Nausicaa
Soy Ulises en la playa
atravesado por la raya de la mirada de ti
Nausica, hija del viento,
y tu boca
si toca
si choca
loca, roca
es tu boca
toca tu boca la roca que mira la loca al náufrago vencido
choca la roca en tu boca si la loca naufraga la mirada vencida,
loca la roca que toca tu boca y choca venciendo la mirada naufragada,
roca la boca loca que toca lo que choca del náufrago de Ítaca.
Nausica...
Náutica…
Flautica…
Pautica…
Ítaca se reduce al olvido…
a las barreras del olvido
las rejas del olvido
las jaulas del olvido
las canillas del olvido
las puertas del olvido
las ventanas del olvido
las cadenas del olvido
las cajas del olvido
las casas del olvido
las plazas del olvido
las ciudades del olvido
las marismas del olvido
las selvas del olvido
las tundras del olvido
las fiestas del olvido
las bodas del olvido
las tropas del olvido
las trompas del olvido
las trovas del olvido
las trotas del olvido
las trinas del olvido
las catrinas del olvido
las letrinas del olvido
las vitrinas del olvido
las cirinas del olvido
las cesinas del olvido
las asesinas del olvido
las vecinas del olvido
las encinas del olvido
las ancianas del olvido
las andinas del olvido
las antenas del olvido
las animas del olvido
Y las notas del olvido.
El olvido es una palabra prometedora, como ojos de neonato,
en momentos como este, donde caen las hojas del cacto,
y las cobijas abrazan la ausencia
de los cuerpos transeúntes que recuerdan a mi patria,
yo le hago banderas a sus presencias,
y siempre canto para sus rostros todas mi ventanas,
que son mis ojos, y los limpios con mis lágrimas
por eso estoy llorando todo el tiempo
limpio mis ventanas lacustres, espejo de los dioses en dilema,
para todos los transeúntes estelares
que nunca bajan
y que no tocan mi puerta,
ni la habitan
ni la invitan
ni la evitan
ni la incitan,
ni la esperan,
ni la quiebran,
ni la prueban,
ni la cruzan,
ni me llevan a mi Ítaca…
california inconfundible de mi melancolía….
El olvido es una palabra comprometedora, como sombras de olivo,
en momentos como este, donde la respiración cala
y los cabellos se enredan como anémonas incautas,
de las manos pilotos de agua que no palpan mi pecho,
que es la caja musical de mis recuerdos,
y le doy cuerda todas las noches con tu sexo,
que se abre como flor que muere en sus pistilos
y libera un olor de madreselva,
de madrebosque
de madrehierba
de madrebuena
de madredera
de madera
de madrigal
de manantial
de matorral
de maizal
de manera
de materia…
El olvido es una palabra contenedora, como nidos de golondrinas del fuego,
en momentos como este, donde las marismas suben a mi cuello
y me inunda el mar en versos de espuma que es lana de borregos,
que cubren mi desnudez de hombre vagabundo,
con la gracia del recuerdo de las Troyas invadidas,
donde era rey y era estratega,
y descubrí como mono la pintura,
como hormiga la arquitectura,
como pájaro la soltura,
como pez la envergadura,
como león la tesitura,
como perro la bravura,
como gato la negrura,
como araña la figura,
como elefante la ternura,
como serpiente la mesura,
como caracola la locura,
como tortuga la altura,
como cocodrilo la anura,
como lagartija la llanura,
como leopardo la anchura,
como crótalo la cura,
como gusano la ranura,
como caballo la sulfura,
como borrego la cordura,
como medusa la escultura,
como pulpo la miniatura,
como foca la criatura,
como anguila la blancura,
como venado la pastura,
como camaleón la compostura,
como cucaracha la natura,
como cerdo la finura,
como vaca la flacura,
como rata la basura,
como ameba la espesura,
y como hombre la cultura.
El olvido de mi Ítaca, boca,
Que es roca, que trastoca y trastueca
Como una tuerca que se ultratélura,
Mueca seca que se mece en la mécedula
De médula, de célula de cédula y es trémula
Cual férula tarántula que se oculta en la roca,
Y choca mi boca con tu boca, que provoca
El roce del goce en el gozne del no sé bose,
Tu boca loca de hastío y frío,
Choca en el vacío del mío impío, guío
Mi río y no fío del rocío agrio de tu boca, Nausica.
Nausica de las galaxias que se extienden en el espacio
Y cortan las alas de las luciérnagas, ebrias de su luz,
que engañan a la luna en tus faldas de estrellas,
donde cosiste todas las constelaciones.
Enfermo estoy Nausica, enfermo y perdido,
y no me salvan todas tus lamentaciones,
y no me salva tu boca roca,
Que mira atónita el árbol que tiene dedos de hojas,
Nausica, yo no sabía que la luz era tan bella,
La tengo grabada en los párpados, y me embriaga del matiz
Y de sus formas, del color y de sus líneas,
Absorto en todas las perspectivas, Nausica,
Eres un punto difuso que corta las plumas gastadas del éter,
Punto de todas las caricias atómicas,
Miradas de protones fluorescentes,
Que se desdoblan en luz a la fragilidad de tu roce,
La luz es la orgía de la oscuridad de tus cabellos Nausica,
Porque en el negro de tus ojos, las formas se confunden,
Se penetran los colores, tienen coito los sonidos,
La materia informe jadea, hace ruido.
Nausicaa tú segundo nombre es el olvido,
Nausica te has tragado todas mis Itacas,
Alcínoo, tu padre, me ha dado la caja de los vientos,
Vientos que remontaran las olas,
Solas olas todas,
Todas las olas mueren solas,
Ahítas de furia del mar,
Se arrojan a la playa
El único tacto que conocen,
Del que no quieren alejarse
Y se aferran con su espuma.
Nausica arrástrame fuera del mar,
Donde la arena no sea la dermis de mi maldición,
Canción de dios colérico, juego de dios niño
De dios histérico,
De dios telúrico,
De dios homérico,
De dios mesiánico,
De dios maniático,
De dios anémico,
De dios ascético,
De dios escéptico,
De dios sádico,
De dios antagónico,
De dios satírico,
De dios poético…
Incontenible como todos los dioses
Es tu mirada Nausica.
En mi garganta,
Ahora que te vas de viaje,
Como viento que eres, hija de viento
Sólo queda una voz,
Ítaca… Ítaca…Ítaca.
Gerardo Cielorraso
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domingo, 15 de agosto de 2010
miércoles, 11 de agosto de 2010
Coplas A Una Hija Del Viento
Coplas
I
Quiero extenderte esta mano
[de mi corazón a tu ausencia]
Para salvarte la vida.
II
Después que entraste en mí,
Tuvo que mudarse mi tristeza.
III
El frío del silencio
Es la ausencia de tus ojos.
IV
No estoy nunca donde me faltas,
Y llego tarde a donde te encuentro.
V
La luz antes que al miedo,
Había parido a la belleza.
VI
El impulso de tu vida es la muerte,
La vida es el impulso de mi muerte.
VII
Te voy a construir un par de alas,
De esas que no se derriten bajo el sol.
VIII
Si quieres irte es porque presientes
Que el mundo es más pequeño que tus pasos.
IX
Pero nuestros besos construyen la máxima de las distancias,
El deseo.
X
Ahogándome en tu sexo,
soy un dios que quema su templo.
XI
Sólo puedo ser luz
Mientras tú seas la oscuridad.
XII
Las gotas de lluvia ensayan tu tacto,
Las tormentas lejanas, tu presencia.
XIII
Me dices que amar no es fácil,
Yo siempre he sabido, que es simple.
XIV
Siempre que dices adiós, te quedas,
Siempre que digo quédate, me despido.
XV
No me despido porque nunca te vas,
Aunque dejes el espacio entre nosotros.
XVI
En la noche establezco
vínculos de inmortalidad con el silencio.
XVII
Estás ahi porque te miro,
y yo estoy aquí porque me miras.
I
Quiero extenderte esta mano
[de mi corazón a tu ausencia]
Para salvarte la vida.
II
Después que entraste en mí,
Tuvo que mudarse mi tristeza.
III
El frío del silencio
Es la ausencia de tus ojos.
IV
No estoy nunca donde me faltas,
Y llego tarde a donde te encuentro.
V
La luz antes que al miedo,
Había parido a la belleza.
VI
El impulso de tu vida es la muerte,
La vida es el impulso de mi muerte.
VII
Te voy a construir un par de alas,
De esas que no se derriten bajo el sol.
VIII
Si quieres irte es porque presientes
Que el mundo es más pequeño que tus pasos.
IX
Pero nuestros besos construyen la máxima de las distancias,
El deseo.
X
Ahogándome en tu sexo,
soy un dios que quema su templo.
XI
Sólo puedo ser luz
Mientras tú seas la oscuridad.
XII
Las gotas de lluvia ensayan tu tacto,
Las tormentas lejanas, tu presencia.
XIII
Me dices que amar no es fácil,
Yo siempre he sabido, que es simple.
XIV
Siempre que dices adiós, te quedas,
Siempre que digo quédate, me despido.
XV
No me despido porque nunca te vas,
Aunque dejes el espacio entre nosotros.
XVI
En la noche establezco
vínculos de inmortalidad con el silencio.
XVII
Estás ahi porque te miro,
y yo estoy aquí porque me miras.
lunes, 9 de agosto de 2010
La Orgía de las Estatuas
La Orgía de las Estatuas
Las miradas inmóviles se palpan,
Quién sabe hace cuantos siglos que se atrapan.
Las sonrisas pétreas se llaman,
Jamás sintió la dureza tanta suavidad.
Los apéndices adheridos a la banca,
Las piernas estáticamente inquietas,
Las estatuas que se miran
De un lado a otro del balcón.
Entonces inician su orgía,
Orgía perpetua y sostenida
En el transcurso sin tiempo,
Donde con una mano de mármol,
La estatua de él la acaricia en la distancia
Y la estatua de ella siente el beso
Contenido por los siglos.
Sus ojos de piedra, los de ella,
Brillan con la intensidad de todos los granitos,
Y se desprende de sus prendas cinceladas,
Esculpida pasión que los contiene,
Las estatuas se tocan en el tiempo sin tiempo.
Hay de pronto movimiento,
Y ella se siente traspasada por esos dedos de mármol,
Frente a ella la estatua de él se desborona,
Ya quiere ser arena,
Ya quiere traicionar su pedestal
Y saltar al suelo, alcanzarla.
Ella lo llama con una mirada que ha ido practicando
Desde que era un mármol virgen
En la entraña de un montaña olvidada,
Pero resuena en sus venas porosas,
El llamado de esa fricción que la pulió de blanco,
Y vuelve a sentir el cincel que la esculpía.
El cincel es la mirada de él,
Que siente sobre sí,
El martillo que le arrancó de la loza,
Y extiende su mano blanquísima
Y logra tocarla su intención pétrea,
Se inicia el roce sin tacto,
Donde el soplo y las gotas
Son el elemento que los besa.
Ella se palpa sus pechos de roca,
Inexplicablemente suaves,
Se besa ese hombro donde a veces se posan las aves,
Él siente palpitar uno de sus pedernales,
Que se ha vivificado con su tacto,
Él trata de alcanzar aquel esculpido rostro,
El amor de las estatuas, erótica sin tiempo,
Tacto sin contacto,
Iniciando una desesperación inconcebible,
Que él solo soporta porque es de mármol.
Ella entreabre su delicada boca,
Manda besos que el aire irá repartiendo entre los días,
Y entonces el viento que intenta desgastarlo con los siglos
Son los besos de ella,
Mandados hace ya muchos siempres.
El sexo pétreo escurre agua,
Quizás la lluvia piensa ella,
Más nunca su roca se sintió tan blanda
Tan débil y en la continuidad palpita,
No hay momentos para ellos,
Todo gesto se repite tantas veces
Que parece no suceder nunca su encuentro.
Ella siente ese tacto todo el tiempo
Hasta en los días sin viento
Donde la mirada de él es sol y la calienta,
Donde sus besos son agua y escurren
Por su cuello esculpido,
La orgía de las estatuas es perpetua.
