viernes, 24 de julio de 2009

Matices del Alma

De vez en cuando es bueno olvidarse del siempre cómodo refugio del verso y venir a darse una vuelta por la narrativa personal. Esa en la que hechas mentiras hablando de gente que la otre gente que te lee no conoce, de acontecimientos inverósimiles, del insomnio y sus alcances, de todo lo que fingiste ver y de lo que te perdiste de observar, y escribes, compulsivamente escribes, es más, arrojas tus dedos violentamente contra ese teclado que te incita a seguir escribiendo.
Pues bueno hoy vengo a escribir sobre una pregunta muy buena que me hicieron, a una frasecilla de esas mañaneras que le aviento a la primera persona que veo por la mañana, la frase creo que iba algo parecido a esto: "Al despertar no hay mañana, sólo el atardecer de mi alma". Y la muy atinada mujer que respondió mi frase con otra casi pistolera iniciando mi tiroteo mental, dijo algo parecido a: "Es que acaso no te has puesto a pintar tu alma".
No creo que ella tuviera una mínima idea del eco que aún resuena en mi cabeza ante semejante afirmación, porque nunca realmente se me había ocurrido pintarme el alma.
Siempre voy por ahi, con las manos extendidas como si quisiera ser un aeroplano, todo el cabello al vientom, todo el rostro a la lluvia y al sol, con los pies más chuecos que no me dejan caminar tres pasos sin cambiarme la ruta, nunca se ponen de acuerdo. Voy jugando a pisar el suelo como si me moviera en un tablero de ajedrez, y le encuentro entonaciones al canto de las golondrinas, y de los pajarillos regordetes y cafés que dan brinquitos en las calles adoquinadas.
Luego voy pensando, en pleno diálogo conmigo, indagando en cosas que admito abiertamente no tienen sentido, pero si lo tuvieran y bien claro... ¿qué me separaría de un autómata que sólo reordena sus datos? Yo en cambió como dicen le busco tres pies al gato, y si puedo le saco el cuarto y me voy planteando estas tontas frases y preguntas que le aviento a la gente como si fueran monedas, un poco de esperanza para tu aburrimiento, me digo.
Y de vez en cuando, un alma caritativa me da un poco de esperanza para mi maraña personal, y entonces decido responder y me puse a pintar mi alma.
No fue un proceso sencillo, no es algo que venga en cursos prácticos por internter, o que puedas llamar a algún lugar siempre impreciso para que un psíquico igual de impreciso te ayude con semejante tarea. Primero habría que descubrir y con cierto desagrado de qué color está pintada.
Si le preguntas a la gente, lo hice y varias veces, ¿de qué color tienes el alma? Parece que podrías hacer un catálogo demográfico que representara sus preferencias emocionales y culturales.
Según mi más reciente indagación las dividí en 4 grupos:
1.- Las almas de los adultos, son todas transparentes. Es lo que te contestan, al preguntarle a cualquier adulto, ¿de qué color tienes el alma? Y te dicen cosas profundas o refranes sin sentido que revelan la transparencia se su alma o su invisibilidad. Quizás es transparente para ellos porque han perdido la pista de dónde está y muchos de ellos sencillamente ya no la tienen.
2.- Las almas de los adolescentes confundidos son todas grises, quizás lo dicen porque no las pueden ver precisamente, no las han conocido realmente, ven una espesa nube de ego, y el ego como sabemos todos los que hemos indagado en los matices de la mente, es siempre un humo gris.
3.-Las almas de los adolescentes favorecidos por la genética o la economía, son siempre azules o rosas, siempre lindas y ordenadas, con sueños de viajes a la playa, y compromisos insinuados con Dios. Huelen a alcohol y apestan a cigarro prematuro. Quizás son así porque de ese color les compraban siempre la ropa y les pintaban sus paredes y se tiñeron de azul y rosa por eso.
4.- Las almas de los inconformes, y aquí entra una sarta de personajes de todos calibres, desde los revolucionarios frustrados, hasta los góticos de café. Esas almas son generalmente verdes, en tonos muy variados según sus preferencias musicales, algunos despitados llegarón a decirme inclusive que sus almas eran negras, y yó como no es vi los cuernos, la cadena en la espalda y las intenciones asesinas, supusé que era un tono de verde oscurísimo y lo confundían.
Entre tanto matiz y tan confuso, recurrí mejor a gentes más doctas, la mayoría ya muertas hace muchisimo tiempo. Me encontré con Sócrates muy a tiempo y su conversación con un tan Fedón. Donde discurrían si realmente, bueno obviamente trasladando un poco la conversación, yo Gerardo, sería capaz de discernir el color de mi alma, porque al parecer de este par de griegos, el alma actúa a través de nosotros y no podemos nosotros volver esa acción retrospectiva e intentar algo titánico como pintarla.
Decepcionado con la lógica fría de la mayeútica, confieso que dejé la pintadita de mi alma pendiente un par de días, repasando en mi mente las palabras de Sócrates que flagelaban detrás de mis párpados. ¿Cómo podía ser posible que yo no pudiera ser participe de mi propia alma, sólo una víctima de sus voluntades imprecisas, expresadas a través de la virtud? Examinando eso traté de determinar por medio de mis acciones algunos matices de mi alma.
Por un método de difracción pude ver el arcoiris de mi alma, con sus tonos violetas, magenta, rosado, rojo, carmesí, escarlata, azul, quinoleína, albaricoque, beige, marrón, café, ópalo y hasta jade. Mi alma brillaba en tanto color que me pareció penosa la necesidad de pintarla, uniformarla de un color, sobre su gama pluricrómica, fue entonce sun acto tan barbárico, tan moderno, que decidí mejor escribir esto para tener algo que contarles hoy.

