y como lo hago a veces con Max Rojas. Hay tantas preguntas que no podré responderme quizás, yo quería escribirte un poema, pero hoy, hoy no es un buen día para ser poeta. Hoy las botas de los soldados homicidas pisan mis huesos, hoy  un presidente imbécil a quién no se podría derrotar con palabras porque jamás ha abierto un libro, vende mi patria y mi futuro a los oscuros señores que lucran con nuestra miseria. Hoy que mi corazón ha sido tan roto, tan despechado, por esas musas que también son amigas pero a veces también las más implacables enemigas. Hoy no es un buen día para ser poeta, y tú lo supiste, y en tu último aliento, decidiste morir.
Ese libro ya no está conmigo, lo dejé junto a la cama de una mujer en Tijuana, como quizás hubieran querido tú, R.L, Inés y como quise yo, porque, efectivamente ella y yo, ocupábamos nuestro lugar en la tierra y ella ocupaba ese libro para sacarse las lágrimas que le dejé cuando me fui. Perdí mis libros de poesía, casi todos, en manos de mucha gente que los necesitaba, pero gané poderte mirar hoy sin vergüenza y saludarte, aquí hay también un violín y un pájaro.
No me concentro en tu muerte particular, como siempre exigiste, mejor te recito un par de líneas, de ese primer libro tuyo que leí, y que ayer releí para saludar a tu existencia que se integraba en el todo:

En un libro de versos salpicado
por el amor, por la tristeza, por el mundo,
mis hijos dibujaron señoras amarillas, 
elefantes que avanzaban sobre paraguas rojos, 
pájaros detenidos al borde de una página, 
invadieron la muerte,
el gran camello azul descansa sobre la palabra 
ceniza,
una mejilla se desliza sobre la soledad de mis huesos,
el candor vence al desorden de la noche.




*Dejo el link para quién quiera leer esa primera versión, que yo leí, hace 9 años: http://biblio3.url.edu.gt/Libros/2010/GOTAN.PDF

lunes, 13 de enero de 2014

El Materialismo de Marx



Si Marx tiene un mérito en la historiografía de la filosofía es la diferenciación que hace entre el atomismo de Demócrito y el de Epicuro. Por ser un texto exclusivamente filosófico no entra en la usual doctrina del materialismo dialéctico pero tiene un importante lugar dentro de la filosofía de Marx, en el siguiente ensayo trataremos de entender algunas de las consecuencias que tuvo para el pensamiento de Marx la asunción del materialismo radical de Epicuro:

La búqueda de un Más allá de Hegel:
En el escenario intelectual de mediados del siglo XIX había una gran inquietud sobre la forma de superar la filosofía hegeliana. Esta se alzaba como la figura sintética del pensamiento occidental, el culmen del pensamiento ilustrado. Marx y el grupo de jóvenes hegelianos buscaban una manera de ir más allá del pensamiento de Hegel, lo encontrarion en la obra Prologómenos para una historisofía de August Von Cieszkowski ofrecía una salida favorable en su “filosofía de la acción.” Para Cieszkowski la Historia sólo se conoce haciéndola. Aquí aparece por primera vez la conceptualización de la praxis revolucionaria, donde se va resolver la dualidad entre consciencia y la acción. ¿Cómo supera esta dualidad? Diciendo que hay cosas de las que podemos ser conscientes únicamente al actuar. La acción es también una forma de conocimiento. La teoría continua en la práctica, la práctica es también una forma de realizar la teoría. La consciencia condiciona la acción y al mismo tiempo la consciencia permite que mi acción tenga ciertos efectos que no tendría si no fuera consciente de ellos.