Ellos se miran día con día,
Atrapados en la inmóvil caricia,
tan lenta, tan sutil,
que ha pasado a ser imperceptible.
Esculpidos en dos bancas contrarias
Intentan abrazarse desde siempre,
No recuerdan otro origen que no fuera ese abrazo,
La mano de él quisiera desprenderse
Y alzarse a un intento imposible;
Ella quisiera tener sonido que no fuera el de las aves
Y gritar su amor,
Quisiera ser estatua de hielo
Para derretirse en una expresión inédita de entrega;
Él quisiera ser arena
Y que el viento lo frotara en contra de ella,
De su pulida piel de mármol.
Las estatuas saben que fueron extraídas de un mismo mármol,
Saben que estuvieron en una orgía intensísima
Sólo contenida en las entrañas de la tierra,
Al probar la luz del mundo,
Dos manos de artista las separaron,
Un Dios maldito y creativo
Interrumpió su sueño,
Y les trajo la desesperación de la distancia,
Jamás les pesó tanto su inmovilidad,
Jamás se habían sentido tan distantes,
Roca que quiere lamer roca
Pero que no se esculpió una lengua para el beso,
Un beso recordado de cuando fueron un solo bloque.
Y de pronto… ellos recuerdan,
Que son seres del mismo mármol,
Y sonríen,
Y se ponen de pie
Y se tocan….
Gerardo Cielorraso
Las miradas inmóviles se palpan,
Quién sabe hace cuantos siglos que se atrapan.
Las sonrisas pétreas se llaman,
Jamás sintió la dureza tanta suavidad.
Los apéndices adheridos a la banca,
Las piernas estáticamente inquietas,
Las estatuas que se miran
De un lado a otro del balcón.
Entonces inician su orgía,
Orgía perpetua y sostenida
En el transcurso sin tiempo,
Donde con una mano de mármol,
La estatua de él la acaricia en la distancia
Y la estatua de ella siente el beso
Contenido por los siglos.
Sus ojos de piedra, los de ella,
Brillan con la intensidad de todos los granitos,
Y se desprende de sus prendas cinceladas,
Esculpida pasión que los contiene,
Las estatuas se tocan en el tiempo sin tiempo.
Hay de pronto movimiento,
Y ella se siente traspasada por esos dedos de mármol,
Frente a ella la estatua de él se desborona,
Ya quiere ser arena,
Ya quiere traicionar su pedestal
Y saltar al suelo, alcanzarla.
Ella lo llama con una mirada que ha ido practicando
Desde que era un mármol virgen
En la entraña de un montaña olvidada,
Pero resuena en sus venas porosas,
El llamado de esa fricción que la pulió de blanco,
Y vuelve a sentir el cincel que la esculpía.
El cincel es la mirada de él,
Que siente sobre sí,
El martillo que le arrancó de la loza,
Y extiende su mano blanquísima
Y logra tocarla su intención pétrea,
Se inicia el roce sin tacto,
Donde el soplo y las gotas
Son el elemento que los besa.
Ella se palpa sus pechos de roca,
Inexplicablemente suaves,
Se besa ese hombro donde a veces se posan las aves,
Él siente palpitar uno de sus pedernales,
Que se ha vivificado con su tacto,
Él trata de alcanzar aquel esculpido rostro,
El amor de las estatuas, erótica sin tiempo,
Tacto sin contacto,
Iniciando una desesperación inconcebible,
Que él solo soporta porque es de mármol.
Ella entreabre su delicada boca,
Manda besos que el aire irá repartiendo entre los días,
Y entonces el viento que intenta desgastarlo con los siglos
Son los besos de ella,
Mandados hace ya muchos siempres.
El sexo pétreo escurre agua,
Quizás la lluvia piensa ella,
Más nunca su roca se sintió tan blanda
Tan débil y en la continuidad palpita,
No hay momentos para ellos,
Todo gesto se repite tantas veces
Que parece no suceder nunca su encuentro.
Ella siente ese tacto todo el tiempo
Hasta en los días sin viento
Donde la mirada de él es sol y la calienta,
Donde sus besos son agua y escurren
Por su cuello esculpido,
La orgía de las estatuas es perpetua.
Ellos se miran día con día,
Atrapados en la inmóvil caricia,
tan lenta, tan sutil,
que ha pasado a ser imperceptible.
Esculpidos en dos bancas contrarias
Intentan abrazarse desde siempre,
No recuerdan otro origen que no fuera ese abrazo,
La mano de él quisiera desprenderse
Y alzarse a un intento imposible;
Ella quisiera tener sonido que no fuera el de las aves
Y gritar su amor,
Quisiera ser estatua de hielo
Para derretirse en una expresión inédita de entrega;
Él quisiera ser arena
Y que el viento lo frotara en contra de ella,
De su pulida piel de mármol.
Las estatuas saben que fueron extraídas de un mismo mármol,
Saben que estuvieron en una orgía intensísima
Sólo contenida en las entrañas de la tierra,
Al probar la luz del mundo,
Dos manos de artista las separaron,
Un Dios maldito y creativo
Interrumpió su sueño,
Y les trajo la desesperación de la distancia,
Jamás les pesó tanto su inmovilidad,
Jamás se habían sentido tan distantes,
Roca que quiere lamer roca
Pero que no se esculpió una lengua para el beso,
Un beso recordado de cuando fueron un solo bloque.
Y de pronto… ellos recuerdan,
Que son seres del mismo mármol,
Y sonríen,
Y se ponen de pie
Y se tocan….
Gerardo Cielorraso
sábado, 31 de julio de 2010
De La Comunión...
"Me celebro y me canto a mi mismo"
- Walt Whitman-
No espero nada,
me tragan los instantes,
bestias invisibles me arrancan los ojos.
Se afinana todas las cenizas a mi alrededor,
los cantos insomnes de la desesperación...
¿qué es el sentido?
¿dónde está el vínculo?
Pierdo mi máscara de hombre con los días,
se agrieta... a mi alrededor... ruidos sordos,
ahogando cualquier sonido posible,
frente a mis ojos, se quema el horizonte...
después... quisiera arrancarme la piel,
quebrar mi frontera con el todo,
disgregarme un poco y ser polvo,
debatirme en el vaivén tempestuoso de las olas,
quiero ser azotado por las marea, como risco huérfano,
mi cabeza fertilidad de todos los hongos y los musgos ha de ser,
porque no he servido para hombre:
¡habré de ser carroña!
Pero se detienen los astros,
soy orbitado solamente por las moscas,
soy disgregado en esquirlas de lo absurdo,
me calan los huesos todas sus miradas,
escrutándome,
me quiebra su tacto, no lo soporto,
no quiero ser el cisne moribundo en este lago...
¿A qué se le llama casa?
¿Un techo hace una casa?
¿La mujer y el hombre que te traen el mundo son tus padres?
Soy por siempre culpable de mi propia biología,
responsable de mi existencia,
una deuda que me han hecho pagar con obediencia,
quiero destrozarme en la absurdidad,
y consumirme en el delirio...
No tengo apellido,
no soy de ninguna familia,
perdí mi nacionalidad,
no recuerdo mi cumpleaños,
no tengo otra hermandad más que la de las sombras,
el resto de los hombres son mis hermanos,
mi madre es el cielo tremendo de las tormentas,
mi padre es el eco multívoco del caos,
fuera de ahí soy un extraño,
pero en todas partes me veo,
bajo cualquier roca podría construir mi casa,
y cualquier árbol podría reclamarlo como mío,
no veo razón para seguir con el teatro,
donde finjo un parentezco que de todas formas tengo con la humanidad...
He perdido a la gente que amo,
Y amo más a la gente que he perdido,
esa es la realidad,
el amor es siempre una falta,
una ausencia...
Al menos eso era,
Ahora extenderé el amor como una fuerza,
incineraré al mundo con mi amor,
hasta el más pequeño pétalo
hasta el mínimo gusano,
hasta el ácaro pacífico,
¡temblaran por la fuerza de mi eros!
Mi coito con el mundo será absoluto,
no necesito más familia que lo inconmesurable
más apellido que lo sublime,
que se traguen todos su extrañeza,
nadie me será desconocido,
le doy a todos el derecho de comer mi carne,
y beber mi sangre como vino.
Abrazo ahora y para siempre
al tiempo entero en mi pecho,
como un niño incomprendido, llorará entre mis brazos,
deshilará su pasado y su futuro entre alaridos,
hasta que sólo quede el presente,
donde estaré siendo,
renuncio a ser para estar siendo,
renuncio a la permanencia,aunque me engulla la vaguedad,
renuncio a la verdad por la interpretación,
a la elocuencia por la poesía,
a la identidad por la transformación,
a la fidelidad por la inmolación.
Amaré cada piedra como si fuera la más hermosa de las mujeres,
destruiré con mi tacto todos los caudales,
y labraré con mis párpados nuevos cuaces para los ríos,
soportaré sobre mi espala a todos los huracanes,
penetraré en todas las cuevas,
me dejaré pulverizar por todos los relámpagos,
las bestias comeran de mi carne,
mucho antes que los gusanos, que también tendrán su parte.
Soy absoluto y renuncio a la pasión,
paso a ser acción absoluta,
paso a ser corriente feroz de cualquier río,
avalancha incontenible,
sentirán mi fuerza todas las montañas,
cada mujer sentirá mis penetraciones,
cada hombre probará el sabor de mi sexo,
cada niño me verá como una caricia tierna,
cada anciano tendrá de mi tiempo para contarme sus historias interminables...
Comeré con los hambrientos, aunque sea mi propia carne,
sanaré con los enfermos, aunque muera por contagio,
reiré con los olvidados, los abandonados, los que no tienen nombre,
los huérfanos, los desahuciados, los desamparados,
todos podrán saquearme,
los ladrones podrán venderme,
las prostitutas limpiarán sus sexos en mí,
los extranjeros harán el amor conmigo sintiéndose en casa,
abrazaré con ternura a todos los niños abortados,
buscaré a las familias de todos los renegados,
me iré a la cárcel en lugar de todos los criminales,
tengo millares de eternidades,
cumplir todas las sentencias me tomará sólo una de ellas;
Desde ahora y para siempre asumo mi caracter de estrella,
asumo mi luz originaria, y se las regalo a todos,
si se extiengue el sol, las plantas comerán de mí,
de mí harán sus fotosíntesis,
si se acaba el aire todos podrán respirar de mí,
hasta las rocas con poros finísimos, que toman aire sólo cada temblor,
si se acaba el agua, me abriré las venas
y todos se alimentarán de mi sangre,
los huertos se fertilizarán ¡con mi sangre!
las selvas tropicales estarán ¡húmedas de mi sangre!
los glacieras enteramente constituidos ¡de mi sangre!
Rios de mi sangre correrán hacia todo el mundo,
lagos, lagunas, manatiales, manarán de mi sangre,
será mi sangre la que desgaste la roca,
la que caiga en cascada,
la que llueva en chubasco, tormenta, monzón, huracán,
será mi sangre la que inunde el espacio que dejarán los mares,
y el orbe será rojo, un rojo tan intenso que será azul por mi sangre...
No espero nada,
no soy nada, porque estoy siendo cualquier cosa,
en cualquier instante me sorprendo como mariposa,
como pez en una red,
como conejo destripado por el águila, que también soy yo;
en todo momento soy a la vez roca, y a la vez mano que lanza la roca,
soy el río sobre el que la roca rebota, y el rebote mismo.
Si un niño con su dedo hace un hoyo en la tierra
lo siento en mi piel,
si una mujer llora, soy sus lágrimas, el motivo de su llanto;
soy el verdugo y el decapitado,
el juez y el jurado, y el acusado, ¡también ese eso yo!
¡He cometido todos los crimenes!
¡He alcanzado todas las virtudes!