martes, 14 de julio de 2009

El ombligo de la Luna


Despierta la noche y hace ruido,

Ruido de luciérnagas tardías,

Ruido de lluvia invisible bajo el manto,

Ruido absorto de la noche.


Las estatuas abren sus párpados de piedra

Pesados como el juicio de los astros

Miran el impreso firmamento

Mueven sus dedos sus miembros monolíticos.


Y baja la suavae luz de la luna

En haz de canto de los grillos

Baña las estatuas de platina epifanía

Esa luz insomne, azul de queroseno.


Bailan las estatuas con los astros

En su caminar tejiendo constelaciones

Esta noche abren sus brazos tragándose las nubes

Dejando el cielo limpio color de luna.


Las ciudades se apartan

Unas contra otras se tragan en su sueño,

Se atiborran las torres, lo túneles colapsan

Y los puentes se elevan hasta el cielo.


E ruido de la noche es la tormenta

Y su relámpago su grito de protesta

Las estatuas rasgaron las nubes

Y ahora cae la lluvia sobre ellas.


Los muros retroceden

Los ríos se apartan en murmullos

Sobre el asfalto de dibujan

Todos los rostros de la luna.


Hay versos escondidos en el cielo

Tallados en la noche hace mucho tiempo

Ancestrales palabras que reviven las estatuas

Apartan las ciudades

Y arrojan las polillas hacia el fuego.


La noche es solo ruidos insistentes

Zumbidos de las alas transparentes

Parpadear de las inmóviles pestañas

Cantar de la lluvia sobre el suelo.


Desgarra el alba la epidermis de la noche

Esculpe a las estatuas en su sitio

La lluvia muere en el rocío

Y sólo queda la silueta moribunda de la luna.




jueves, 9 de julio de 2009

Huis Sin Alejarte


Sé que nos acompaña esta pena,
Nuestra firme compañera,
Que nos une en las albas,
Y nos cose a las estrellas.