Hegel era partidario de la idea considerada tradicionalmente en el idealismo de que la acción era dependiente de la consciencia. La acción se explica en Hegel de acuerdo a la concordancia con el desarrollo racional del espíritu.
Lo que Marx aprenderá de su lectura de Cieszkowski es la teoría de la praxis y de la acción. Cieszzkowski estudió la motivación, y la intencionalidad como vectores de la acción. Y tiene una teoría de la libertad humana que es presente en el primer Marx. En 1838 con la lectura de Cieszkowski los jóvenes hegelianos son impulsados hacia una crítica de Hegel. Para Cieszkowski, Hegel marca el inicio de la tercera etapa de la praxis. A través de él se ve un después de Hegel en toda su necesidad. Hegel dejó de ser insuperable gracias a Cieszkowski para los jóvenes hegelianos. En las últimas páginas de la Fenomenología parece que es el fin de la especulación y el comienzo de la praxis efectiva del mundo.
Durante su estancia de estudios filosóficos, Marx toma consciencia de que es necesario revisar los fundamentos de la filosofía de la acción como posible salida de las filosofía puramente especulativas. Esta tarea da sentido a su tesis doctoral. Marx hace un paralelismo histórico, si Hegel era el non plus ultra de la especulación filosófica y aunténticamente después de una etapa especulativa venía la realización práctica de la filosofía, debí encontrarse también esa constancia en los albores del pensamiento, es decir en la filosofía griega. Aristóteles representó para el joven Marx el paralelo de Hegel, aquel que sintetiza y ordena el pensamiento de su época y de épocas precedentes y parece haberlo pensado ya todo. La diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro es la revisión crítica que hace Marx de los autores post-aristotélicos, peculiarmente de Epicuro. Sabemos que Demócrito era contemporáneo de Platón y había muerto antes del nacimiento de Aristóteles. Para Marx encontrar un después de Aristóteles en Epicuro y revalorizarlo, es revalorizarse a sí mismo; y revalorizar la filosofía de la práctica es revalorizar ese momento de la praxis que se presenta como superadora de Hegel.
Marx atento a las leves variaciones de la teoría encuentra que Epicuro defiende el clinamen, que se presenta como un desvío en la trayectoria del átomo que lo hace encontrarse con otro átomo, y se produce una colisión y en una reacción en cadena hay una reunión de átomos forman las cosas. ¿Qué causa este desvío? La respuesta a esta pregunta es lo que hace de Epicuro un materialista radical: Nada, es absolutamente de aleatorio.