Soy tan sutil como el yogui, tan implacable como el mercenario,
soy tan deboto como el fanático, y tan tremendo como el tirano,
no seré nada más y nada menos que todo,
fuera de ahi, mi individualidad,
es mera casualidad, en la que me encuentro temporalmente,
decido contenerme esta corta vida, bajo esta corta forma,
para disfrutar por un momento el espectáculo de mi mismo,
en todas partes...
No soy nada, nunca seré nada,
porque estoy siendo todo, en todo el tiempo..
Infinito y vacío, res extensa,
nada me sucederá, soy el suceso mismo,
nada me pasará, soy el paso y la condición del paso,
el universo se expande en mí
a la vez que soy el universo...
Y ahora soy tu también, leyendo estás líneas,
donde soy más abusrudo -¡y por eso más grandioso!-
que todo el lenguaje junto, que esto es sólo la mínima parte
de lo que podría decir, enumerándome a mi mismo,
sintiéndome guardían de mis desgracias,
tan inumerables como mis apetencias,
mis carencias y anhelos,
todo lo deseo, porque no tengo nada,
tener algo es ya separalo del todo,
como arrancarme un dedo para decir que es mío;
si todo está en mí,
la posesión es absurda.
Lo deseo todo, todo el tiempo,
todo me falta, hasta la carencia,
nada es mío, ni yo mismo, el yo se borra,
soy otro, no soy otro, este que soy no es,
está siendo, en virtud de esa continuidad,
me disgrego hasta la locura,
hasta romper el suelo frágil de la razón
invertir el suelo sublime
y hacer evidente mi misma poderosidad,
hacer patente mi fuerza absoluta.
Soy la síntesis y el momento sublime
soy el esquema y el símbolo,
la excepción y la regla,
la frontera y el paradigma...
Al final, soy hasta las moléculas diminutas que forman estas letras,
más presente estoy que nunca en mi poema,
porque está hecho de mi sangre,
que es el alfabeto entero.
Existo, luego pienso, luego siento, luego percibo,
luego amo, luego reconozco, luego juego,
luego toco, luego palpo, luego destruyo,
luego construyo, luego intuyo, luego... me encuentro a mi mismo,
en la multiplicidad incontable llamada mundo,
todo el tiempo, en cualquier tiempo,
y el tiempo aún lo tengo en los brazos...
como niño pequeño que me cuenta, que no es una línea recta vacía,
tiene miedo y frío,
y el espacio me cuenta que no es el otro,
que siempre está cerca,
que nos toca a cada momento,
y el pensamiento me dice que tiene frío
de tanto incendiarlo todo...
YO ESTOY SIENDO... TODO... NADA.. RUIDO... SILENCIO... UNIVERSO... ÁTOMO...
Gerardo Cielorraso...
- Walt Whitman-
No espero nada,
me tragan los instantes,
bestias invisibles me arrancan los ojos.
Se afinana todas las cenizas a mi alrededor,
los cantos insomnes de la desesperación...
¿qué es el sentido?
¿dónde está el vínculo?
Pierdo mi máscara de hombre con los días,
se agrieta... a mi alrededor... ruidos sordos,
ahogando cualquier sonido posible,
frente a mis ojos, se quema el horizonte...
después... quisiera arrancarme la piel,
quebrar mi frontera con el todo,
disgregarme un poco y ser polvo,
debatirme en el vaivén tempestuoso de las olas,
quiero ser azotado por las marea, como risco huérfano,
mi cabeza fertilidad de todos los hongos y los musgos ha de ser,
porque no he servido para hombre:
¡habré de ser carroña!
Pero se detienen los astros,
soy orbitado solamente por las moscas,
soy disgregado en esquirlas de lo absurdo,
me calan los huesos todas sus miradas,
escrutándome,
me quiebra su tacto, no lo soporto,
no quiero ser el cisne moribundo en este lago...
¿A qué se le llama casa?
¿Un techo hace una casa?
¿La mujer y el hombre que te traen el mundo son tus padres?
Soy por siempre culpable de mi propia biología,
responsable de mi existencia,
una deuda que me han hecho pagar con obediencia,
quiero destrozarme en la absurdidad,
y consumirme en el delirio...
No tengo apellido,
no soy de ninguna familia,
perdí mi nacionalidad,
no recuerdo mi cumpleaños,
no tengo otra hermandad más que la de las sombras,
el resto de los hombres son mis hermanos,
mi madre es el cielo tremendo de las tormentas,
mi padre es el eco multívoco del caos,
fuera de ahí soy un extraño,
pero en todas partes me veo,
bajo cualquier roca podría construir mi casa,
y cualquier árbol podría reclamarlo como mío,
no veo razón para seguir con el teatro,
donde finjo un parentezco que de todas formas tengo con la humanidad...
He perdido a la gente que amo,
Y amo más a la gente que he perdido,
esa es la realidad,
el amor es siempre una falta,
una ausencia...
Al menos eso era,
Ahora extenderé el amor como una fuerza,
incineraré al mundo con mi amor,
hasta el más pequeño pétalo
hasta el mínimo gusano,
hasta el ácaro pacífico,
¡temblaran por la fuerza de mi eros!
Mi coito con el mundo será absoluto,
no necesito más familia que lo inconmesurable
más apellido que lo sublime,
que se traguen todos su extrañeza,
nadie me será desconocido,
le doy a todos el derecho de comer mi carne,
y beber mi sangre como vino.
Abrazo ahora y para siempre
al tiempo entero en mi pecho,
como un niño incomprendido, llorará entre mis brazos,
deshilará su pasado y su futuro entre alaridos,
hasta que sólo quede el presente,
donde estaré siendo,
renuncio a ser para estar siendo,
renuncio a la permanencia,aunque me engulla la vaguedad,
renuncio a la verdad por la interpretación,
a la elocuencia por la poesía,
a la identidad por la transformación,
a la fidelidad por la inmolación.
Amaré cada piedra como si fuera la más hermosa de las mujeres,
destruiré con mi tacto todos los caudales,
y labraré con mis párpados nuevos cuaces para los ríos,
soportaré sobre mi espala a todos los huracanes,
penetraré en todas las cuevas,
me dejaré pulverizar por todos los relámpagos,
las bestias comeran de mi carne,
mucho antes que los gusanos, que también tendrán su parte.
Soy absoluto y renuncio a la pasión,
paso a ser acción absoluta,
paso a ser corriente feroz de cualquier río,
avalancha incontenible,
sentirán mi fuerza todas las montañas,
cada mujer sentirá mis penetraciones,
cada hombre probará el sabor de mi sexo,
cada niño me verá como una caricia tierna,
cada anciano tendrá de mi tiempo para contarme sus historias interminables...
Comeré con los hambrientos, aunque sea mi propia carne,
sanaré con los enfermos, aunque muera por contagio,
reiré con los olvidados, los abandonados, los que no tienen nombre,
los huérfanos, los desahuciados, los desamparados,
todos podrán saquearme,
los ladrones podrán venderme,
las prostitutas limpiarán sus sexos en mí,
los extranjeros harán el amor conmigo sintiéndose en casa,
abrazaré con ternura a todos los niños abortados,
buscaré a las familias de todos los renegados,
me iré a la cárcel en lugar de todos los criminales,
tengo millares de eternidades,
cumplir todas las sentencias me tomará sólo una de ellas;
Desde ahora y para siempre asumo mi caracter de estrella,
asumo mi luz originaria, y se las regalo a todos,
si se extiengue el sol, las plantas comerán de mí,
de mí harán sus fotosíntesis,
si se acaba el aire todos podrán respirar de mí,
hasta las rocas con poros finísimos, que toman aire sólo cada temblor,
si se acaba el agua, me abriré las venas
y todos se alimentarán de mi sangre,
los huertos se fertilizarán ¡con mi sangre!
las selvas tropicales estarán ¡húmedas de mi sangre!
los glacieras enteramente constituidos ¡de mi sangre!
Rios de mi sangre correrán hacia todo el mundo,
lagos, lagunas, manatiales, manarán de mi sangre,
será mi sangre la que desgaste la roca,
la que caiga en cascada,
la que llueva en chubasco, tormenta, monzón, huracán,
será mi sangre la que inunde el espacio que dejarán los mares,
y el orbe será rojo, un rojo tan intenso que será azul por mi sangre...
No espero nada,
no soy nada, porque estoy siendo cualquier cosa,
en cualquier instante me sorprendo como mariposa,
como pez en una red,
como conejo destripado por el águila, que también soy yo;
en todo momento soy a la vez roca, y a la vez mano que lanza la roca,
soy el río sobre el que la roca rebota, y el rebote mismo.
Si un niño con su dedo hace un hoyo en la tierra
lo siento en mi piel,
si una mujer llora, soy sus lágrimas, el motivo de su llanto;
soy el verdugo y el decapitado,
el juez y el jurado, y el acusado, ¡también ese eso yo!
¡He cometido todos los crimenes!
¡He alcanzado todas las virtudes!
Soy tan sutil como el yogui, tan implacable como el mercenario,
soy tan deboto como el fanático, y tan tremendo como el tirano,
no seré nada más y nada menos que todo,
fuera de ahi, mi individualidad,
es mera casualidad, en la que me encuentro temporalmente,
decido contenerme esta corta vida, bajo esta corta forma,
para disfrutar por un momento el espectáculo de mi mismo,
en todas partes...
No soy nada, nunca seré nada,
porque estoy siendo todo, en todo el tiempo..
Infinito y vacío, res extensa,
nada me sucederá, soy el suceso mismo,
nada me pasará, soy el paso y la condición del paso,
el universo se expande en mí
a la vez que soy el universo...
Y ahora soy tu también, leyendo estás líneas,
donde soy más abusrudo -¡y por eso más grandioso!-
que todo el lenguaje junto, que esto es sólo la mínima parte
de lo que podría decir, enumerándome a mi mismo,
sintiéndome guardían de mis desgracias,
tan inumerables como mis apetencias,
mis carencias y anhelos,
todo lo deseo, porque no tengo nada,
tener algo es ya separalo del todo,
como arrancarme un dedo para decir que es mío;
si todo está en mí,
la posesión es absurda.
Lo deseo todo, todo el tiempo,
todo me falta, hasta la carencia,
nada es mío, ni yo mismo, el yo se borra,
soy otro, no soy otro, este que soy no es,
está siendo, en virtud de esa continuidad,
me disgrego hasta la locura,
hasta romper el suelo frágil de la razón
invertir el suelo sublime
y hacer evidente mi misma poderosidad,
hacer patente mi fuerza absoluta.
Soy la síntesis y el momento sublime
soy el esquema y el símbolo,
la excepción y la regla,
la frontera y el paradigma...
Al final, soy hasta las moléculas diminutas que forman estas letras,
más presente estoy que nunca en mi poema,
porque está hecho de mi sangre,
que es el alfabeto entero.
Existo, luego pienso, luego siento, luego percibo,
luego amo, luego reconozco, luego juego,
luego toco, luego palpo, luego destruyo,
luego construyo, luego intuyo, luego... me encuentro a mi mismo,
en la multiplicidad incontable llamada mundo,
todo el tiempo, en cualquier tiempo,
y el tiempo aún lo tengo en los brazos...
como niño pequeño que me cuenta, que no es una línea recta vacía,
tiene miedo y frío,
y el espacio me cuenta que no es el otro,
que siempre está cerca,
que nos toca a cada momento,
y el pensamiento me dice que tiene frío
de tanto incendiarlo todo...
YO ESTOY SIENDO... TODO... NADA.. RUIDO... SILENCIO... UNIVERSO... ÁTOMO...
Gerardo Cielorraso...
lunes, 19 de julio de 2010
Síntesis.
"¡Oh inteligencia!, Soledad en llamas."
-José Gorostiza, Muerte Sin Fin-
Sabemos que el misterio abre una duda,
rumiar lento del silencio en el cerebro,
el la chispa solitaria que brota del pensamiento,
de la que nace todo fuego,
que desborda los ojos y los ahoga en realidad,
que rompe las fronteras de la percepción
y nos hunde en la agonía de las horas inconexas.
Sabemos también que la palabra es frágil,
no soporta el sentido
que es denso, ancho, inabarcable,
se rompen mutuamente.