Sé que contemplas la luna,
Cuando estás despierta, y piensas,
Que no hay más límite que el cielo
Y entonces vibran todos los astros en sus esferas
Con ese silencio lleno de temor en tu sonrisa,
Esa sonrisa que podría empezar a retocar el infinito
Con esos detalles que encuentras
Que diariamente encuentras, sin buscar,
Desentrañando las partículas de belleza.

Y a veces siento que soy el aire a tu alrededor
El detalle invisible, y tengo está necesidad,
Aunque de necesidad es este juego, de abrazarte
Y extenderte mis manos de aire,
Con sus hojas otoñales,
Para que acaricien esa sonrisa
Que podría empezar enverdecer el invierno
Que tienes sus nubes grises de ti.

Pero sólo soy viento en esta historia
Y mis brazos no alcanzan tu entidad,
Despliegas tus alas hermosísimas
Volando en el horizonte que intento alcanzar.

Me quedo varado con estos pensamientos de infinito
Y sé entonces debes emprender tu vuelo,
Porque de plumas son mis versos
Miró el atardecer de tu próxima huida,
Como si ya la tuviera presente,
Como un regalo de cumpleaños anticipado
Y te juro busco tus alas en el cielo.

Pero extiendo mis brazos de viento, a tus alas de miedo
Labios de soledad y frío son con lo único que me quedo,
Porque se hundió la gota en el vacío y ahora sé
Que espero, interminablemente espero,
Que regreses de tu vuelo, con ese aroma a libertad intoxicada
Esa pirotecnia de miradas que nunca logro ver,
Que sólo me imagino en este cuento, que he inventado.

Porque me gusta pensar que regresas cuando nunca has estado,
Y me gusta pensar que huyes sin estarte alejando
Huyes de mí en todas tus formas,
Y tras de ti se marchan a voces tus imágenes,
Apagando las estrellas con susurros.

El recuerdo ataca y me siento más próximo a tus ausencias
Y dime ¿qué hago entre tanta soledad?
¿A quién recurro cuando has levantado el vuelo
Y me quedo varado con mis pupilas rasgando el horizonte
En busca de tu nombre?

Entonces me gusta creer que regresas,
Soñar que despiertas
Y te das cuenta de que siempre hemos sido nuestra casa
En la que solo cuentas los minutos antes de tu próxima partida.
Anticipada por supuesto con silencios de monitor
Y yo quiero que huyas esta vez,
Que extiendas las alas y levantes el vuelo,
Pero que no te alejes, y no seas la mancha del horizonte
En la que siempre poso los ojos,
Deletreando entre sueños tu nombre.

martes, 16 de junio de 2009

Mariposas de Cóctel

Hay siempre lugares vacíos,
Que nunca llenan ni las sonrisad de las muchachas
Ni los niños bajo la lluvia,
Ni el ladrido encantador del perro cuando llegas a casa.

Lugares que se detienen al tiempo
En los que no se posan las palomas en las tardes
Donde no cae el agua de tormenta
Donde nada sale porque en realidad nunca entra.

Hay entonces gente como tu y como yo
Que leen poemas y piensan que la vida es metáfora
Y que la gente de las calles parece de piedra
La misma piedra en la que pegué este poema.

Luego hay gente de piedra
Que camina por sus calles homónimas
Con apéndices blanquecinos en las orejas
Y que siempre está atenta, a la inmensidad de la espera.

Luego hay lugares repletos,
Como fiestas de mariposas,
Donde todas van vestidas de cóctel esperando la sirena
Que habrá de hacerlas agitarse hasta darse cuenta
Que están leyendo este poema.

Entonces la gente como tu y como yo,
Inclusive la gente que esta hecha de piedra,
Se da cuenta que todo el mundo y sus alternos
Caben entre las líneas de este poema.

Tanta

Tanta gente y yo sin palabras
Tantas camas y yo sin alhomadas de sueño,
Tantos pétalos marchitos de flores que no te he dado,
Tantas cartas que te he escrito que ya he olvidado.

