Hoy acontece la muerte de todo lo sensato.
Ya por fin capturamos a la elocuencia
para torcerle su cuello altivo.
Nos privamos de todo recurso retórico,
silenciando de una vez -¡y para siempre!-
la voz interior de la consciencia.
(esa vieja chillona que protesta aún cuando duerme acompañada).
Los periódicos anunciaron:
"RENUNCIA LA RAZÓN AL
GOBIERNO DE LOS HOMBRES".
En las facultades abdicó la Lógica,
en todos los discursos enloqueció el sentido.
Ya nadie recuerda sus buenos modales,
y las buenas costumbres, son sólo eso... costumbres.
El pudor es ya una palabra vacía
y el decoro no se invoca más que como subjuntivo
del verbo "decorar".
Decidimos que nos faltara la fría distancia
de la cordialidad.
Empezó a faltarnos también el recato
por todo el alfabeto.
Descubrimos que teníamos tantas cosas que decirnos
que nuestras lenguas no hicieron sino encontrarse,
fue también el final de todos los idiomas.
Todas las estatuas renegaron de sus moldes
por supuesto que los trenes torcieron sus rieles,
las connotaciones: plan, proyecto, meta
pasaron sin notarse, de largo, de donde habían venido.
La metafísica se limitó -como siempre soñó Pessoa-
a hablar sobre confitería.
Y las religiones del mundo se declararon en quiebra.
La libertad dejó de tener importancia,
ya nadie estaba oprimido;
y todas las discusiones éticas y políticas
terminaron por evaporarse
después de haber hervido en tantas frentes.
Los muchachos pudieron amarse
sin importar su cóncavo o su convexo;
Y ya nadie sintió la necesidad
de clasificar las cosas.
Finalmente la poesía pudo lograr su milenario intento,
escapar de la gramática.
Este es el último poema del mundo.
Gerardo Cielorraso.