Un río que fluye hacia ninguna parte
y de ninguna parte proviene.
Nuestro Decir sólo alcanza a mirarlo unos instantes;
sabemos que nadie se baña dos veces en un mismo significado,
por eso la definición se queda huérfana.
Supimos hace mucho que la luz engendra miedo,
y que es infinitamente bella,
que es en la oscuridad el pensamiento
una tenue luz de vela que destella con palabras.
Supimos además, que el mundo es incomprensible,
y el sentido es espiral;
supimos que el ascenso hacia Dios se dio por el mono que pensaba,
y encontró su propio reflejo vacío en el tiempo,
res extensa de su carne.
Supimos que la piel que nos cubría era nuestra alma,
que la afección era un ente,
y la pasión un fenómeno,
supimos que las gargantas del esquema
se rompen ante el canto del símbolo.
Supimos que la duda cierra una puerta
que la poesía todo el tiempo abre,
ambas bañadas en el asombro
de que el viento subsista en cualquier parte.
Entonces dijimos TE AMO.
Entonces resumimos todo ese saber en una frase,
y lo perdimos irremediablemente.
Deberíamos empezar por lo que sentimos.
-José Gorostiza, Muerte Sin Fin-
Sabemos que el misterio abre una duda,
rumiar lento del silencio en el cerebro,
el la chispa solitaria que brota del pensamiento,
de la que nace todo fuego,
que desborda los ojos y los ahoga en realidad,
que rompe las fronteras de la percepción
y nos hunde en la agonía de las horas inconexas.
Sabemos también que la palabra es frágil,
no soporta el sentido
que es denso, ancho, inabarcable,
se rompen mutuamente.
Un río que fluye hacia ninguna parte
y de ninguna parte proviene.
Nuestro Decir sólo alcanza a mirarlo unos instantes;
sabemos que nadie se baña dos veces en un mismo significado,
por eso la definición se queda huérfana.
Supimos hace mucho que la luz engendra miedo,
y que es infinitamente bella,
que es en la oscuridad el pensamiento
una tenue luz de vela que destella con palabras.
Supimos además, que el mundo es incomprensible,
y el sentido es espiral;
supimos que el ascenso hacia Dios se dio por el mono que pensaba,
y encontró su propio reflejo vacío en el tiempo,
res extensa de su carne.
Supimos que la piel que nos cubría era nuestra alma,
que la afección era un ente,
y la pasión un fenómeno,
supimos que las gargantas del esquema
se rompen ante el canto del símbolo.
Supimos que la duda cierra una puerta
que la poesía todo el tiempo abre,
ambas bañadas en el asombro
de que el viento subsista en cualquier parte.
Entonces dijimos TE AMO.
Entonces resumimos todo ese saber en una frase,
y lo perdimos irremediablemente.
Deberíamos empezar por lo que sentimos.
martes, 13 de julio de 2010
La Rosa y El Alba
Encontré tus ojos,
en medio de dos edades tiernas de silencio;
con su invitación pasmódica,
desdoblando las distancias a mi pecho.
Tus dedos tejieron un invisible hilo,
de mi boca a tu boca,
que palpitaba entre los pétalos de tu rosa íntima,
escondida en tu risa
y esparcida suave sobre tu blanca piel,
la rosa se volvío la lengua ede la noche.
Encontré tus manos,
en medio de la fricción de los instantes,
que desmembraban las huestes del eco
y visitaban las fibras de mi deseo perplejo.
Atrapada en la gracia de tu luz-aroma,
me tocaste como trueno, paroxismo inestrucable,
donde se acabaron todas las distancias,
y el espacio fue ciego,
entonces las bocas del aire
nos lamieron lentamente, todo el cuerpo.
Conocí tu desnudez como deslumbrado por la llama,
se quedó tu forma oculta en mis pupilas,
ya van mis manos a ensayarte de nuevo,
ya van mis risas a imitar tus alaridos.
Tus labios fueron aces de tinta,
suaves etapas de las estaciones de mi impulso,
concatenación de las voluntades tu cadera,
y en medio, suspendido, el tiempo.
Encontré tus brazos como infiernos de éter,
en los que ardí ahíto de vértigo,
de la altura de tus pechos caí al océano de mis venas
me agaché hasta mi sangre,
me escondí detrás de tus pupilas,
y la catástrofe de tus besos
abatió todas mis barreras.
Sobreviví a la tragedia de tu tacto,
me consumiste con el rojo de tu piel,
perdido en los mares de tu aliento,
me dejaste arrodillado ante el altar de tus pechos.
Encontré ahí tus palpitaciones
como la música más inédita del vuelo,
se extendió el horizonte sobre mi mano
para enseñarme tu secretas geografías...
Consumido entre tus miradas,
me deshiciste, pulverizando mis rocas interiores,
me agrietaste el cascarón del pensamiento
y desnudo me dejaste ante la duda.
Enloquecí en el asombro de tu aroma,
suave caricia que embriago estos versos,
en lo que ahora recuerdo que el alba,
fue el primer recuerdo que de eso tengo.
Vengo de conocer tu rosa interna,
de acariciar sus 24 pétalos,
vengo de ahogarme en sus pistilos,
y ebrio de ti, el alba me abrió los ojos
y me entregó la palabra que te nombra,
el epítome justo de tu mirada.
Gerardo Cielorraso
en medio de dos edades tiernas de silencio;
con su invitación pasmódica,
desdoblando las distancias a mi pecho.
Tus dedos tejieron un invisible hilo,
de mi boca a tu boca,
que palpitaba entre los pétalos de tu rosa íntima,
escondida en tu risa
y esparcida suave sobre tu blanca piel,
la rosa se volvío la lengua ede la noche.
Encontré tus manos,
en medio de la fricción de los instantes,
que desmembraban las huestes del eco
y visitaban las fibras de mi deseo perplejo.
Atrapada en la gracia de tu luz-aroma,
me tocaste como trueno, paroxismo inestrucable,
donde se acabaron todas las distancias,
y el espacio fue ciego,
entonces las bocas del aire
nos lamieron lentamente, todo el cuerpo.
Conocí tu desnudez como deslumbrado por la llama,
se quedó tu forma oculta en mis pupilas,
ya van mis manos a ensayarte de nuevo,
ya van mis risas a imitar tus alaridos.
Tus labios fueron aces de tinta,
suaves etapas de las estaciones de mi impulso,
concatenación de las voluntades tu cadera,
y en medio, suspendido, el tiempo.
Encontré tus brazos como infiernos de éter,
en los que ardí ahíto de vértigo,
de la altura de tus pechos caí al océano de mis venas
me agaché hasta mi sangre,
me escondí detrás de tus pupilas,
y la catástrofe de tus besos
abatió todas mis barreras.
Sobreviví a la tragedia de tu tacto,
me consumiste con el rojo de tu piel,
perdido en los mares de tu aliento,
me dejaste arrodillado ante el altar de tus pechos.
Encontré ahí tus palpitaciones
como la música más inédita del vuelo,
se extendió el horizonte sobre mi mano
para enseñarme tu secretas geografías...
Consumido entre tus miradas,
me deshiciste, pulverizando mis rocas interiores,
me agrietaste el cascarón del pensamiento
y desnudo me dejaste ante la duda.
Enloquecí en el asombro de tu aroma,
suave caricia que embriago estos versos,
en lo que ahora recuerdo que el alba,
fue el primer recuerdo que de eso tengo.
Vengo de conocer tu rosa interna,
de acariciar sus 24 pétalos,
vengo de ahogarme en sus pistilos,
y ebrio de ti, el alba me abrió los ojos
y me entregó la palabra que te nombra,
el epítome justo de tu mirada.
Gerardo Cielorraso
sábado, 3 de julio de 2010
Pregunta
¿Qué fue lo que te hizo tener esa poesía?
¡
Oh! amarga pregunta que me remite a mi agonía,
Y yo te pregunto con los ojos llenos de cielo:
“¿Recuerda el árbol cuando era semilla?
¿Recuerda la flor cuando fue capullo?
¿Recuerda la mariposa luminosa, sus días suaves de oruga?
¿Recuerda el ruido cuando fue silencio?
¿Recuerda la música su pasado de eco?
¿Recuerda el violín cuando fue acre?
¿Cuándo fue abeto el violonchelo?
¿Recuerda la nube cuando fue un charco humilde?
¿Y la gota al caer, reconoce a su madre la tormenta?
¿Recuerda el trueno su encierro en el oxígeno?
¿Tiene noción la roca de que fue arena?
¿Recuerda el color su blanco origen?
¿Reconoce la forma a la materia?
¿Conoce el cometa su propia estela?
¿Recuerda el sol cuando fue polvo?
¿Recuerda el hombre haber sido un mono?
¿Recuerda la piel su quietud antes del tacto?
¿Recuerda la oscuridad la primera luz que la penetró?
¿Recuerda el todo cuando era nada?
¿Recuerda Dios cuando era silencio antes de ser verbo?
Y me dices mientras tu cuerpo palpita,
Y tus ojos se abren en anamnesis de gloria,
No lo recuerdan.
“¿Recuerdas tu infancia?
¿Tú última inocencia?
¿Tienes el sabor de tu primer beso?
¿La primera vez que amaste el cielo abierto?
¿La primera vez que sangraste?
¿Recuerdas el primer poema que leíste?
¿Recuerdas tu primer encuentro con lo inmenso?
¿Recuerdas el vientre de tu madre?
¿Tus primeros pasos?
¿Tus primeras frases?
¿Recuerdas acaso nuestro primer beso?
¿La primera vez que reíste y sufrías por dentro?
¿La primera vez que le mentiste al tiempo?
¿Cuándo te negaste?
¿Reconoces tu rostro en el espejo?
Porque yo,
No puedo recordar alguna temporada
Donde haya escrito palabras diferentes a tu risa
Gerardo Cielorraso
¡
Oh! amarga pregunta que me remite a mi agonía,
Y yo te pregunto con los ojos llenos de cielo:
“¿Recuerda el árbol cuando era semilla?
¿Recuerda la flor cuando fue capullo?
¿Recuerda la mariposa luminosa, sus días suaves de oruga?
¿Recuerda el ruido cuando fue silencio?
¿Recuerda la música su pasado de eco?
¿Recuerda el violín cuando fue acre?
¿Cuándo fue abeto el violonchelo?
¿Recuerda la nube cuando fue un charco humilde?
¿Y la gota al caer, reconoce a su madre la tormenta?
¿Recuerda el trueno su encierro en el oxígeno?
¿Tiene noción la roca de que fue arena?
¿Recuerda el color su blanco origen?
¿Reconoce la forma a la materia?
¿Conoce el cometa su propia estela?
¿Recuerda el sol cuando fue polvo?
¿Recuerda el hombre haber sido un mono?
¿Recuerda la piel su quietud antes del tacto?
¿Recuerda la oscuridad la primera luz que la penetró?
¿Recuerda el todo cuando era nada?
¿Recuerda Dios cuando era silencio antes de ser verbo?
Y me dices mientras tu cuerpo palpita,
Y tus ojos se abren en anamnesis de gloria,
No lo recuerdan.
“¿Recuerdas tu infancia?
¿Tú última inocencia?
¿Tienes el sabor de tu primer beso?
¿La primera vez que amaste el cielo abierto?
¿La primera vez que sangraste?
¿Recuerdas el primer poema que leíste?
¿Recuerdas tu primer encuentro con lo inmenso?
¿Recuerdas el vientre de tu madre?
¿Tus primeros pasos?
¿Tus primeras frases?
¿Recuerdas acaso nuestro primer beso?
¿La primera vez que reíste y sufrías por dentro?
¿La primera vez que le mentiste al tiempo?
¿Cuándo te negaste?
¿Reconoces tu rostro en el espejo?
Porque yo,
No puedo recordar alguna temporada
Donde haya escrito palabras diferentes a tu risa
Gerardo Cielorraso
miércoles, 30 de junio de 2010
Ignición
Ignición
Basta que alguien me piense para ser un recuerdo.