Tantos ojos tuyos que no han tocado los míos
Tantos atardeceres de fuego y de ceniza
Tantos ecos parecidos a tu risa,
Tantos hoyos que me hiciste y me has vaciado.

Tanta duda en tu mirada
Tanta cadera y comunión de playa
Tanta claridad atormentada de esmeralda
Tanto de tu nombre en cada palabra.

Tanta hambre y yo sin víveres
Tantas respuestas y yo sin preguntas
Tanta soledad y tu sin compañóa
Tanta, tanta, tanta, palabra esmeralda.

Tanta extrañeza anticipada
Tantos ápices de tu presencia
Tanta enmancipada ausencia de ti
Tanto, tanto, tanto, color de palabra.

Tantos días sin una llamada
Tantas horas sin una respuesta no buscada
Tanta obstinación obsesionada
Tanta espera de mi color esmeralda.

Tanta etiqueta elaborada
Tanto diálogo arrojado al muro
Tanta cosa que no encuentro y no tengo
Tanta la falta que me hace tu llama.

Tanta pregunta atolondraa
Tanta duda callada
Tanto de tan poco que es nada
Tanta, tanta, tanta, necesidad de esmeralda.

martes, 9 de junio de 2009

El Asco y el Agujero

"Creo que me dan asco los hoyos". Y con esa declaración ella inaguraba todo un impulso nervioso de pensamientos corrosivos dentro de mí. ¿Qué puede tener un hoyo que cause asco? ¿No es acaso el hoyo la ausencia de sustancia?
Miras las cuencas oculares vacías de los cráneos, el cráter de un impacto nuclear, la boca negrísima de alguna bestia fantástica, la perforación de una bala sobre el pecho de la mujer amada, cualquier cosa atravesada con su reminiscente redondeado, el agujero de la capa de ozono, los enigmáticos y perturbadores hoyos en el queso, la amenaza distante de los hoyos negros y su carácter supermasivo. ¿Masa y hoyo?
Luego piensas, el sexo de la mujer es un hoyo, la boca que se besa es también un agujero, el hoyo es el contenido del círculo, el hoyo es lo imcomprensible del báratro, la figura de la muerte, el agujero siempre exhala su aliento de vacío hacia nosotros.
Entonces te comprendo, que el hoyo de asco no es más que un primer resultado del miedo que nos causa, esa su naturaleza inconfundible, vacía, constante. Siempre esperando ser llenado, y queda lejos la posibilidad de satisfacer su exigencia.
Luego vienen las imágenes de los agujeros simbólicos del mundo, como cuando nos entierran y me doy cuenta que el hombre es simple sacrificio para el hoyo, que nuestros cadáveres van a parar a su boca enteramente abierta, emanada del suelo. Luego los mares que no son más que hoyos disfrazados, cubiertos de agua, como cuando se tapan los túneles con telas, pero al entrar todo debe hundirse en la voracidad del agujero submarino.
Y creo que los hoyos rellenos son los más terribles, están las tumbas llenas de nuestros restos, el mar lleno de agua, están los volcanes con sus estómagos de lava, lo túneles que agujeran las montañas y descubren las entrañas de la tierra. Las X de los tesoros que sólo se abren ante la expectativa de ser hoyos de nuevo, sólo cederán su tesoro cuando hayamos completado ese ciclo. Luego más cercanos a mí, los agujeros en los bolsillos, que dejan escapar las monedas, las coladeras en las que se hunde la escoria y nos arrojan ratas, y cucarachas y a veces hasta nos devuelven el agua putrefacta de las lluvias.
Me baño y pienso en los diminutos orificios de la regadera, similares a los diminutos orificios de mi piel, de los que emergen mis bellos, y yo mismo me conecto al mundo mediante hoyos: mi boca, mis ojos, mis oídos, mi nariz, mi piel agujerada, mi obligo, mi sexo, todo con ese hoyo incitativo, ese hoyo que se abre esperando ser llenado, ese hoyo que te causa tanto asco.