El Clinamen como principio de un materialismo radical:

Para Marx y cierto marxismo tradicional, no hay un acto de creencia en el clinamen o de intencionalidad mínima. Esta inmanencia es negativa, la libertad aquí es ausencia de necesidad. En su tesis doctoral Marx hace así la distinción entre el materialismo Demócrito y Epicuro. Mientras que Demócrito afirmaba que la desviación del átomo primigenio era causada por un principio organizacional del universo, Epicuro niega que la idea de la desviación aparezca como la “causa” primera, esa tal “causa” es únicamente un principio explicativo, ya que sólo es necesaria para atar la materia en general.
El materialismo hace aparece el carácter fundamental de la libertad que está en este apego a la renuncia de la explicación por principios fuera del conflicto. Lo primero que se tiene, es una colisión, un choque.
Marx encuentra en Epicuro una filosofía antideterminista y antiarmónica. Cualquier cosa que existe surge del conflicto, un conflicto que no necesita ser entendido dentro de una lógica racional, ordenadora y discursiva. El origen de todo consiste en el desafío de la necesidad. No hay encuentro sin violencia, y es la contradicción en el seno de la dialéctica.
Marx reinterpreta a Epicuro, su materialismo va a ser desde ese momento el cruce azaroso en la incertidumbre total, es creer en lo que ocurre, en los hechos, en los acontecimientos. El acontecimiento no se sostiene de nuestra creencia, al contrario la condiciona.
La línea divisoria entre el materialismo radical de Epicuro y el materialismo racional de Demócrito es tenue ¿Qué es lo que está en cuestión? Marx detecta que para creer en la misma negatividad se requiere primero la afirmación; podemos decir, se requiere creer que es válida la interrogación y es por lo cual Badiou dice que la idea que fundamenta al marxismo es la incertidumbrei.
Esta indeterminación que hay al principio será trasladada a todos los ámbitos del pensamiento. Lo que se encuentra en la materia debe encontrarse en todos los demás terrenos. A Marx le interesa el valor conceptual que puede tener la idea del clinamen. Es decir que aquello en lo que todo descansa no sea un principio racional positivo. Empezar la explicación por la experiencia que tenemos a cada momento.
Marx busca un lugar para la práctica y para el sujeto dentro de esta indeterminación originaria. Para encontrar una vía que pueda superar aquello que se consideraba como el grado insuperable de la especulación filosófica, Hegel, un más allá de él, había que buscarlo en la práctica.
Cuando Feuerbach invierte el idealismo hegeliano es para darle una concreción a las ideas que sólo puede postularse mediante un acto de creencia. El sujeto al que se está refiriendo Feuerbach, nos dice Marx, es un sujeto objetivado. No nos habla del sujeto fáctico, sino del hombre afuera, de la huella del hombre en el afuera, y de la materialización de ese hombre visto por el sujeto.
La materialidad a la que se refiere Marx es una materialidad de la acción, de la práctica, del movimiento, no se demuestra a través de la puesta en evidencia de su presencia, sino a través de los efectos de mis acciones; en la medida en que transformo lo que veo demuestro la materialidad de mi práctica. Cuando por mi gesto, impulsado por las fuerzas que me animan, logro transformar el mundo que me rodea, ahí tengo algo a lo que podemos dar el nombre de “materialidad”. Entonces es una materialidad indisociable del sujeto. El materialismo de Marx es absoluto, pero él lo llamará dialéctico. Esto quiere decir que la oposición entre la oposición de lo subjetivo y lo objetivo se supera en la dialéctica aunque sin dejar de existir.
Para Marx el hecho de que la práctica prolongue la tarea de la teoría, implica también que la filosofía que aparecía circunscrita a lo objetivo, llega al ámbito del sujeto. Para el joven Marx aún se trataba de una práctica del sujeto. La teoría es superada por un sujeto que asume la teoría y se libera de ella realizándola.
El desenlace sintético de la dialéctica, no corresponde a lo absoluto. Cuando lo subjetivo y lo objetivo se relacionan entre sí y van más allá de aquello que los opone, llegamos a una acción de transformación, o la creación de una realidad objetiva (que es subjetiva). Es absoluta en el sentido que es una negación de lo relativo (en tanto relacional) del sujeto y el objeto. En el pensamiento de Marx jamás llegaremos al saber absoluto. Hay una inestabilidad siempre en la realidad histórica, nunca superamos la relación. ¿Por qué? Althusser usa el término de “sobredeterminación”ii, es decir un número infinito de factores que no podemos pensar. No se puede pensar totalmente, siempre habrá una opacidad que le impide pensarse, y ésta es la indeterminación originaria de la materia.
Precisamente no sabemos todo, y es por eso que podemos sorprendernos, y ese espacio de la sorpresa, nos dirá Althusser, es el espacio de la libertad. Esta es la presencia material del mundo que se enfrenta a la filosofía y a la aspiración de la transparencia del saber para sí mismo.
No llegamos al absoluto porque hay algo que siempre está impidiendo esta transparencia y esta es la opacidad de la oscuridad. Ya que todo puede transformarse. Marx aprende del materialismo de los antiguos griegos que la materialidad está en el acto, pero lo que da forma al mundo es la desviación. Que las lógicas del mundo son todas resultado de una acción arbitraria, o de una serie de acciones indeterminables teoréticamente. Esto rechaza la idea tradicional en la filosofía de que podemos explicar el origen de todo a través de una idea filosófica, eso quiere decir que el principio es inteligible y que el método filosófico (el ideal) puede acceder y dar razón del mundo. Pero lo que Marx encontró en el concepto de clinamen es una idea sin idea, la libre asociación. Desde entonces la apuesta de su materialismo está en aferrarse a aquello que resiste a la representación y que por lo tanto resiste a la metafísica. Se trata de un punto de partida refractario a la reflexión metafísica y que sin embargo trata de ser convincente. Es una posición muy incómoda y fronterizaiii.

La idea sin idea y el instrumento crítico de Marx:

Lo que se pretende es explicar sin comprender o explicar lo incomprensible. En la Ideología alemana Marx elabora la crítica contra las “palabras” ya que estas valen por lo que producen y por sus consecuencias. La idea sin idea, que está a la base del materialismo, permitirá a Marx un poderoso instrumento de análisis de las estructuras orgánicas de la modernidad. El Estado, el mercado, la cultura, todas son sometidas a este principio de conflicto en el que manifiestan sus tensiones internas, estás tensiones dialécticas arrojan las condiciones para las coyunturas que propician la transformación. El objetivo analítico y crítico de Marx no es otro más que el de identificar las estructuras de conflicto que se ponen en juego en cada ocasión y presentan la oportunidad de una transformación revolucionaria. La Historia misma se desliza sobre este terreno limado por el choque de las fuerzas que se enfrentan.
La idea sin idea, la palabra vacía que se pretenden organizacional, el Capital que habla por la boca de los ideólogos, políticos o los economistas ingleses, tenemos ahí sólo palabras, ideas que no son exactamente ideas. El pensamiento es inmanente a su expresión, está enredado en el funcionamiento material del sistema, que se muestra como un sistema de pensamientos.
La idea sin idea más fuerte de Marx es la práctica. Cuando se considera que la consciencia de clase se despliegua de un modo que no puede ser pensado propiamente por quien actúa. Se piensa con la acción.
Estas ideas no son objetos psicológicos, sino son objetos históricos. Marx jamás lo explica como si hubiera un lado incomprensible de esta materialidad que lo resiste. ¿Cómo funciona el Capital a través de las palabras? Ordenándolas. Cada autor dice más de lo que piensa que está diciendo. Lo que yo creo, o las razones que doy de mis actos, son pretextos y no son las verdaderas causas, son pretextos conscientes y no las verdaderas causas. La crítica a la ideología que hace el marxismo es la insistencia en la invalidación de los pretextos por el simple hecho de ser conscientes, hay una crítica a la consciencia como actividad separada de las relaciones concretas.
Tanto Marx como Freud, cuando leen los discursos, autores, artistas, ven y escuchan más allá porque las palabras dicen siempre más allá de sí mismas. Desde Saussure la palabra nos lleva siempre a las sopresas (“deslizamiento del significado”) que no obedecen a ninguna racionalidad, sino a una seria infinita de excepciones. Los dioses efectivamente se han retirado o desinteresado de sus creaciones y eso fundamenta la posibilidad de la libertad.
Marx en la Crítica a la filosofía del derecho de Hegel nos dice que “encontrar” un mundo nuevo no es “pronosticar el futuro.” Esto había aparecido antes en algunos de sus escritos de juventud: “No tratamos de anticipar dogmáticamente el mundo, sino que tratamos de encontrar el mundo nuevo a través de la crítica del viejo.”iv Marx. La anticipación de lo que será el mundo, es propia del pensamiento dogmático, que habla con trono profético. La crítica le habría permitido al político no saber aquello en lo que se va convertir lo que ya existe. La crítica que se le presenta al materialismo de Marx es aquella que nos permite un "descubrimiento" y no anticipación, ni una creación. La crítica se somete a lo que existe. El acto/evento trasciende la contradicción propia entre la voluntad propia (especulativa) y las determinaciones reales. Lidiar con la realidad hasta hacer algo con la realidad existente. Ese algo habrá existido a través de mi acción. Lo haré surgir.
Los únicos descubrimientos se hacen actuando. Se descubre sumergiéndose en la realidad social, en el trabajo, ahí se descubre algo, paran Marx. Para Marx se puede ser tan especulativo en la calle como en la Universidad. O exageradamente práctico. Se trata de criticar a la posición idealista, de superarla. Cuando Marx critica a los "filósofos" es una metáfora para criticar a cualquier idealismo (el de un líder político, el de un profesor etc.)
Así, en el materialismo radical de Marx la Historia no es una repetición de lo mismo o un desarrollo racional del espíritu, la repetición no siempre es farsa, a veces es tragedia. Lo que se repite no se repite de la misma manera. Lo real se reproduce, pero como imaginario. Esto es muy importante, ya que el acontecimiento, al repetirse, se vuelve simulacro. El pasado aparece en las circunstancias bajo las cuales hacemos nuestra historia, lo que nos queda es nuestra libertad, es decir, lidear con ellas. Las circunstancias predeterminan lo que se puede hacer con ellas. La historia no es producto del libre arbitro del hombre. Las circunstancias también son aquello que puede revestir nuestra acción, de eso que fue real y que ahora no es más que una simulación. Con esta tensión Marx analiza la retórica de la revolución burguesa: El pasado siempre está sirviendo para decorar el presente.
La revolución va a aparecer como aquello que sólo puede triunfar verdaderamente si crea algo nuevo y si evita los difraces. En la época nueva, que no sabemos como actuar, las traducimos a nuestro pasado para comprenderla. La revolución, en su carácter de acontecimiento, se asemeja a una creación ex nihilo. No obedece pues a una evolución, sino a una irrupción de algo totalmente nuevo que sólo se puede explicar a partir de su propia lógica. Marx insiste entonces en este carácter aleatorio del acontecimiento. Tales parecen las consecuencias más claras de la puesta en función del principio de irracionalidad del clinamen que Marx descubre en Epicuro.

iBadiou, Alain. Lógicas de los mundos: el ser y el acontecimiento, 2. Buenos Aires: Manantial. 2008
iiAlthusser, Louis. La Revolución Teórica de Marx. Ed. Siglo XXI, México, 1975. Trad. Martha Henecker. p. 71
iiiZizek, Slavoj. Contingencia, Hegemonía, Universalidad, ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2003,

ivMarx, Karl. Obras fundamentales: escritos de juventud. FCE, México. 1982. I. p. 458.