-Oliverio Girondo, Comunión Plenaria.-
Para que me acaricie el sol las retinas,
Basta con ser un impulso incontenible,
Basta ser el viento que va a palpar todos los rostros,
Segunda piel de todos los tactos,
Gota que se quiebra en todas las hojas,
Y fibra íntima de todas las visiones.
La cara la tengo adherida al firmamento,
A las estrellas,
Nado en tus venas distantes,
Y me pregunto cuándo palpitan,
Todos los sonidos me llegan como ese palpitar,
Todos los rostros anónimos en las calles
Quieren dibujar tus rasgos….
Me expando como el agua,
Y me derramo como océano embravecido,
Sobre las avenidas vacías,
Desiertas como mi alma grisácea,
Como los firmamentos,
Como las entrañas de los Dioses.
La permanente ausencia me acompaña,
Me encuentro en cada mitología,
Si se rompe un cristal se fractura mi alma,
Voy encontrando mis rastros en el silencio.
Gerardo Cielorraso
Basta que alguien me piense para ser un recuerdo.
-Oliverio Girondo, Comunión Plenaria.-
Para que me acaricie el sol las retinas,
Basta con ser un impulso incontenible,
Basta ser el viento que va a palpar todos los rostros,
Segunda piel de todos los tactos,
Gota que se quiebra en todas las hojas,
Y fibra íntima de todas las visiones.
La cara la tengo adherida al firmamento,
A las estrellas,
Nado en tus venas distantes,
Y me pregunto cuándo palpitan,
Todos los sonidos me llegan como ese palpitar,
Todos los rostros anónimos en las calles
Quieren dibujar tus rasgos….
Me expando como el agua,
Y me derramo como océano embravecido,
Sobre las avenidas vacías,
Desiertas como mi alma grisácea,
Como los firmamentos,
Como las entrañas de los Dioses.
La permanente ausencia me acompaña,
Me encuentro en cada mitología,
Si se rompe un cristal se fractura mi alma,
Voy encontrando mis rastros en el silencio.
Gerardo Cielorraso
domingo, 27 de junio de 2010
Retorno
Retorno
Vengo de andar,
Vengo de ahogar la noche en unos brazos,
Vengo de limar las piedras con mis pasos,
Vengo de la alcoba de la sombra,
Y con los signos en las manos.
Vengo de recorrer las avenidas de tu ausencia,
Cansado de trotar sin tu vientre-brújula,
De inventarte en cada silueta,
Y no encontrarte en el desierto negro de la espera.
Vengo de la ceguera de mis lágrimas,
vengo de la tumba de las formas,
Vengo de abandonar mi infancia en un orfanato,
Vengo de romper la distancia de ese cuarto
En el que tú y yo nos abrazamos.
Vengo de entenderme en una risa,
Del encargo que mi hizo la muerte,
Vengo del sueño y el insomnio,
Vengo llorando lluvia, todo el día.
Vengo de coleccionar murmullos,
de capturar relámpagos,
de embotellar el aroma de las flores de
los muertos;
De izar el asta de unos labios,
de esculpir el templo de unos pechos.
Vengo de lamer el firmamento
Y robar el fuego originario.
Vengo por las calzadas del recuerdo,
Mintiendo sobre tu paradero,
Trazando falsos mapas de tu ruta;
Vengo apagando todos los faros,
Y ahogando el grito, estoy, cuando me muero.
Vengo del silencio estremecido,
Que conoció el asombro,
Vengo como mar enrarecido,
De mi propia sal vengo llorando.
Si me preguntas por mi origen
Te diré que es la pluma del pájaro,
Que vengo del inhóspito arrecife
Donde fui pez antes que llanto.
Te diré también que vengo herido,
Una herida onda y metafísica,
Graba sobre mi piel con tu caricia,
Cicatriz cálida, estigma de tu anhelo.
Te diré que conozco el miedo,
Esa bestia primitiva que me aúlla,
Esa cárcel gélida del alma.
Te diré que vengo de donde se forja el alba
Y el sol es una mujer meditabunda.
Te diré además,
que he visto el horizonte desdoblarse,
que he visto desnudas las estrellas,
que he visto la mueca de la llama
y el gesto oculto de la especie…
Conocí también el origen del espanto,
Y me recosté en la cuna de la música,
Hice moldes de todos los instrumentos,
Y los planos de todas las arquitecturas.
Testigo fui de las danzas insomnes
de las Pléyades envueltas en ceniza,
Me regalaron los ojos de impresión
Y me cubrieron la piel con la poesía.
Vengo de descubrir el rastro de tu rostro,
De escindir el ciclo en una línea,
Vengo de desmontar tu aroma en una brisa
Y de aprender a soportar tu ausencia.
Por eso vengo perdido,
Rompí la estrella de la mañana,
Me tragué las constelaciones
Y soy seguido por las naves del naufragio.
Perdido y perseguido,
Vengo envuelto en el silencio,
Con los ojos puestos en el detalle,
Vengo de reconstruirte desde dentro.
Vengo de dictarle a Dios mi propio destino,
De hacerlo prescindir de la palabra,
Vengo de exigirle al pobre viejo,
Que me dejara palparte con el alba.
Y he llegado aquí para encontrarte,
Aunque estabas dirigiendo ya mis pasos,
Vengo de darme cuenta que mi viaje,
Fue un segundo apenas en tus párpados.
Gerardo Cielorraso
Vengo de andar,
Vengo de ahogar la noche en unos brazos,
Vengo de limar las piedras con mis pasos,
Vengo de la alcoba de la sombra,
Y con los signos en las manos.
Vengo de recorrer las avenidas de tu ausencia,
Cansado de trotar sin tu vientre-brújula,
De inventarte en cada silueta,
Y no encontrarte en el desierto negro de la espera.
Vengo de la ceguera de mis lágrimas,
vengo de la tumba de las formas,
Vengo de abandonar mi infancia en un orfanato,
Vengo de romper la distancia de ese cuarto
En el que tú y yo nos abrazamos.
Vengo de entenderme en una risa,
Del encargo que mi hizo la muerte,
Vengo del sueño y el insomnio,
Vengo llorando lluvia, todo el día.
Vengo de coleccionar murmullos,
de capturar relámpagos,
de embotellar el aroma de las flores de
los muertos;
De izar el asta de unos labios,
de esculpir el templo de unos pechos.
Vengo de lamer el firmamento
Y robar el fuego originario.
Vengo por las calzadas del recuerdo,
Mintiendo sobre tu paradero,
Trazando falsos mapas de tu ruta;
Vengo apagando todos los faros,
Y ahogando el grito, estoy, cuando me muero.
Vengo del silencio estremecido,
Que conoció el asombro,
Vengo como mar enrarecido,
De mi propia sal vengo llorando.
Si me preguntas por mi origen
Te diré que es la pluma del pájaro,
Que vengo del inhóspito arrecife
Donde fui pez antes que llanto.
Te diré también que vengo herido,
Una herida onda y metafísica,
Graba sobre mi piel con tu caricia,
Cicatriz cálida, estigma de tu anhelo.
Te diré que conozco el miedo,
Esa bestia primitiva que me aúlla,
Esa cárcel gélida del alma.
Te diré que vengo de donde se forja el alba
Y el sol es una mujer meditabunda.
Te diré además,
que he visto el horizonte desdoblarse,
que he visto desnudas las estrellas,
que he visto la mueca de la llama
y el gesto oculto de la especie…
Conocí también el origen del espanto,
Y me recosté en la cuna de la música,
Hice moldes de todos los instrumentos,
Y los planos de todas las arquitecturas.
Testigo fui de las danzas insomnes
de las Pléyades envueltas en ceniza,
Me regalaron los ojos de impresión
Y me cubrieron la piel con la poesía.
Vengo de descubrir el rastro de tu rostro,
De escindir el ciclo en una línea,
Vengo de desmontar tu aroma en una brisa
Y de aprender a soportar tu ausencia.
Por eso vengo perdido,
Rompí la estrella de la mañana,
Me tragué las constelaciones
Y soy seguido por las naves del naufragio.
Perdido y perseguido,
Vengo envuelto en el silencio,
Con los ojos puestos en el detalle,
Vengo de reconstruirte desde dentro.
Vengo de dictarle a Dios mi propio destino,
De hacerlo prescindir de la palabra,
Vengo de exigirle al pobre viejo,
Que me dejara palparte con el alba.
Y he llegado aquí para encontrarte,
Aunque estabas dirigiendo ya mis pasos,
Vengo de darme cuenta que mi viaje,
Fue un segundo apenas en tus párpados.
Gerardo Cielorraso
sábado, 19 de junio de 2010
Nausicaa
Mi Ceniza se afina
Mi ceniza se afina
Y tu voz opulenta
Ceno de sombra embadurna luz
Ceniza que contengo
Antes de ser polvo
Embravecido miedo
La luz también docifica miedo
A fuera allá hace frío
Y no tiemblo por mi silencio
De polvo
Y no aletargo mi negro
Sueño
Aguja de una nota abatida
Los ríos también son un cuchillo de tu voz
Agua desbordada
Corre de tanta abundancia
Miedo espasmo
Provocara el coito de la muerte
Estallara tu provocación sobreabundancia
Abismo desde tu altura.
¡Pero amo tu voz que pobla de faros
el empírio de arambel oscuro!
Rumor de muerte
Si no escribo
miego agresivo...
Aseguré femeninos silencios
para manosear tus sonidos.
Cada poema es una mujer
[Complejo engendro interno]
Tu poesía vivala piedra
Insensible sin la palabra
Mantiene la ceniza en el ocaso
Antes de menguarse polvo la noche
Cada mujer es un blues de luz
¿Acaso nunca termina
la música?
Participo del ritmo
prodigio de un poma,
la tuya y no tuya, poesía.
¡Sin audición de la piedra la muerte es hosca!
Cada blues es un trémulo sensual
No despojo la pluma de la canción sombría
No jadeo el viaje de isla
No revuelo si soy alas
No menguó el horror del mismo sol estático
Cada trémulo es un humo de nervios en el vacío...
Hay estéticas realidades en un ojos, cuando cojo
Mi reojo en el espejo
No personalizada mi pupila
Se dilata de los relámpagos
Cada nervio es un círculo, de este humo de pipa herida
Duele ser luz
La selva alarga hidrografías por tu voz
Desnuda olvidó
La mirada que engulle los objetos
Cada tu voz es una ola en la dermis de mi útero
Es tu imagen y tengo miedo
Es tu ausencia y de pronto un muro
Es mi táctica y política ilusa
Hidrófobo aquel que me quiso asfixiar
No el continente
A mi apidermis tu voz hidrata
Maestra de la hidrogeología
De mi torrente sanguinario
Cada hidrófilo es una quemada en el pecho
No es que tenga que partir a inciendiar las nubes
No es que tenga que descubrir los brazos salpicados de luz
Si partidas las alas
No es que tenga que paladear los kilómetros a veces en círculo
Tú me conoces:
Sólo lalágrima es capaz de ahogar el mar.
Tú me conoces:
La sombra construye la luz en la humedad de mi lengua.
No es que me quiera ir y no lo quiera, es que yendo vengo,
Voy sin ir, regreso, vas y te voy, me quedo,
Ir en círculo, no te pierdo, vengo y no voy,
Un punto de encuentro, sin ir vas, yendo y no voy, retorno...
¡El círculo es infinito!
Y es que tu voz
la percibo en círclo....
Nausicaa
Mi ceniza se afina
Y tu voz opulenta
Ceno de sombra embadurna luz
Ceniza que contengo
Antes de ser polvo
Embravecido miedo
La luz también docifica miedo
A fuera allá hace frío
Y no tiemblo por mi silencio
De polvo
Y no aletargo mi negro
Sueño
Aguja de una nota abatida
Los ríos también son un cuchillo de tu voz
Agua desbordada
Corre de tanta abundancia
Miedo espasmo
Provocara el coito de la muerte
Estallara tu provocación sobreabundancia
Abismo desde tu altura.
¡Pero amo tu voz que pobla de faros
el empírio de arambel oscuro!