Creo que el asco al hoyo después de todo es sólo el desesperado intento de llenarlo, el hoyo que nos incita siempre a estar dentro de él, a rellenarlo con algo.
Y cedemos a su exigencia impúnemente, metemos dedos en la nariz, auriculares en los oídos, comida, bebida, todo tipo de cosas a la boca, saturamos nuestros ojos de imágenes, llenamos nuestros hoyos epídermicos con tinta, con ropa, con otra capa agujerada de piel blanda. El hoyo trasero, del que nunca hablamos, al que llamamos despóticamente ano, como dándole inferioridad a ese hoyo traicionero que se abre en retaguardia, y cualquier cosa que provenga de él es una blasfemia, porque el hoyo nunca debe de arrojar nada, siempre debe de llenarse, para poder cerrarse. Y por eso la obsesión con el sexo anal, con los enemas y los supositorios, y luego los "rellenos" sanitarios, luego las tapas de los inodors (que siempre huelen), las tapas de las coladeras, el agua sobre el mar, la lápida sobre la tumba, el puente sobre el risco, la puerta sobre el sótano y si pudieramos pondríamos tapas a los agujeros negros, y relleneríamos todas las circunferencias y figuras vacías.
Pero el hoyo se rebela contra nosotros, y el mar nos arroja todo de vuelta, nos arroja constantemente las olas, esas aguas que lo cubren, de las que quiere deshacerse y las empuja a la tierra, y luego las coladeras arrojan ratas, y la volcanes sus tormentas de fuego y humo, y las tumbas engendran gusanos, y los zurcos de la tierra nos atacan con vegetales, y nuestos ano innombrale arroja nuestro desesperado intento de rellenar el orificio bucal, y de vez en cuando nuestra boca devuelve su sacrificio, y los ojos arrojan lágrimas, y los oidos sacan cera, y los orificios epidérmicos sudan, y me estoy dando cuenta que la rebelión del hoyo siempre es líquida, y cada rebelión que sentimos del orificio nos amedrenta.
Nos perturba la ola, la erupción, el grano, la planta, la rata, el excremento, la lágrima, el sudor, la cera de los oidos, la pelusa del ombligo, los gusanos que salen por las noches de las tumbas, los púlsares de los hoyos negros.
Porque nos damos cuenta de esa rebelión del orificio que intentamos llenar, y no nos damos cuenta que provenimos del agujero, de la cavidad materna, que fuimos contenido del hoyo, y que el hoyo es la posibilidad eterna de un principio, de una emanación, a veces miasma, a veces alma, otras veces mar, y que todo debe volver al hoyo, por eso en inglés tenemos womb como utero y como tumba...
Yo a veces simplemente nunca termino de trazar el círculo.

lunes, 8 de junio de 2009

De la nimiedad de las cosas.

Para esa mujer y sus distancias...

IX

Soy un bolsillo
Me doy vuelta tan sólo para quedarme vacío
Trato de alcanzar el horizonte
Que siempre mantiene su distancia
La misma que hay entre tú y yo.

Eres un simulacro
Una perpetua duda que me mantiene despierto
Un fantasma que se ha repetido todo este tiempo
Acercándose hasta casi tocarme
Pero yéndose antes de hacerlo.

No podemos seguir con esto
Sabemos que los bolsillos y los simulacros no se llevan
Uno se queda vacío,
El otro no tiene nada que verter.

Porque entre los dos no hay nada más
Que las bestias del olvido
Que arrancan nuestros rostros imprecisos
De todas esas tardes que fingimos estar juntos.

Siempre has sido mis distancias
Mis enigmas, mis nostalgias
Cómo pedirte ahora tacto
Cómo pedirte ahora respuestas
A preguntas que jamás te hice.

Siempre he sido un bolsillo
De esos con un hoyo diminuto
Sin darme cuenta me voy quedando vacío
Por contener tanto de tan poco
De eso que se agota a segundos
Por ese diminuto orificio
Que lleva el nombre tuyo.