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domingo, 21 de diciembre de 2008

Alma Lápida



Alma Lápida

Llevando mis palabras a ese rincón oscuro
Como arrojadas por mi sentido confuso,
Ese instante fluorescente donde nada brilla
La respuesta que tintinea en mi mejilla.

Un ser plagado de lejanías yace aquí sepultado
Consumido, devorado, por la soledad tumbado,
En un momento de silencio me he encontrado,
Y para ocultar la verdad mi ser entorno he cambiado.

Soy aquel que no puede ver sin los lentes de la hipocresía,
El ser ajeno al dolor y muy indiferente ante el amor,
Ese capaz de consumirse en una sola noche de agonía,
Y renacer a la siguiente luna careciendo del temor.

Es poder degustar de todo en el mundo sin pagar nada,
Y poder sumergirse en ese eterno placer de la galanura,
Carecer de cuanta preocupación aqueja al alma humana,
Con el pretexto que arde nuestra herida y es profunda.

De pronto en el silencio completo en el que suelo sumergirme
Me he puesto a jugar con la realidad y las fantasías,
Mutándolas y transformándolas hasta hacerlas mías
Llegando a un grado de locura tal que no puedo arrepentirme.

Entonces no soy más que ese idiota atrapado en sí mismo,
Abstracto y a veces hasta agonizante ser invisible
Con esa capacidad de adaptabilidad mutable,
Que me lleva a sumergirme en lo más profundo de ese abismo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Un Anhelo Fenecido


Un Anhelo Fenecido

Ahora lloro en tu cadáver mi sueño
Tu gélida tez me agravia
Me siento destrozado en tu presencia
Y quisiera largarme y dejarte a la intemperie,
Que disfrutaras del placer
De ser un manchón en la tierra.

Es ahí precisamente a donde quiero huir
A esa nada donde nada se parece
Donde a nada se le debe rendir tributo
Y donde las iglesias y las cruces no sean más que signos
Barrocos y ennegrecidos edificios
Cuadrados deformes en la carne de Cristo.

Anhelaba la gloria
Sobre el lecho de una dama
Anhelaba el regazo
De una hermosa playa.

Ahora he huido, de ti, y de mi mismo
Alejándome ya adentrándome en el vacío
Que me es tan familiar, tan propio
Que me siento reflejado dentro de su humo de opio.

Ahora el silencio es el flagelo divino en mi espalda
Y la penitencia eterna es cargar con tu cuerpo,
Si la redención es posible y al edén vuelvo,
Volvería a pecar para hundirme en el infierno.

En la oscuridad eterna, que es tan tranquila
Sin voces hipócritas y celestiales trompetas,
Sin nubes, ni ángeles, ni un hijo a tu izquierda,
Un lugar sin juicio, de sólo pena y dolor,
Me parece tan apetitosa la idea de jugar a ser diablo
Y en su oscura mirada hallarme a mi mismo
Ser la maldad en carne y en mi carne sufrirla,
Ahora que el cielo, me es tan ingrato.

Como si quisiera pasar la eternidad
En la eterna sonrisa
Con la eterna tranquilidad
De un eterna presencia,
De una inagotable ausencia,
Y de una aún más agobiante paz.

Rodeado de nubes
Mi anhelo descansa
En la gloria de un dios
Que no tiene nombre,
Mi anhelo perdido
Me lo arrebató una cruz
Una iglesia
Y un Mesías,
Mi anhelo perdido,
Fenecido,
Fallido
¿A Dónde Irás?


viernes, 12 de diciembre de 2008

A MI DIOS


Me has dado carne, me has dado vida
¿Por eso tienes derecho a dejar que decida?
Me abandonas ante mí y te dices mi padre,
Y al peor enemigo me envías a enfrentarle.
Me dices destino en medio de llantos,
Me brindas alivios y después arrebatos.
Me diste la carne para que sufriera
Y me diste el pecado para que implorara,
Creaste a la fémina para que me sedujera,
Y emanaste el infierno para que aterrara.
Me diste razón para que errara
Me diste verdad para que dudara,
Me diste habla para que mintiera,
Me diste un alma para que sanara.

Me creaste con propósito de lo más extraño
Un ser enfermizo, miedoso, cobarde y huraño,
Creaste al mundo para que me hiciera daño,
Y creaste al amor para morir en un año.
¡Padre más extraño que deja a su hijo poner un coco
Debajo de su cama para después temer como un loco!

Me pusiste ojos para que la realidad no viera,
Me pusiste piernas para que huyera,
Me ensamblaste para que me desbaratara,
Me diseñaste para que me deshiciera.

Me implantaste en el pecho objeto más doloroso
Molesto, aburrido, palpitante y tortuoso,
Que al sentirse descubierto tiembla temeroso,
Y con su ridículo hechizo me hunde en un pozo.

Me diste cinco dedos en cada mano,
Dos manos contrarias en los brazos,
Me diste rabo corto en lugar de cola,
Me pusiste cabello en vez de aureola.

Me diste sueños para que avanzara,
Y me diste seguridad para que me perdiera,
Me enseñaste a moverme para que matara,
Me enseñaste a querer para que engañara.
Me brindaste bondad para que la usara,
Me brindaste crueldad para que sufriera;
Me diste, luz, mundo y me diste llanto,
Me hiciste ver la maldad de tu encanto,
Me diste un cuello para inclinar la cabeza,
Me diste anhelos para anhelar tu grandeza.
Me diste creencias para que te adorara
Y me diste dolores para que creyera.

Me diste una vida para que viviera
Y pusiste un destino para recorrerla,
Me diste la muerte para que olvidara
Y me diste el alma que es eterna.

Me diste todo, y no me diste nada,
Me diste errores para aprender de las fallas,
Me diste problemas para que los superara,
Pero lo que no me diste fue una verdad,
Fue una cura para el dolor que me aqueja,
No me diste salida para la soledad,
No me enseñaste como es que se sana.
No me mostraste la luz de la esperanza,
Y no me dijiste que la tierra no era plana,
No me diste el elíxir de la vida eterna,
Y mucho menos me has dado alivio a mi pena.

Eres ser terco de necedad, pero igual es la mía
Y esa mí querido señor es la situación,
Más necia de la vida.
(Imagen de John U. Abrahamson, Copyrighted, no fue usada con fines de lucro)