Rumor de muerte
Si no escribo
miego agresivo...
Aseguré femeninos silencios
para manosear tus sonidos.
Cada poema es una mujer
[Complejo engendro interno]
Tu poesía vivala piedra
Insensible sin la palabra
Mantiene la ceniza en el ocaso
Antes de menguarse polvo la noche
Cada mujer es un blues de luz
¿Acaso nunca termina
la música?
Participo del ritmo
prodigio de un poma,
la tuya y no tuya, poesía.
¡Sin audición de la piedra la muerte es hosca!
Cada blues es un trémulo sensual
No despojo la pluma de la canción sombría
No jadeo el viaje de isla
No revuelo si soy alas
No menguó el horror del mismo sol estático
Cada trémulo es un humo de nervios en el vacío...
Hay estéticas realidades en un ojos, cuando cojo
Mi reojo en el espejo
No personalizada mi pupila
Se dilata de los relámpagos
Cada nervio es un círculo, de este humo de pipa herida
Duele ser luz
La selva alarga hidrografías por tu voz
Desnuda olvidó
La mirada que engulle los objetos
Cada tu voz es una ola en la dermis de mi útero
Es tu imagen y tengo miedo
Es tu ausencia y de pronto un muro
Es mi táctica y política ilusa
Hidrófobo aquel que me quiso asfixiar
No el continente
A mi apidermis tu voz hidrata
Maestra de la hidrogeología
De mi torrente sanguinario
Cada hidrófilo es una quemada en el pecho
No es que tenga que partir a inciendiar las nubes
No es que tenga que descubrir los brazos salpicados de luz
Si partidas las alas
No es que tenga que paladear los kilómetros a veces en círculo
Tú me conoces:
Sólo lalágrima es capaz de ahogar el mar.
Tú me conoces:
La sombra construye la luz en la humedad de mi lengua.
No es que me quiera ir y no lo quiera, es que yendo vengo,
Voy sin ir, regreso, vas y te voy, me quedo,
Ir en círculo, no te pierdo, vengo y no voy,
Un punto de encuentro, sin ir vas, yendo y no voy, retorno...
¡El círculo es infinito!
Y es que tu voz
la percibo en círclo....
Nausicaa
Nausicaa
Os amo
Óyeme, en la osadía de la luna
Oýeme, como el pupilo de un bizarro
Un pueril puente, son las distancias,
En el trance lúdico de la entraña...
Esta extraña razón carcome los asideros
De la avidez última, razón extraña,
De mantenernos lejos en UNO,
Sutil juego entreramado,
Me extasía.
Del espejo quede, eco,
Musita frente a otro,
Mi sombra de pasmo vaho
Alude, las artimañas del sueño.
Óyeme, en el arco-del-iris tristísimo,
Óyeme, como la opulencia del franco silencio
El temblor sonoro se fragmenta sin reminisencia
Ya no olvido,
Nos encontramos....
Os Amo...
Nausicaa
Óyeme, en la osadía de la luna
Oýeme, como el pupilo de un bizarro
Un pueril puente, son las distancias,
En el trance lúdico de la entraña...
Esta extraña razón carcome los asideros
De la avidez última, razón extraña,
De mantenernos lejos en UNO,
Sutil juego entreramado,
Me extasía.
Del espejo quede, eco,
Musita frente a otro,
Mi sombra de pasmo vaho
Alude, las artimañas del sueño.
Óyeme, en el arco-del-iris tristísimo,
Óyeme, como la opulencia del franco silencio
El temblor sonoro se fragmenta sin reminisencia
Ya no olvido,
Nos encontramos....
Os Amo...
Nausicaa
Nausicaa
A veces uno homenajea a poetas ya reconocidos por la tradición, a poetas que ya han publicado sus versos o por lo menos que reconoce uno mismo como maestros, como en mi caso ha sido con Gaspar Aguilera. Pero esta vez no me propongo abrir un espacio a ninguno de ellos, más bien quiero compartirles los escritos de una poetisa cuyos versos, manera de leerlos, e intensidad con que los vive a podido realimentar mi hasta entonces dormida sensibilidad poética. Es bien cierto que yo necesito enamorarme, arrebatarme y hasta inmolarme para poder escribir, no es para mí la poesía un ejercicio natural, mi alma no puede escribir versos como quien puede tocar un instrumento a la hora que le plazca. Debo reconocer entonces, que la fuente de mi último libro de poesía titulado "El Gesto y El Espejo", ha sido en mayor o menor medida escrito por la antes mencionada poetiza, porque si bien yo físicamente he escrito todos los versos, ella me los ha dictado todas las noches con sus ojos, con su tacto, con su aroma, me los ha dictado con su andar por el mundo, con sus palabras que nada tienen que ver con la poesía y que sin embargo abrigan en sí una musicalidad inusitada.
Es para mi, necesidad dar a conocer los versos que ella ha escrito, de su pluma y sangre y que me ha obsequiado a fin de que yo pueda escribir los míos.
Espejo
A mis ojos infinitos.
De tu seno de posibilidades infinitas,
de tu sin adversos abstractos a la imagen
de tu concurrida belleza embriagada de metafísica,
de tu palabra encarnada en mi noche-epidermis,
de tu ritmo asidero de la totalidad del viaje,
de tu gemido evocado en mi faringe,
de tu poesía que me hace poema en movimiento,
de tu música, la que guía los placeres de mi goce interno,
de tu impresión que no es más que un ojo lampo,
de tu constante orgasmo al contemplarte,
de tu asequible encuentro y sin tiempo árido,
de tu éxtasis, pila suprasensible,
de tu línea nebulosa, trazos difumina
[Luceros en la conciencia]
De tu-ss olas que me golpean; hasta morar el exquisito letargo
[A priori a la muerte]
De tu asir las infinitas formas en Una
De tu instante perfecto consumado en el amor eterno,
[Retozo]
de tu etérea presencia visionada en el cosmos,
[Dinámico]
De tu ser-dios, en el ínitmo orbe de mi YO,
de tu paisaje lúbrego, coloreado de polvo
[Sin raquítica de sensación]
De tu virilidad, al soplo de ensalzar las gaviotas femeninas
De tu falo entrar,
[El universo es una vagina]
De tu voluntad que ensancha majestuosas las fuerzas del destino
[No mengua la estrella que conecta las constelaciones]
De tu voz táctil que aglomera mis visiones,
[Cóncavo]
De tu misterio inasequible
[A dos luces opacas]
De tu-s dualidades contenidas en el vértigo dardo,
de tu sudor arduo,
[Voluptuosa agua en mis labios]
De tu fricción rigurosa,
[Lúbrica del divino acceso]
De tú y tu ímpetu que curte los soles,
de tu impavidez, solidaria del firmamento cándido
de tu libertad que yace en el alma
[Inédito ante el trivialismo]
De tu pensamiento que edifica la obra constante
[En mi cálculo subjetivo]
De tu otredad afirmándome,
de tu Yo igual a Yo, sustanciales en la totalidad
de tu espejo
[YO]
De tu YO, mi
[Espejo]
De tu erotismo profuso, he llegado al estado más sublime
y excelso de la creación, inefable y arrebatador,
inferior a lo sensible, pero afectada de mi sensibilidad
la manera que constituye la obra de éste arte
del encuentro unánime,
de este viaje sarpado por UNO,
mis hilos de fibra poética
mis ojos infinitos...
nos fuismos lejos
[Lejos]
Nausicaa
viernes, 18 de junio de 2010
De La Nimiedad De Las Cosas
XVII
A veces no es suficiente el silencio compartido
Las sonrisas que nos arrojamos,
Las manos que entrelazamos
Y lo que con la boca no decimos.
A veces el atardecer se lleva el suspiro
Y el aire susurra las verdades que no admito,
Si estás ausente y te llamo y no te encuentro
Y esperas que no me sienta perdido.
A veces un abrazo no puede comunicar dos destinos
Y un beso no puede consolar un delirio.
Llega la lluvia y con ella nosotros como filo
Como almas de ceniza, como témpanos con frío.
No quieras que me coma tu aliento,
Que memorice tu máscara de risa,
No esperes que entienda que el recuerdo
Te persigue al doblar de cada esquina.
No ahogues el lamento,
No lamentes el llanto,
No llores el tiempo,
No cuentes el silencio,
No calles la verdad,
No confieses la mentira,
No mientas la caricia,
No acaricies el recuerdo,
No recuerdes la lágrima,
No derrames el dolor,
No sufras la mano
No tomes la mía
Si no me estás mirando.
A veces no es suficiente el silencio compartido
Las sonrisas que nos arrojamos,
Las manos que entrelazamos
Y lo que con la boca no decimos.
A veces el atardecer se lleva el suspiro
Y el aire susurra las verdades que no admito,
Si estás ausente y te llamo y no te encuentro
Y esperas que no me sienta perdido.
A veces un abrazo no puede comunicar dos destinos
Y un beso no puede consolar un delirio.
Llega la lluvia y con ella nosotros como filo
Como almas de ceniza, como témpanos con frío.
No quieras que me coma tu aliento,
Que memorice tu máscara de risa,
No esperes que entienda que el recuerdo
Te persigue al doblar de cada esquina.
No ahogues el lamento,
No lamentes el llanto,
No llores el tiempo,
No cuentes el silencio,
No calles la verdad,
No confieses la mentira,
No mientas la caricia,
No acaricies el recuerdo,
No recuerdes la lágrima,
No derrames el dolor,
No sufras la mano
No tomes la mía
Si no me estás mirando.
miércoles, 16 de junio de 2010
Infancia 1
La alegría yo la creo en este poema
- Lêdo Ivo, La infancia Redimida-
La alegría yo la creo en este poema,
Aunque sea corta y pendenciera,
Y se la traguen los primeros ojos que la miren,
Aunque tenga como los cometas,
Una estela de inconsciencia que la siga,
Trato de entender que es la alegría.
Toda alegría me remite a mi infancia,
Mi única y verdadera patria,
Donde fui feliz aunque no lo recuerde,
Donde lloraba casi siempre
Pero era un llanto confundido con la dicha.
Infancia de inconmensurables patios de juego,
De caricaturescas personalidades
Y monstruos debajo de las camas.
Infancia de infiernos disimulados,
De espejos, y de lenguaje mutilado.
La alegría no la encuentro en el pasado,
Porque el presente se traga la melancolía,
Y se extiende sobre mares infranqueables
Que llamo futuro,
Porque no se siente la alegría,
La alegría no es algo que se busque
Y se encuentre en la poesía.
Pero este verso suena como cantar de juego,
Con una rima macabra y bucólica,
Agudísima canción de los infantes,
Que en inconsciencia se derraman en sonrisas.
Fue incontenible mi infancia,
Al menos para mi memoria,
no hay olores familiares,
ni tizas sobre las aceras de mi tiempo,
todos mis juguetes fueron sombras,
sombras también mis compañeros.
Desde niño inventaba mundos,
Que no podía contener con la mirada,
Donde leones creaban de su rugido
Las mores que azotaban sus gargantas;
Creaba mundos y las estrellas eran una fiesta
De mariposas de luz, y el sol era mi mejor amigo,
Me seguía a todas parte, brillaba siempre conmigo.
Seguramente cuando niño, conversaba con los pájaros,
Mis hermanos más afortunaos, que volaban
Y siempre traía los brazos extendidos en aeroplano,
Desde que fui niño supe que era pájaro.
La adultez me robó todos los nombres,
La soledad todos los rostros;
Mi infancia fue un idilio en el que participaba,
Otro que no era yo, que ahora no soy,
Porque el que soy no se recuerda,
Extendiendo brazos de avión hacia la nada,
Saltando abismos imaginarios,
Y fraguando guerras de juguetes.
Gerardo Cielorraso
La alegría yo la creo en este poema
- Lêdo Ivo, La infancia Redimida-
La alegría yo la creo en este poema,
Aunque sea corta y pendenciera,
Y se la traguen los primeros ojos que la miren,
Aunque tenga como los cometas,
Una estela de inconsciencia que la siga,
Trato de entender que es la alegría.
Toda alegría me remite a mi infancia,
Mi única y verdadera patria,
Donde fui feliz aunque no lo recuerde,
Donde lloraba casi siempre
Pero era un llanto confundido con la dicha.
Infancia de inconmensurables patios de juego,
De caricaturescas personalidades
Y monstruos debajo de las camas.
Infancia de infiernos disimulados,
De espejos, y de lenguaje mutilado.
La alegría no la encuentro en el pasado,
Porque el presente se traga la melancolía,
Y se extiende sobre mares infranqueables
Que llamo futuro,
Porque no se siente la alegría,
La alegría no es algo que se busque
Y se encuentre en la poesía.
Pero este verso suena como cantar de juego,
Con una rima macabra y bucólica,
Agudísima canción de los infantes,
Que en inconsciencia se derraman en sonrisas.
Fue incontenible mi infancia,
Al menos para mi memoria,
no hay olores familiares,
ni tizas sobre las aceras de mi tiempo,
todos mis juguetes fueron sombras,
sombras también mis compañeros.
Desde niño inventaba mundos,
Que no podía contener con la mirada,
Donde leones creaban de su rugido
Las mores que azotaban sus gargantas;
Creaba mundos y las estrellas eran una fiesta
De mariposas de luz, y el sol era mi mejor amigo,
Me seguía a todas parte, brillaba siempre conmigo.
Seguramente cuando niño, conversaba con los pájaros,
Mis hermanos más afortunaos, que volaban
Y siempre traía los brazos extendidos en aeroplano,
Desde que fui niño supe que era pájaro.
La adultez me robó todos los nombres,
La soledad todos los rostros;
Mi infancia fue un idilio en el que participaba,
Otro que no era yo, que ahora no soy,
Porque el que soy no se recuerda,
Extendiendo brazos de avión hacia la nada,
Saltando abismos imaginarios,
Y fraguando guerras de juguetes.
Gerardo Cielorraso
domingo, 13 de junio de 2010
Arte Poético
Arte Poético
No descubrí la poesía como quien descubre una tierra vasta,
E ignotas planicies se extienden frente a sus ojos,
Contempla ríos de palabras que fluyen dulces y musicales,
Cuenta montañas metafóricas más imponentes que el silencio,
Perdido en bosques inconmensurables de la paradoja,
Extraño para habitantes autóctonos llenos de sentido.
Tampoco descubrí la poesía como al mar,
Mis ojos no se inundaron de su gracia,
Lo sublime no me besó con sus labios salados,
No entendí el ritmo reiterativo de la necesidad,
No reconocí a las olas como mis hermanos,
A los Albatros, grandes pájaros poetas,
Como mis reflejos,
Los acantilados no me llamaron,
Y no me empape de la muerte de dios entre sus aguas.
Descubrí la poesía como quien descubre un cadáver,
Y se ve horrendamente reflejado en sus ojos vacíos,
Sentí la luz leve del fósforo de su pasado,
Envuelto en el aroma conceptual de su descomposición.
Abstractos vestigios de cuando fui hombre,
La poesía es siempre la contemplación de lo ausente.
Más allá de la palabra sólo encontré la furia,
La concatenada absurdidad,
Fuera del lenguaje mi alma llora desconsolada,
Sólo en el poema mi angustia se organiza.
La poesía nunca ha sido en mí una acción natural,
Devenida del dolor de ser hombre, la poesía me ahoga.
Palabras que se han escurrido entre mis dedos
derramándose en oscuros laberintos,
todas, bocas que no han tocado mi boca,
risas que no conocen mi risa,
el mundo es la ausencia permanente,
el lenguaje es su epitafio,
dios queda en su tumba submarina,
su mausoleo panteón de estrellas muertas,
donde nace el delirio,
y se encuentra toda ciencia.
Apetito primigenio de esperanza,
conocer el Mismo en el espejo,
hay dolores tan profundos
que cavan surcos hondos en el rostro
calan las espaldas con su peso
y esos dolores nunca mueren,
herencia de la humanidad entera,
hay dolor en la palabra.
Cómo nombra la palabra,
cómo nombra el aliento,
cómo contiene tanto gesto,
cómo espera romper las fronteras,
del ser humano con el tiempo,
trascender los muros
destruir lo que ha sido construido en lo abierto.
Hay una ausencia original en nuestra lengua
un vacío que llevamos en la garganta,
nudo nunca desecho por la historia
que oculta lo evidente en lo difuso,
que nos da la ilusión del movimiento.
Una ausencia primitiva que nos traicionó de muerte.
Después lo impronunciable
la nada
después...
el alma.
Gerardo Cielorraso
No descubrí la poesía como quien descubre una tierra vasta,
E ignotas planicies se extienden frente a sus ojos,
Contempla ríos de palabras que fluyen dulces y musicales,
Cuenta montañas metafóricas más imponentes que el silencio,
Perdido en bosques inconmensurables de la paradoja,
Extraño para habitantes autóctonos llenos de sentido.
Tampoco descubrí la poesía como al mar,
Mis ojos no se inundaron de su gracia,
Lo sublime no me besó con sus labios salados,
No entendí el ritmo reiterativo de la necesidad,
No reconocí a las olas como mis hermanos,
A los Albatros, grandes pájaros poetas,
Como mis reflejos,
Los acantilados no me llamaron,
Y no me empape de la muerte de dios entre sus aguas.
Descubrí la poesía como quien descubre un cadáver,
Y se ve horrendamente reflejado en sus ojos vacíos,
Sentí la luz leve del fósforo de su pasado,
Envuelto en el aroma conceptual de su descomposición.
Abstractos vestigios de cuando fui hombre,
La poesía es siempre la contemplación de lo ausente.
Más allá de la palabra sólo encontré la furia,
La concatenada absurdidad,
Fuera del lenguaje mi alma llora desconsolada,
Sólo en el poema mi angustia se organiza.
La poesía nunca ha sido en mí una acción natural,
Devenida del dolor de ser hombre, la poesía me ahoga.
Palabras que se han escurrido entre mis dedos
derramándose en oscuros laberintos,
todas, bocas que no han tocado mi boca,
risas que no conocen mi risa,
el mundo es la ausencia permanente,
el lenguaje es su epitafio,
dios queda en su tumba submarina,
su mausoleo panteón de estrellas muertas,
donde nace el delirio,
y se encuentra toda ciencia.
Apetito primigenio de esperanza,
conocer el Mismo en el espejo,
hay dolores tan profundos
que cavan surcos hondos en el rostro
calan las espaldas con su peso
y esos dolores nunca mueren,
herencia de la humanidad entera,
hay dolor en la palabra.
Cómo nombra la palabra,
cómo nombra el aliento,
cómo contiene tanto gesto,
cómo espera romper las fronteras,
del ser humano con el tiempo,
trascender los muros
destruir lo que ha sido construido en lo abierto.
Hay una ausencia original en nuestra lengua
un vacío que llevamos en la garganta,
nudo nunca desecho por la historia
que oculta lo evidente en lo difuso,
que nos da la ilusión del movimiento.
Una ausencia primitiva que nos traicionó de muerte.
Después lo impronunciable
la nada
después...
el alma.
Gerardo Cielorraso
martes, 8 de junio de 2010
Los Espejos
Los Espejos
Para Paulina
"Qué espejo no es terrible y verdadero
aún entre sollozos,
verdadero y precisamente por eso terrible,
por eso también son los sollozos,
qué figura incierta se teje en sus hilos de luz,
ese yo que reconozco, como ajeno,
esa forma que contiene mi llanto,
y por eso escapan lo sollozos.
Me miro en el espejo y encuentro mi rostro de nuevo,
con sus ojos eclipsados por el tiempo,
he perdido el rostro de cuando era niño,
y me seguía el Sol todo el tiempo,
me seguía el Sol y mi rostro era liso y fresco como el viento.
Me miro en el espejo
y mis ojos son lagunas que lloran sus propias cicatrices,
desfilaron los demonios con sus velas,
lamentos de momentos devenidos,
desfilaron y lamieron mis heridas,
desfilaron y por eso los sollozos,
lloro ahora el ser que nunca he sido,
que reconozco en el espejo ennegrecido.
También desfilaron los ángeles,
temibles manos del Eterno,
también los ángeles provienen del infierno,
y mi rostro, contemplaba la comedia,
asistiendo a su propio entierro, soy el que no era.
El espejo contiene a los demonios,
el espejo es la piel de todos los ángeles,
me arrojo al frío que vivo,
del que forjo el calor que ya no siento,
el espejo se rompe en esquirlas del reflejo
reflejo plagado de momentos,
con su cara de demonios y sus risas de tormenta
con sus manos de ángeles, suaves como la eternidad
terribles como el ojos de Dios.
El espejo refleja el rostro que ya no tengo, un rostro muerto
porque ha muerto también el instante en que se refleja,
el espejo es la memoria momentánea
el espejo tiene costumbres de poeta.
Ahora sé que mi rostros, mi ser, no cabe en el espejo
ahora sé que soy más que mi reflejo,
más que mi pasado, escapo al tiempo
lo desdoblo y ya no es un círculo trágico
sino una línea abierta, abierta como vena
infinita como laberinto,
donde cabe lo incierto,
y acaba la certeza de que he muerto.
El espejo refleja mi rostro,
pero jamás, la vida que corre por mis venas"
Para Paulina
"Qué espejo no es terrible y verdadero
aún entre sollozos,
verdadero y precisamente por eso terrible,
por eso también son los sollozos,
qué figura incierta se teje en sus hilos de luz,
ese yo que reconozco, como ajeno,
esa forma que contiene mi llanto,
y por eso escapan lo sollozos.
Me miro en el espejo y encuentro mi rostro de nuevo,
con sus ojos eclipsados por el tiempo,
he perdido el rostro de cuando era niño,
y me seguía el Sol todo el tiempo,
me seguía el Sol y mi rostro era liso y fresco como el viento.
Me miro en el espejo
y mis ojos son lagunas que lloran sus propias cicatrices,
desfilaron los demonios con sus velas,
lamentos de momentos devenidos,
desfilaron y lamieron mis heridas,
desfilaron y por eso los sollozos,
lloro ahora el ser que nunca he sido,
que reconozco en el espejo ennegrecido.
También desfilaron los ángeles,
temibles manos del Eterno,
también los ángeles provienen del infierno,
y mi rostro, contemplaba la comedia,
asistiendo a su propio entierro, soy el que no era.
El espejo contiene a los demonios,
el espejo es la piel de todos los ángeles,
me arrojo al frío que vivo,
del que forjo el calor que ya no siento,
el espejo se rompe en esquirlas del reflejo
reflejo plagado de momentos,
con su cara de demonios y sus risas de tormenta
con sus manos de ángeles, suaves como la eternidad
terribles como el ojos de Dios.
El espejo refleja el rostro que ya no tengo, un rostro muerto
porque ha muerto también el instante en que se refleja,
el espejo es la memoria momentánea
el espejo tiene costumbres de poeta.
Ahora sé que mi rostros, mi ser, no cabe en el espejo
ahora sé que soy más que mi reflejo,
más que mi pasado, escapo al tiempo
lo desdoblo y ya no es un círculo trágico
sino una línea abierta, abierta como vena
infinita como laberinto,
donde cabe lo incierto,
y acaba la certeza de que he muerto.
El espejo refleja mi rostro,
pero jamás, la vida que corre por mis venas"
domingo, 6 de junio de 2010
De La Musa Con Alas De Diosa
De La Musa Con Las Alas de Diosa.
Ensayo el canto de los peces que se agotan,
Ensayo el beso de los astros mientras chocan,
Prisionero de la celda sin barrotes de tu aroma,
Sigo por el cielo la ruta de tus pasos,
Ansío encontrarte en cada trueno,
Aunque sólo en el poema halle tus brazos.
Porque busco por las calles tú figura,
Y ensayo tu caricia en el silencio,
Tu voz la encuentro en cada partitura,
Una mirada tuya me atraviesa todo el tiempo.
Como mano que me palpa desde dentro,
Siento vivas tus caricias,
Roce de luz que me cierra los párpados,
Arrojándome a los abismos donde duermo.
Lejos de tu vuelo, todo ruido es una sombra
Que trastoca los instantes…
Nunca intenté
ningún movimiento en falso,
ninguna caricia vacía,
Que no hay amor carnal que valga,
Si no conoce la poesía.
Más allá de las palabras,
Sólo está tu nombre.
Ensayo el canto de los peces que se agotan,
Ensayo el beso de los astros mientras chocan,
Prisionero de la celda sin barrotes de tu aroma,
Sigo por el cielo la ruta de tus pasos,
Ansío encontrarte en cada trueno,
Aunque sólo en el poema halle tus brazos.
Porque busco por las calles tú figura,
Y ensayo tu caricia en el silencio,
Tu voz la encuentro en cada partitura,
Una mirada tuya me atraviesa todo el tiempo.
Como mano que me palpa desde dentro,
Siento vivas tus caricias,
Roce de luz que me cierra los párpados,
Arrojándome a los abismos donde duermo.
Lejos de tu vuelo, todo ruido es una sombra
Que trastoca los instantes…
Nunca intenté
ningún movimiento en falso,
ninguna caricia vacía,
Que no hay amor carnal que valga,
Si no conoce la poesía.
Más allá de las palabras,
Sólo está tu nombre.
sábado, 5 de junio de 2010
Alejandra
Alejandra
Conocí tus brazos como el naufrago a la orilla,
Con los ojos hinchados de llanto,
Llanto del mar y sus espumas temibles.
En el templo de tus piernas se irguió lo sublime,
Y me derretía, musa, me derretía en tus alaridos,
Que lanzaban cometas al firmamento
Y destrozaban el espejo del olvido.
Ya no supe distinguir, mi piel de tus latidos,
Frontera inexistente, éramos un solo ser,
Separados al punto, con el llanto del amanecer
en los ojos,
conocimos por primera vez, la belleza.
La belleza que se extiende en tu vientre de playa,
En el aroma intenso de la selva de tu sexo,
Suave música de jazz, bella como tus ojos,
Emanaba de tus movimientos lentos.
La belleza construyó tus brazos,
Prisiones dichosas, trampas certeras;
Y se extendió en tu espalda,
Planicie vasta, donde cayó la lluvia
De mi mirada.
Conocimos el canto del cosmos,
Sus vibrantes estelas siderales, nos acariciaron,
Nos lanzaron sus fulgores extáticos
Y yo pude ver a Dios entre tus ojos.
Reaprendí el mundo en tus besos,
Toda la poesía se contuvo en tu mirada,
Palpé lo insólito en tu piel de éter,
y se redujo el lenguaje a tu grito.
¿Qué verso tejo en estas líneas?
Si no hay poesía que te contenga,
Si no hay palabra que te defina,
Eco que te imite,
Ola que te alcance,
Luz que no se oscurezca ante ti,
Viento que te conozca,
Horizonte que no se desdoblé,
Agua que no corra de ti,
Mar que no tenga su frontera en tu cuerpo
Aroma más intenso que tu boca,
Relámpago que no sea tu risa
Y un amanecer que sea tu mirada.
Rendido ante todas tus imágenes,
Desfilan frente mí todas tus réplicas:
Alejandra luz de lluvia,
Alejandra que construye el alba,
Alejandra tropicalidad de las tormentas,
Alejandra aliento de los ángeles,
Alejandra risa de las partículas del tiempo,
Alejandra mirada del horizonte azul,
Alejandra fragilidad del pétalo,
Alejandra liviandad de la penumbra,
Alejandra adioses del relámpago,
Alejandra suave, como la ira de Dios,
Alejandra inmensa como el silencio,
Alejandra color del quinto sol,
Alejandra esquirla del sueño,
Alejandra ojos de la noche,
Alejandra oasis del lenguaje,
Alejandra espina de la nube,
Alejandra que monta las tormentas,
Alejandra huracán de los ayeres,
Alejandra perplejidad de los astros,
Alejandra órbita de los planetas,
Alejandra ruta de los cometas,
Alejandra supernova,
Alejandra profundidad del infinito,
Alejandra absurdidad,
Alejandra caudal de todo sentido,
Alejandra… toda la que no eres tú.
Fuera del naufragio de tu cuerpo,
Arrojado al mundo
Me dejaste tu poema entre los labios,
Me dejaste tu nombre en las pupilas,
Y tu beso, grabado en el silencio.
Conocí tus brazos como el naufrago a la orilla,
Con los ojos hinchados de llanto,
Llanto del mar y sus espumas temibles.
En el templo de tus piernas se irguió lo sublime,
Y me derretía, musa, me derretía en tus alaridos,
Que lanzaban cometas al firmamento
Y destrozaban el espejo del olvido.
Ya no supe distinguir, mi piel de tus latidos,
Frontera inexistente, éramos un solo ser,
Separados al punto, con el llanto del amanecer
en los ojos,
conocimos por primera vez, la belleza.
La belleza que se extiende en tu vientre de playa,
En el aroma intenso de la selva de tu sexo,
Suave música de jazz, bella como tus ojos,
Emanaba de tus movimientos lentos.
La belleza construyó tus brazos,
Prisiones dichosas, trampas certeras;
Y se extendió en tu espalda,
Planicie vasta, donde cayó la lluvia
De mi mirada.
Conocimos el canto del cosmos,
Sus vibrantes estelas siderales, nos acariciaron,
Nos lanzaron sus fulgores extáticos
Y yo pude ver a Dios entre tus ojos.
Reaprendí el mundo en tus besos,
Toda la poesía se contuvo en tu mirada,
Palpé lo insólito en tu piel de éter,
y se redujo el lenguaje a tu grito.
¿Qué verso tejo en estas líneas?
Si no hay poesía que te contenga,
Si no hay palabra que te defina,
Eco que te imite,
Ola que te alcance,
Luz que no se oscurezca ante ti,
Viento que te conozca,
Horizonte que no se desdoblé,
Agua que no corra de ti,
Mar que no tenga su frontera en tu cuerpo
Aroma más intenso que tu boca,
Relámpago que no sea tu risa
Y un amanecer que sea tu mirada.
Rendido ante todas tus imágenes,
Desfilan frente mí todas tus réplicas:
Alejandra luz de lluvia,
Alejandra que construye el alba,
Alejandra tropicalidad de las tormentas,
Alejandra aliento de los ángeles,
Alejandra risa de las partículas del tiempo,
Alejandra mirada del horizonte azul,
Alejandra fragilidad del pétalo,
Alejandra liviandad de la penumbra,
Alejandra adioses del relámpago,
Alejandra suave, como la ira de Dios,
Alejandra inmensa como el silencio,
Alejandra color del quinto sol,
Alejandra esquirla del sueño,
Alejandra ojos de la noche,
Alejandra oasis del lenguaje,
Alejandra espina de la nube,
Alejandra que monta las tormentas,
Alejandra huracán de los ayeres,
Alejandra perplejidad de los astros,
Alejandra órbita de los planetas,
Alejandra ruta de los cometas,
Alejandra supernova,
Alejandra profundidad del infinito,
Alejandra absurdidad,
Alejandra caudal de todo sentido,
Alejandra… toda la que no eres tú.
Fuera del naufragio de tu cuerpo,
Arrojado al mundo
Me dejaste tu poema entre los labios,
Me dejaste tu nombre en las pupilas,
Y tu beso, grabado en el silencio.
sábado, 22 de mayo de 2010
El Gesto
III
¿Qué honestidad le debo a mi dolor?
Si derramo su fulgor en la poesía,
Finjo ahora lágrimas de tinta,
Distantes como el beso de la luna.
Hundido estoy, en su mirada lúgubre,
Que me arranca mi esencia estremecida,
Estremecida de tanta inexistencia,
Imaginada en el rostro de la noche.
Arrojado como estoy,
Huérfano en el mundo,
Siempre fuiste mi casa, mi lugar seguro,
Qué abandono siento ahora de tu cielo
Me dejas caer la luz, luminosidad blanca.
El tiempo es la intensidad del llanto,
El marcapasos de la lágrima,
Me aniquilan los instantes devenidos,
Y el tiempo es la máxima distancia.
Todo cuerpo es frontera,
Todo cuerpo permite estar cerca,
Prisionero de la piel que me contiene,
He vivido a través de ella,
Por eso la lágrima es sagrada,
Se escurre por las canillas de su llanto,
Las compuertas de la esencia dispersa,
Grito anímico de lo ilusionado,
Prueba contundente, de la falla originaria.
La lágrima es el residuo del abismo.
¿Qué honestidad le debo a mi dolor?
Si derramo su fulgor en la poesía,
Finjo ahora lágrimas de tinta,
Distantes como el beso de la luna.
Hundido estoy, en su mirada lúgubre,
Que me arranca mi esencia estremecida,
Estremecida de tanta inexistencia,
Imaginada en el rostro de la noche.
Arrojado como estoy,
Huérfano en el mundo,
Siempre fuiste mi casa, mi lugar seguro,
Qué abandono siento ahora de tu cielo
Me dejas caer la luz, luminosidad blanca.
El tiempo es la intensidad del llanto,
El marcapasos de la lágrima,
Me aniquilan los instantes devenidos,
Y el tiempo es la máxima distancia.
Todo cuerpo es frontera,
Todo cuerpo permite estar cerca,
Prisionero de la piel que me contiene,
He vivido a través de ella,
Por eso la lágrima es sagrada,
Se escurre por las canillas de su llanto,
Las compuertas de la esencia dispersa,
Grito anímico de lo ilusionado,
Prueba contundente, de la falla originaria.
La lágrima es el residuo del abismo.
El Gesto
II
Tiendo el tiempo frente a mis ojos
Destrozando el espejo de la espera,
Cada esquirla de cristal que lacera,
Son astillas de mí en el pensamiento.
Frente a mí, han nacido los abismos,
Los huracanes me llaman,
El piso se quiebra con mis pasos
Y conozco el otro lado de la flama.
Es el tiempo el asesino
¿quién le ha dado el arma?
Tú, y tu mirada constante,
Que opaca el sol, y espesa el aire,
Se traga el cielo y los cuerpos siderales,
El arma siempre ha sido tu mirada.
No soporto ningún tacto,
No encuentro ningún rostro,
Todas las puertas son muros
Todas las ventanas, sepulcros.
Trago el silencio, alcohol antiguo,
Destilado en los filtros del dolor,
Amarga embriaguez que me rebela
La condición de ser hombre,
Esclavo de mis representaciones.
Errante entre todas tus imágenes,
Oscureces mi mirada,
El silencio, de nuevo, blanda llama,
Se alimenta del instante en que no estoy.
Todo lo que no retorna, nos mata,
Ocasos sin noche,
Ígnea respiración de las estrellas,
Y yo que las miro, me he consumido en ellas.
Tiendo el tiempo frente a mis ojos
Destrozando el espejo de la espera,
Cada esquirla de cristal que lacera,
Son astillas de mí en el pensamiento.
Frente a mí, han nacido los abismos,
Los huracanes me llaman,
El piso se quiebra con mis pasos
Y conozco el otro lado de la flama.
Es el tiempo el asesino
¿quién le ha dado el arma?
Tú, y tu mirada constante,
Que opaca el sol, y espesa el aire,
Se traga el cielo y los cuerpos siderales,
El arma siempre ha sido tu mirada.
No soporto ningún tacto,
No encuentro ningún rostro,
Todas las puertas son muros
Todas las ventanas, sepulcros.
Trago el silencio, alcohol antiguo,
Destilado en los filtros del dolor,
Amarga embriaguez que me rebela
La condición de ser hombre,
Esclavo de mis representaciones.
Errante entre todas tus imágenes,
Oscureces mi mirada,
El silencio, de nuevo, blanda llama,
Se alimenta del instante en que no estoy.
Todo lo que no retorna, nos mata,
Ocasos sin noche,
Ígnea respiración de las estrellas,
Y yo que las miro, me he consumido en ellas.
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